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¿Cuántas clases de loros hay en Colombia?

Con sus colores brillantes y sus llamativos reclamos, estas aves no solo alegran los paisajes, sino que también juegan un papel fundamental en los bosques y selvas donde habitan.

02 de agosto de 2025 - 07:00 a. m.
Los loros no son solo belleza alada. Al comer frutos y semillas, ayudan a que los árboles se regeneren.
Foto: Fundación Loros
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Colombia es uno de los países más ricos en aves del mundo, y dentro de ese universo plumífero los loros ocupan un lugar muy especial. Con sus colores brillantes y sus llamativos reclamos, estas aves no solo alegran los paisajes, sino que también juegan un papel relevante en los bosques y selvas donde habitan. Pero, ¿sabía cuántas clases de loros existen en el país? La respuesta sorprende: entre 55 y 57 especies distintas.

Un vistazo a la variedad

Cuando se habla de “loros”, suele pensarse en guacamayas enormes, periquitos chiquitos y cotorras vivaces, pero en Colombia encontramos a todos ellos y mucho más:

¿Por qué son tan importantes?

Los loros no son solo belleza alada. Al comer frutos y semillas, ayudan a que los árboles se regeneren. Cuando vuelan de un árbol a otro y dejan caer semillas, fomentan la diversidad del bosque. Son, en cierto modo, jardineros naturales del trópico.

Aunque vuelan libres, muchos loros están en riesgo:

  1. Tráfico ilegal: decenas de loros son capturados para el comercio de mascotas. Se calcula que entre el 70 % y 90 % de las aves decomisadas en Colombia son loros.
  2. Pérdida de hábitat: la tala y la conversión de bosques para ganadería o agricultura reducen el espacio donde estas aves pueden alimentarse, anidar y reproducirse.
  3. Fragmentación: al dividirse el bosque en parches pequeños, se dificulta el vuelo y la dispersión de semillas, y las poblaciones de loros quedan aisladas.

Estas presiones han puesto en peligro a al menos una decena de especies colombianas. Entre las más vulnerables están el periquito de Santa Marta, el loro coroniazul y el periquito frontirrubí.

¿Qué se está haciendo?

Afortunadamente, varias organizaciones y comunidades locales trabajan para salvar a estos loros:

Contar las especies es apenas el primer paso. Mantener vivas las 55–57 clases de loros de Colombia depende de la capacidad de proteger sus bosques y de frenar el comercio ilegal. Cada vez que una pareja cría en libertad, cuando un grupo de guacamayas escarlatas regresa al cielo al atardecer, se celebra un triunfo de la conservación.

Colombia tiene en sus palmas arbóreas no solo colores inolvidables, sino historias de supervivencia y renacimiento. Conocer cuántos loros sobrevuelan sus montañas y llanuras es un recordatorio de la riqueza natural heredada y de la responsabilidad que existe: que estas aves sigan formando parte del paisaje y del canto del trópico por muchas generaciones.

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