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¿Sabe cómo está el suelo de su jardín? Claves para cuidarlo y mejorarlo

Los suelos son fundamentales para todos los cultivos, ya sea a gran escala o en pequeñas plantaciones como macetas. Por esta razón, es crucial tener en cuenta las siguientes recomendaciones.

11 de julio de 2024 - 07:23 p. m.
Los cultivos de cobertura son plantas que se siembran principalmente en un terreno agrícola con el propósito de proteger el suelo y mejorar su calidad, estos cultivos cubren la superficie del suelo y ayuda a prevenir la erosión y a mantener el suelo en su lugar.
Foto: Pixabay - AndreasGoellner
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El suelo es mucho más que una simple masa de tierra: es un ecosistema complejo y vital que engloba desde microorganismos diminutos hasta las raices de los árboles que se alzan imponentes fuera de nuestra casa. Esta complejidad del suelo se manifiesta en la diversidad de plantas que encontramos en el mundo, pues cada especie tiene requisitos específicos en términos de nutrientes, pH y humedad.

Los suelos, en general, consisten en una mezcla de arena, arcilla, cal, limo, grava y humus, lo que determina su calidad e idoneidad para diferentes cultivos. Por ejemplo, las tierras necesarias para una planta carnívora difieren significativamente de las que requiere un arbusto de rosas. Para agricultores y jardineros, comprender y optimizar estas condiciones es fundamental, especialmente en el cultivo de hortalizas, tan común en huertos e invernaderos.

La Huerta habló con Frank García Navarrete, docente de ingeniería ambiental de la Universidad ECCI, para crear una guía completa sobre lo que debe tener en cuenta cuando desee cultivar.

¿Qué tipos de suelos hay?

“Existen diferentes clases de suelos. A nivel general, tenemos suelos arenosos, suelos arcillosos, suelos limosos y suelos francos. Sin embargo, para conocer la textura de nuestros suelos, se debe realizar una prueba en laboratorio o en campo”, dice García..

Menciona que la clasificación principal para que podamos determinar que podemos cultivar en un espacio depende de las siguientes características:

SuelosCaracterísticasCultivos
ArenososLos suelos arenosos tienen características importantes como buena aireación y buen drenaje, pero tienen una baja retención de agua y nutrientes debido al tamaño de sus partículas, que es más grandeEn este tipo de suelos, se pueden establecer cultivos como zanahorias, maní, cítricos y melón.
ArcillososLos suelos arcillosos son un poco más pesados debido al tamaño más pequeño de sus partículas. Tienen un drenaje deficiente y son pobres en aireación, pero tienen una alta capacidad de retener agua y nutrientes.En estos suelos, se pueden establecer cultivos como arroz, algodón, trigo y soya.
LimososLos suelos limosos son más fértiles, con buena retención de agua y nutrientes, pero pueden compactarse fácilmente debido a que sus partículas son más grandes que las de los suelos arcillosos y más pequeñas que las de los arenososEn este tipo de suelos, se pueden establecer cultivos como trigo, cebada, remolacha y hortalizas.
FrancosLos suelos francos son los más ideales para la agricultura, ya que tienen un equilibrio entre la cantidad de arena, limo y arcilla, lo que les proporciona lo mejor de las otras tres clasificaciones. Tienen buena retención de nutrientes y agua, buen drenaje y permiten que las plantas se desarrollen muy bien.En este tipo de suelos, se pueden establecer prácticamente cualquier cultivo, como maíz, trigo, hortalizas y frutales.

García explica que la textura y la estructura del suelo influyen en el éxito de un cultivo o huerta. “Esta se refiere a cómo se agrupan las pequeñas partículas de tierra. Imagina que el suelo es como un rompecabezas, y estas agrupaciones son las piezas que lo forman. Esta estructura es importante porque afecta cómo el agua, el aire y las raíces de las plantas se mueven en el suelo”, dice al referirse a la textura.

