El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

¿Como recuperar un suelo degradado en un jardín o huerta?

Recuperar un suelo degradado requiere entender su estado inicial y aplicar prácticas agroecológicas integradas para restaurar su fertilidad y sostenibilidad.

07 de abril de 2025 - 07:12 p. m.
Para enriquecer aún más la fertilidad de tu suelo, considera incorporar restos de café, hojas de té, y cáscaras de plátano.
Foto: tomada de redes
PUBLICIDAD

A la hora de establecer una huerta o incluso un jardín ornamental, uno de los principales desafíos puede ser la condición del terreno disponible. En muchos casos, el suelo destinado a estos espacios ya presenta signos de degradación, lo que afecta directamente el éxito del cultivo.

Y es que la degradación del suelo representa un problema ambiental grave, ya que se trata de un recurso natural que tarda siglos en formarse y aún más en recuperarse. Esta situación se agrava cuando sus características biofísicas se alteran por procesos como la contaminación, especialmente cuando esta es causada por actividades humanas perjudiciales, como el uso del terreno para el depósito de basuras o escombros.

La Huerta habló con Germán Alfonso Castro Pinto, docente de Ingeniería Ambiental de la Universidad ECCI, para conocer cómo recuperar un suelo degradado y qué aspectos deben tenerse en cuenta al momento de cultivar, ya sea en una huerta o en un jardín.

Comprender el problema es el primer paso

Antes de iniciar cualquier cultivo, es clave entender el estado del suelo. Su degradación puede afectar tanto la fertilidad como su capacidad de sostener el crecimiento vegetal. Uno de los factores más críticos es la erosión, que implica la pérdida progresiva de la capa superficial del suelo, justo donde se concentra la mayor parte de los nutrientes y la actividad biológica.

“La erosión puede ser causada principalmente por el agua o el viento. Cuando llueve intensamente, el agua corre por la superficie y arrastra consigo las partículas del suelo, especialmente si no hay cobertura vegetal que lo proteja. De forma similar, en zonas secas o expuestas, el viento puede levantar y dispersar las partículas más livianas, provocando un empobrecimiento del suelo al eliminar su capa más fértil”, contó.

Otros factores criticos son:

“Finalmente, el cambio climático emerge como un factor agravante que amplifica los problemas anteriores. Las alteraciones en los patrones de precipitación, el aumento de temperaturas y los eventos climáticos extremos modifican las condiciones edáficas, aceleran la mineralización de la materia orgánica y pueden provocar estrés adicional en los ecosistemas del suelo, comprometiendo su resiliencia y sostenibilidad a largo plazo. La comprensión integral de estos factores resulta esencial para implementar prácticas de manejo sostenible que prevengan y mitiguen la degradación del suelo en nuestros espacios de cultivo”, puntualizó el docente.

Evaluar antes de actuar

“Cuando un suelo está muy degradado, por ejemplo, si tiene metales pesados, demasiada sal, ha perdido capas completas por la erosión o se ha vuelto muy ácido, los aportes orgánicos, como el compost, no siempre son suficientes para recuperarlo. En casos como los suelos contaminados con hidrocarburos, el compost puede ayudar al activar microbios que degradan estos compuestos, pero normalmente se necesita combinar con otras técnicas, como el uso de plantas que absorben contaminantes (fitorremediación) o métodos que estimulan ciertas bacterias específicas”, puntualizó.

De hecho, en sí, la regeneración del suelo demanda una mirada amplia y de largo plazo. Es por eso que el proceso debe considerar los siguientes principios:

No ad for you

Estrategias naturales para recuperar el suelo

Recuperar un suelo degradado no solo es posible, sino esencial para garantizar la sostenibilidad de cualquier huerta o jardín. Según Castro, existen métodos naturales que permiten restaurar la fertilidad y funcionalidad del suelo, al tiempo que se reactivan los ciclos ecológicos que lo mantienen vivo. Estas prácticas —basadas en principios agroecológicos— no solo corrigen el daño, sino que transforman el suelo en un entorno más resiliente y fértil a largo plazo.

Según el docente este constituye la piedra angular de cualquier programa de recuperación de suelos. Este proceso biológico transforma restos orgánicos diversos (restos vegetales, cáscaras, restos de poda) en un material estabilizado rico en sustancias húmicas. El compost maduro aporta beneficios multidimensionales: incrementa el contenido de materia orgánica (mejorando la estructura física), libera nutrientes gradualmente (evitando lixiviación), estimula la actividad enzimática del suelo y aporta una microbiota diversa que cataliza procesos bioquímicos fundamentales.

No ad for you

Un compost de calidad puede incrementar la capacidad de retención hídrica del suelo hasta en un 30%, factor crítico para la resiliencia frente a sequías. Aquí le explicamos como hacer su propio compost.

Guncionan como herramientas vivientes para la restauración.. Especies como el trébol, la veza, el centeno o el trigo sarraceno, sembradas estratégicamente entre temporadas productivas, desempeñan múltiples funciones: sus raíces penetran y descompactan capas profundas, crean redes de canales que favorecen la infiltración del agua y la aireación, mientras su biomasa aérea protege la superficie del impacto erosivo de la lluvia.

No ad for you

Por otro lado, las leguminosas (trébol, alfalfa, habas) establecen simbiosis con bacterias fijadoras de nitrógeno atmosférico, incorporando este nutriente esencial al sistema. Cuando estos cultivos se incorporan al suelo (abono verde), aportan materia orgánica fresca que estimula picos de actividad microbiana beneficiosa.

