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Así se ve una planta estresada: cómo reconocerlo y qué hacer a tiempo (fotos)

Las plantas, aunque silenciosas, expresan claramente cuando algo no va bien, y aprender a reconocer de inmediato sus señales de estrés puede marcar la diferencia entre perderla o ayudarla a recuperarse.

06 de abril de 2026 - 08:03 a. m.
Aquí se observa una planta con estrés hídrico causado por exceso de riego, una condición que provoca asfixia radicular al reducir el oxígeno en el sustrato, lo que termina generando pudrición de raíces, amarillamiento en las hojas y caída prematura de flores. Entre los signos más comunes están el suelo constantemente húmedo, presencia de moho, mal olor, raíces oscuras y blandas, tallo debilitado y ausencia de nuevos brotes. Además, los bordes quemados en las hojas también pueden deberse a un exceso de fertilizante, ya que una sobreaplicación de nutrientes puede causar manchas y quemaduras, especialmente si se abona en horas de mucho calor.
hogarmia
Ojo, si no controla el riego y conoce a la planta y sus necesidades, puede que, además, comience a notar que la tierra de sus plantas se pone blanca; esta es una señal de que algo no está equilibrado en el sustrato, ya sea por acumulación de sales minerales —generalmente por exceso de fertilizante o agua con muchos minerales, como regar con agua de la llave— o por la aparición de moho debido a humedad excesiva y poca ventilación. Aunque no siempre es grave, conviene ajustar el riego, mejorar el drenaje y airear la tierra para evitar que afecte la salud de la planta.
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Eso sí, otro lado del estrés hídrico es cuando la planta no recibe suficiente agua y sus raíces no logran cubrir sus necesidades, lo que provoca marchitamiento, hojas amarillas, secas o enrolladas y un crecimiento lento o detenido. Esto sucede porque la planta pierde turgencia y reduce funciones vitales como la fotosíntesis al cerrar sus estomas para conservar agua. También es común notar un sustrato seco y compacto y una maceta más liviana. Para evitar cualquiera de estos problemas, es fundamental conocer las necesidades hídricas de la especie para saber si debe darle más o menos agua.
Harvey Law
Un síntoma que es fácil de notar es una posible enfermedad o plaga que ha afectado la hoja, provocando la aparición de manchas oscuras que con el tiempo pueden volverse necróticas. Por ejemplo, las enfermedades causadas por hongos, bacterias o virus alteran su funcionamiento interno, bloquean el paso de nutrientes y generan manchas, pudriciones o deformaciones.
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En cuanto a las plagas, insectos como pulgones, cochinillas, caracoles o ácaros afectan a la planta al alimentarse de su savia, hojas o tallos, lo que debilita sus tejidos, frena su crecimiento y puede facilitar la transmisión de enfermedades. Por eso, es clave revisar con frecuencia el envés de las hojas, donde suelen ocultarse; la presencia de manchas blancas, negras o rojizas puede ser una señal de infestación. Para prevenir y controlar estos problemas, se recomienda aplicar periódicamente productos fitosanitarios o recurrir a alternativas como el jabón potásico, el aceite de neem y mantener una buena higiene vegetal.
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Otro problema común cuando se observan puntos negros o manchas cafés en las hojas son las quemaduras de sol, que ocurren cuando plantas —especialmente las de semisombra— se exponen de forma brusca o prolongada a la luz intensa, al calor excesivo o a ambientes secos. Esto puede provocar puntas chamuscadas, hojas dañadas y pérdida de vigor en el follaje. Para evitarlo, es clave adaptar la planta de manera progresiva al sol y ubicarla en luz filtrada; si ya presenta daños, conviene retirarla del sol directo, mantener buena humedad ambiental y evitar cambios bruscos que puedan agravar el estrés.
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Pero tampoco significa que la planta deba ir en un lugar muy oscuro. Por ejemplo, lo que se observa aquí, donde el tallo se alarga de forma excesiva, se conoce como etiolación, un fenómeno que ocurre por la falta de luz y que hace que la planta crezca débil en su intento por alcanzarla. Aunque es una respuesta natural, puede afectar su desarrollo al debilitar su estructura y reducir su capacidad fotosintética. Para prevenirlo o corregirlo, es clave aumentar la exposición a la luz, mantener una nutrición equilibrada y, en casos leves, trasplantar más profundo para fortalecer el tallo; sin embargo, cuando la etiolación es severa, la recuperación puede ser limitada.
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