El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

A puerta cerrada: las barreras para sancionar el maltrato animal en los hogares colombianos

Entre el silencio, la falta de pruebas y el temor de los veterinarios a denunciar, la impunidad sigue ganando terreno en el país.

25 de julio de 2026 - 12:00 p. m.
Las fallas en la detección del maltrato animal bajo la Ley 2455.
Foto: Fundación Pasos de Amor
PUBLICIDAD

La Ley Ángel fue sancionada como la Ley 2455 el 18 de abril de 2025 en Colombia. Esta normativa nació con el objetivo de fortalecer la judicialización de los maltratadores y endurecer los castigos frente a los actos de crueldad hacia los animales en el territorio nacional.

Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO

¿Ya tienes una cuenta?

Sin embargo, a pesar de este importante hito legislativo, la aplicación de la norma enfrenta complejos vacíos prácticos, institucionales y culturales que dificultan que la justicia se materialice de manera efectiva.

Pero hay que entender mejor el camino. El marco normativo del país ya contaba con un antecedente fundamental, la Ley 1774 de 2016, la cual marcó un cambio de paradigma al reconocer que las mascotas y la fauna dejaron de ser consideradas jurídicamente como cosas para pasar a ser clasificadas como seres sintientes.

Este estatus impuso obligaciones claras encaminadas a proteger el bienestar de los animales, evitar sufrimientos innecesarios y sancionar los tratos degradantes. Aunque la Ley Ángel vino a complementar y robustecer esta idea, el tránsito desde el texto hasta la sanción penal efectiva tropieza con barreras estructurales.

Una de las principales dificultades radica en que la violencia contra los animales suele ocurrir a puerta cerrada. Al desarrollarse en la privacidad de hogares, fincas o empresas, la identificación de los hechos y la recolección de material probatorio resultan complejas, guardando una preocupante similitud con la dinámica de la violencia intrafamiliar.

A este obstáculo de detección se suman las limitaciones del sistema penitenciario colombiano, donde el hacinamiento y la sobreocupación carcelaria complican la imposición real de penas privativas de la libertad para estos delitos.

Asimismo, existe un componente sociocultural arraigado. Francisco Javier Lara Sabogal, docente de Posgrados de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de UNIAGRARIA, señala que “aunque desde 2016 los animales son reconocidos legalmente como seres sintientes, todavía persisten sectores de la sociedad que no les otorgan ese mismo estatus, lo que dificulta la aplicación efectiva de las normas de protección animal”.

De esta forma, el reto trasciende el fortalecimiento de las leyes y se concentra en su aplicación cotidiana, así como en la urgencia de fomentar una cultura de respeto real.

No ad for you

Primera línea y huella probatoria

En este escenario de violencia intramural, los centros de atención veterinaria se convierten en la primera línea de detección. No obstante, transformar una sospecha clínica en una prueba judicial sólida requiere un riguroso análisis técnico. Carlos Cifuentes, médico veterinario de Pet Food Institute Colombia, explica que la clave para diferenciar un accidente aislado de un caso de maltrato recurrente está en la repetición de las lesiones y en la falta de coherencia entre el relato del tutor y los hallazgos físicos.

Las señales de alerta suelen manifestarse mediante lesiones en distintas etapas de cicatrización, como la coexistencia de fracturas antiguas con recientes, hematomas de diversa evolución, traumas craneales repetidos o quemaduras con bordes delimitados.

No ad for you

El estado nutricional también resulta determinante, la pérdida severa de masa muscular o la desnutrición marcan pautas de negligencia prolongada. En estos casos, Cifuentes enfatiza la importancia de garantizar el aporte de los más de 40 nutrientes esenciales que requieren perros y gatos para su salud, recordando que la desinformación del tenedor no exonera su responsabilidad legal ni la necesidad de documentar el hecho.

A nivel comportamental, la hipervigilancia, el miedo desproporcionado o la tranquilidad atípica del animal al ser separado de su dueño complementan el cuadro clínico.

No ad for you

Para que la evidencia sea válida ante un juez, la objetividad en el registro clínico es indispensable. Herramientas de imagenología como radiografías y ecografías son cruciales para visibilizar fracturas antiguas o hemorragias internas, mientras que en los casos mortales, la necropsia realizada por un patólogo veterinario, junto con el soporte fotográfico e histopatológico, se constituye en el dictamen definitivo.

Sin embargo, es en la valoración inicial donde cometen errores frecuentes que suelen debilitar los procesos penales. Omitir el uso de escalas validadas para cuantificar el dolor (como la escala de Glasgow), concentrarse únicamente en la lesión más vistosa o presentar historias clínicas imprecisas son fallas recurrentes que terminan impidiendo la imposición de sanciones a los agresores.

No ad for you

El dilema del denunciante

Más allá de la rigurosidad técnica en el diligenciamiento de los informes, la efectividad de la Ley Ángel se encuentra con la vulnerabilidad en la que se encuentran los mismos profesionales de la salud animal. En el ejercicio cotidiano de las urgencias, los médicos veterinarios enfrentan un notable desamparo institucional al momento de interponer denuncias formales.

La principal traba radica en la exposición directa frente al presunto agresor. Al tener que atender al tenedor en la misma consulta, los profesionales y sus equipos quedan expuestos a amenazas, hostigamientos e inseguridad en sus instalaciones.

No ad for you

Esta problemática se ha agudizado con el incremento del ciberacoso y las campañas de difamación en redes sociales, fenómenos que atentan contra la reputación y la estabilidad económica del gremio, todo ello bajo un esquema de escasa protección y falta de mecanismos que garanticen el anonimato del denunciante.

Por estas razones, el sector evidencia la necesidad de incorporar un enfoque pericial básico en la consulta diaria. Más que convertir a cada profesional en un especialista forense, el objetivo es capacitar al gremio en fotografía de lesiones, mapeo anatómico, conservación de la evidencia y protocolos unificados desde las primeras horas de atención.

No ad for you

Para lograrlo, resulta imprescindible que entidades rectoras y gremiales, tales como la Asociación de Médicos Veterinarios de Colombia (VEPA) y el Consejo Profesional de Medicina Veterinaria y de Zootecnia de Colombia (Comvezcol), lideren la creación de guías prácticas y estandarizadas.

Solo mediante el respaldo institucional, la protección efectiva a los denunciantes y la articulación entre la evidencia técnica y la función judicial, la Ley Ángel podrá superar sus limitaciones actuales y consolidarse como una herramienta eficaz contra la impunidad del maltrato animal en el país.

No ad for you

🐾 ¿Quiere estar al día y conocer las últimas noticias sobre el mundo animal? Lo invitamos a verlas en La Red Zoocial. 🐶🐱

Por Mariana Álvarez Barrero

Periodista de la Universidad del Rosario. Apasionada por la agenda global, la literatura y la economía. Además, presentadora de Moneygamia, formato audiovisual de finanzas fáciles de El Espectador. malvarez@elespectador.com
Ver todas las noticias