“Este representa un enfoque sistémico para la salud edáfica. Al alternar especies de diferentes familias botánicas (por ejemplo, solanáceas-leguminosas-cucurbitáceas-gramíneas), se interrumpen los ciclos de patógenos específicos, se diversifican los patrones de extracción nutricional y se aprovechan los efectos alelopáticos positivos entre plantas”, explicó Castro.

No ad for you

Asegura que los sistemas de rotación bien diseñados incluyen especies con diferentes arquitecturas radiculares que exploran distintos horizontes del suelo, maximizando el aprovechamiento de recursos y evitando zonas de agotamiento. Estudios demuestran que rotaciones planificadas pueden reducir hasta en un 70% la incidencia de enfermedades radiculares persistentes.

Este proporciona una protección física fundamental para la recuperación del suelo, pues esta capa protectora de materiales orgánicos (paja, hojas, astillas de madera, cáscaras) replica la función del mantillo forestal natural: regula la temperatura edáfica (evitando extremos térmicos), conserva la humedad (reduciendo la evaporación hasta en un 80%), suprime el crecimiento de malezas competitivas y, conforme se descompone, libera nutrientes y compuestos orgánicos que estimulan la actividad biológica en la interfaz suelo-mantillo, zona particularmente activa para la formación de agregados estables. Aquí le explicamos como hacer uno correctamente en sus cultivos.

No ad for you

“Algo importante a tener en cuenta es la diversidad de insumos orgánicos, ya que enriquecer el suelo con compuestos de distintas características y velocidades de liberación nutricional favorece su salud a largo plazo. Por ejemplo, el estiércol maduro aporta nutrientes en formas estabilizadas y estimula la actividad de microorganismos beneficiosos. El vermicompost o humus de lombriz contiene altas concentraciones de hormonas vegetales, enzimas y microorganismos que mejoran la estructura y fertilidad del suelo. También se pueden aprovechar residuos marinos, como las algas, que proveen oligoelementos y compuestos bioactivos únicos. Esta diversidad de aportes garantiza una nutrición vegetal más completa y equilibrada, evitando los desequilibrios comunes de la fertilización sintética”, explicó el docente.

Todas estas prácticas (compostaje, cultivos de cobertura, rotación de cultivos, acolchado y diversificación de insumos orgánico) no actúan de manera aislada. Según el docente, su mayor potencial se alcanza cuando se integran dentro de un manejo agroecológico coherente. Juntas, forman un ciclo regenerativo que potencia la fertilidad, aumenta la biodiversidad microbiana, optimiza la retención de agua y nutrientes, y fortalece la resiliencia del sistema frente a plagas, enfermedades y condiciones climáticas extremas. Esta sinergia permite restaurar la vitalidad del suelo y avanzar hacia modelos de producción verdaderamente sostenibles.

No ad for you

Otras estrategias, mas elaboradas son:

“En conjunto, estas prácticas regenerativas mejoran progresivamente la salud del suelo y promueven un equilibrio ecológico que permite avanzar hacia una agricultura sostenible, resiliente y respetuosa con los ritmos naturales. Sin embargo, su implementación requiere conocimiento técnico y debe ser acompañada por expertos en agroecología y manejo edáfico, para adaptar las estrategias a cada contexto y garantizar resultados duraderos”, subrayó Castro.

¿Y que especies ayudan a la restauración luego del proceso de restauración?

Una vez que el suelo ha comenzado a recuperar su estructura y fertilidad, es posible introducir especies vegetales que consoliden este proceso y contribuyan a mantener la salud edáfica a largo plazo. Según el docente, las especies pioneras —como el rábano forrajero, la mostaza, la caléndula o el girasol— son especialmente útiles en esta etapa, ya que tienen raíces vigorosas que continúan mejorando la porosidad y el drenaje del suelo.

No ad for you

Las leguminosas, como el fríjol caupí, las habas y el trébol, siguen siendo aliadas clave gracias a su capacidad de fijar nitrógeno atmosférico, enriquecer el suelo y alimentar comunidades microbianas beneficiosas. Además, plantas de cobertura perenne como la alfalfa o ciertas gramíneas como el pasto vetiver pueden establecer sistemas radiculares profundos y estables que previenen la erosión y mejoran la retención hídrica.

“Estas especies no solo se adaptan bien a suelos en recuperación, sino que actúan como aliadas ecológicas en la consolidación de un sistema productivo sostenible. Con el tiempo, permiten que el suelo evolucione hacia un ecosistema más complejo, resiliente y fértil sin depender de insumos sintéticos”, concluyó Castro.

No ad for you

Otras muy utilizadas son:

“Estas recomendaciones no solo ofrecen herramientas prácticas para recuperar suelos degradados, sino que también nos invitan a reflexionar sobre la importancia de cuidar y proteger este recurso vital. Al aplicar estrategias biológicas y comprender mejor los procesos naturales, no solo regeneramos el suelo, sino que también fortalecemos la salud de nuestros cultivos y aseguramos sistemas agrícolas más sostenibles a largo plazo. Cuidar el suelo es, en definitiva, cuidar la vida”, finalizó Castro.

🌳 ☘️ 🌿 Encuentre en La Huerta toda la información sobre plantas, jardinería, cultivos y siembra. 🍂🌺 🌼

Por Leidy Barbosa Ramírez

Periodista de la Universidad Externado de Colombia, con énfasis en la producción audiovisual y en animación digital. Apasionada por temas medioambientales y sociales. leidyramirezb lbarbosa@elespectador.com
Ver todas las noticias