Hay diferentes tipos de estructuras:

De acuerdo con García, la mejor estructura para cultivar es la granular, ya que facilita el crecimiento de las raíces y el movimiento del agua, ya sea que se aplique por riego o de manera natural a través de la lluvia, pues un suelo con buena estructura actúa como una esponja, reteniendo agua y nutrientes, pero también permitiendo que el exceso de agua drene. Además, es importante porque dentro del suelo existe algo llamado la atmósfera del suelo, que contiene gases. El intercambio gaseoso permite que los macro y microorganismos respiren y que las raíces de las plantas también realicen este intercambio, manteniendo así el ciclo de vida.

Por ello, si usted encuentra que la estructura del suelo es mala (por ejemplo, si es demasiado compacto o no retiene bien el agua), puede mejorarla con estas prácticas:

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El experto aclara que la labranza debería ser la última opción que puede considerar si desea mejorar los suelos, pues “básicamente estamos dañando la estructura del suelo. En la agricultura de conservación, se recomienda realizar una labranza mínima o incluso nula, es decir, usar maquinaria lo menos posible para no destruir la estructura del suelo. Es importante mantener la capacidad de este para mantenerse equilibrado”.

Esto es lo que debe tener en cuenta para mejorar el suelo

Para saber si un suelo es bueno para cultivar, se pueden hacer pruebas simples en el campo y otras más detalladas en un laboratorio.

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Pruebas en el campo:

Pruebas en el laboratorio:

Los expertos analizan los resultados de las pruebas de laboratorio para obtener información crucial sobre el suelo. Con estos datos, pueden determinar con precisión el tipo de suelo que se está evaluando. Además, identifican qué nutrientes están presentes en cantidades suficientes y cuáles son deficientes. Esta información es vital para elaborar un plan de fertilización personalizado.

Este plan puede variar, pues debe conocer que hay diferentes compuestos. Estos pueden ser orgánicos o inorgánicos:

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Considere los nutrientes

“Cada tipo de cultivo tiene requerimientos nutricionales específicos, por lo que es fundamental adaptar el plan de fertilización según el análisis del suelo y las necesidades de las planta”, dice el profesor y agrega que “existen 16 elementos esenciales para las plantas, clasificados en dos categorías: nutrientes no minerales y nutrientes minerales. Los nutrientes no minerales, como el hidrógeno, oxígeno y carbono, se encuentran mayormente en forma gaseosa en la atmósfera, y las plantas absorben la mayoría de estos elementos del aire”.

Sin embargo, hay una parte de la nutrición que proviene de los nutrientes minerales, que se dividen en dos:

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A esto debe sumarle el pH, un indicador fundamental de la acidez o alcalinidad de un suelo, que juega un papel vital en la salud y el crecimiento de las plantas. “La mayoría de las plantas prosperan en un rango de pH entre 5.5 y 7.4, siendo 7 un valor neutro ideal. Sin embargo, algunas especies presentan mayor tolerancia a la acidez o alcalinidad, lo que amplía el rango general que se debe considerar”, sostiene García.

La importancia del pH también se ve en:

Si desea determinar qué tipo de suelo tiene, el docente explica que existen kits de prueba caseros que permiten realizar una medición inicial en el campo. Sin embargo, para un análisis más preciso y detallado, se recomienda enviar una muestra de suelo a un laboratorio especializado. Si se da cuenta de que el pH del suelo se encuentra fuera del rango óptimo para el cultivo deseado, se pueden tomar medidas para ajustarlo. En suelos ácidos, la aplicación de cal agrícola puede ayudar a aumentar el pH, mientras que en suelos alcalinos, la aplicación de azufre o yeso puede ayudar a disminuirlo.

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El docente finaliza mencionando que mientras todos se preocupan por el agua, el aire y otros factores ambientales, a menudo se pasa por alto el suelo. Sin embargo, este recurso es fundamental para la vida en la Tierra. Sin suelo, no hay vegetación, biodiversidad, almacenamiento de agua, ciclos hidrológicos ni producción de oxígeno. Es por esto que un suelo saludable y bien manejado es clave para nuestra supervivencia a largo plazo.

“Lo que muchos ignoran es que, a escala humana, el suelo es un recurso no renovable. Su formación es un proceso que tarda cientos, miles o incluso millones de años. Con prácticas inadecuadas, estamos destruyendo en décadas lo que la naturaleza tardó eones en crear”, puntualiza Garcia.

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