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¿Cómo los árboles urbanos mejoran el entorno y la biodiversidad?

El Día del Árbol en Colombia resalta la importancia de los árboles en la biodiversidad. Aquí le decimos algunos beneficios.

29 de abril de 2025 - 07:15 p. m.
Se busca recuperar ecosistemas estratégicos con especies nativas.
Foto: Cortesía
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Cada 29 de abril, Colombia rinde homenaje a uno de los pilares más poderosos —y muchas veces subestimados— de la vida en la Tierra: el árbol. Mucho más que parte del paisaje, los árboles son pulmones naturales, protegen el suelo de la erosión, regulan el clima y sirven de refugio para innumerables especies. Son esenciales para la salud del planeta y también para la nuestra.

Por eso, en esta fecha queremos desde la Huerta recordar algunos de los múltiples beneficios de plantar, cuidar y convivir con los árboles.

Aumento de la biodiversidad urbana

Los árboles y bosques urbanos constituyen oasis de vida en medio del concreto y el asfalto que predominan en las ciudades. Funcionan como microecosistemas complejos capaces de sustentar una sorprendente diversidad biológica. Cada árbol maduro puede ofrecer sitios de anidación para aves, refugio para mamíferos como ardillas y murciélagos, y servir de soporte para hongos, líquenes y musgos, que difícilmente se mantienen en el entorno urbano sin esta vegetación.

La elección adecuada de especies nativas en procesos de forestación urbana amplifica notablemente estos beneficios. Las especies locales han coevolucionado durante milenios con la fauna regional, estableciendo relaciones ecológicas que son clave para la supervivencia de numerosos organismos. Por ejemplo, un solo roble nativo de los Andes puede albergar más de 500 especies de insectos, muchos de los cuales cumplen funciones esenciales como la polinización o forman parte de cadenas alimenticias locales.

Sin embargo, es fundamental comprender que reforestar no se trata solo de sembrar árboles. Según Frank Jimy García, docente del Programa de Ingeniería Ambiental de la Universidad ECCI, “sembrar árboles sin conocer el origen de sus semillas y sin comprender el estado de las especies y sus poblaciones en el ecosistema puede generar erosiones genéticas que pasan desapercibidas en el presente, pero que con el tiempo deterioran la biodiversidad”.

Agrega que si se siembra un árbol nativo sin conocer su procedencia, existe el riesgo de que provenga de un ejemplar enfermo, lo que comprometería la salud del nuevo árbol. Además, cuando todas las semillas provienen de un mismo árbol madre, se promueve la endogamia, lo que deteriora la calidad genética generación tras generación y hace a los individuos más vulnerables.

Reducción del efecto de isla de calor

El fenómeno de isla de calor urbana representa uno de los desafíos ambientales más significativos para las ciudades contemporáneas, donde las superficies oscuras como asfalto y concreto absorben intensamente la radiación solar y la liberan lentamente como calor, elevando las temperaturas urbanas hasta 10°C por encima de las áreas rurales circundantes.

Los árboles ayudan a reducir el calor en las ciudades mediante distintos mecanismos. Su sombra disminuye la radiación solar sobre superficies como el asfalto y el concreto, y, a través de la evapotranspiración —la liberación de agua por sus hojas—, enfrían el aire del entorno. Esta capacidad para moderar la temperatura puede marcar una gran diferencia, especialmente en zonas densamente pobladas.

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Además, ayuda:

Sin embargo, el éxito de estas iniciativas depende de una adecuada planificación técnica. Al momento de plantar árboles, es fundamental tener en cuenta:

Como lo señala García: “Se debe solicitar asesoría técnica a entidades como las corporaciones autónomas regionales y las unidades de extensión agrícola municipales para determinar las áreas ideales, el tipo de material vegetal y el manejo posterior a la siembra.”

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Ciclo del agua

Los bosques urbanos desempeñan un papel clave en la restauración del ciclo hidrológico alterado por la urbanización. Cada árbol actúa como una estructura viva de manejo del agua, y sus beneficios se expresan en diferentes niveles:

Más allá del entorno inmediato, los árboles urbanos ayudan a proteger las fuentes de agua potable a nivel de cuenca. Al reducir la escorrentía, disminuyen también la cantidad de contaminantes que arrastra el agua hacia ríos, lagos y otros cuerpos hídricos. Sustancias como metales pesados, hidrocarburos y nutrientes en exceso pueden quedar retenidas en los suelos forestales antes de llegar a los ecosistemas acuáticos.

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Fijación de carbono

“Los árboles son proveedores esenciales de oxígeno y reguladores clave del ciclo del agua”, destaca García, subrayando su papel insustituible en la sostenibilidad urbana.

De hecho, su función va mucho más allá. En medio del concreto y el tráfico de las ciudades, los árboles funcionan como eficientes sumideros de carbono: capturan dióxido de carbono del aire y lo almacenan en sus troncos, ramas, raíces y en el suelo que los rodea. Este proceso, que ocurre de manera constante mientras el árbol está vivo, convierte a cada ejemplar en una herramienta activa para mitigar el cambio climático. Sin embargo, el experto, insiste en la importancia de priorizar especies nativas en los programas de forestación urbana, ya que están mejor adaptadas al clima y al suelo local, lo que favorece su desarrollo y prolonga su vida útil.

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Fertilidad de suelos

Los bosques urbanos transforman los suelos degradados de las ciudades en sistemas fértiles y funcionales. La caída de hojas y otros residuos vegetales crea una capa de mantillo orgánico que protege la superficie del suelo, retiene humedad y alimenta microorganismos. Con el tiempo, estos materiales enriquecen el suelo con materia orgánica, mejorando su porosidad, capacidad de retención de agua y resistencia a la compactación. Esta renovación convierte suelos pobres en reservorios activos de nutrientes. Aquí le explicamos como mejorar la erosión en los suelos.

Las raíces de los árboles actúan como herramientas naturales de reestructuración del suelo. Sus raíces profundas y ramificadas abren canales que permiten la infiltración del agua y el aire, rompen capas compactadas y generan espacios donde proliferan organismos del subsuelo.

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Otros beneficios: 

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