El 26 de agosto de cada año se conmemora el Día Internacional por el Fin del Especismo, fecha que es utilizada por diferentes organizaciones sin ánimo de lucro de carácter internacional, como AnimaNaturalis, Ética Animal e Igualdad Animal, para denunciar la presunta discriminación que viven los animales alrededor del mundo.
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Una de las entidades más conocidas en este tema es Sinergia Animal, una ONG internacional que trabaja en países del Sudeste Asiático y Latinoamérica para acabar con las practicas crueles hacia los animales que son utilizados por la industria alimentaria, como por ejemplo, las jaulas en batería y la mutilacion sin anestecia.
La Red Zoocial habló con Karen Andrea Reyes, gerente de relaciones corporativas de la ONG en Colombia, sobre el movimiento antiespecista y sus luchas en el país.
El especismo es una de las razones por las que en los ultimos años varias personas han ido adoptando una alimentación sin productos de origen animal, ¿cómo definen ustedes este concepto?
El especismo es un término que se acuñó desde la psicología. El primero en utilizarlo fue el psicólogo Richard Leyder, quien en los años 70 explicó que los seres humanos tenemos una creencia errónea de ser superiores a otras especies de animales en la Tierra. Bajo este sesgo y esta discriminación, justificamos que los animales no humanos sean utilizados en diferentes contextos de explotación, como las industrias de alimentación, entretenimiento, farmacéutica, entre otras.
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En ese sentido, ¿qué busca el movimiento antiespecista?
La lucha antiespecista busca reconocer que los seres humanos no son el centro de todo, que esta visión antropocéntrica es errada y que debemos respetar a otras especies independientemente de sus diferencias.
Desde el antiespecismo generamos conciencia, por ejemplo, de que los animales se comunican de una forma diferente, tienen otras formas de inteligencia, subjetividad y maneras de experimentar el mundo, que no son inferiores a las experiencias y a las destrezas cognitivas que tenemos los seres humanos. La lucha antiespecista es, en resumen, la liberación animal. Es decir, que los animales puedan emanciparse de todas las formas de explotación, generar una relación cada vez más horizontal, un reconocimiento de ellos como individuos y no como recursos.
El especismo está muy involucrado con la industria alimentaria, ¿ustedes, como ONG, tienen datos de cuántos animales se ven afectados anualmente por esta industria?
Desde hace 50 años, el consumo de proteínas de origen animal se ha llegado a duplicar en el caso de las carnes y a triplicar en el caso del huevo. Anualmente, esta industria mata alrededor de 70 mil millones de animales terrestres en el mundo. A nivel acuático ni siquiera se pueden medir como individuos, sino que se miden en toneladas. Son billones de seres los que mueren al año. Hay otra cifra que es muy interesante y es que la biomasa de mamíferos en la tierra se ha modificado completamente. El 60% de los mamíferos de la tierra son ganado, especies destinadas para consumo humano. El 36% somos los seres humanos y el 4% es fauna silvestre. Esa distribución actual da cuenta de la cantidad de animales que se utilizan para consumo.
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Y en Colombia, ¿cómo se ve esto?
Aquí la industria prioritaria en temas de consumo es la avicultura. El huevo es la proteína más consumida en el país y la que más se utiliza en los hogares. ¿Qué fenómenos o qué efectos tiene la agricultura animal en Colombia? Por un lado, es un gran emisor de gases de efecto invernadero. También la deforestación del Amazonas para cultivos de soya que son utilizados en la cría de animales. Tristemente hemos copiado modelos internacionales de producción que son bastante crueles.
¿Cuáles son estos modelos o practicas crueles con animales?
La mayor parte de los animales viven en entornos artificiales, confinados en jaulas sin posibilidad de salir. Es el caso de las gallinas ponedoras que permanecen enjauladas toda su vida. También hay otras prácticas crueles, como las jaulas de gestación donde las cerdas no tienen capacidad de movimiento, donde sufren de estrés.
En la industria láctea los terneros son separados de sus madres para poder obtener la leche. Hemos hablado con santuarios que reciben animales de todas las especies acá en Colombia y nos han dicho que es muy común encontrar terneros amarrados y botados en las carreteras. Son industrias donde también los animales se ven expuestos a mutilaciones, muchas veces sin anestesia. A ellos se le considera biomáquinas, animales que están hechos simplemente para producir. Cuando se acaba el ciclo productivo van al matadero. Todas estas prácticas son normales en la industria y la mayoría de las personas las desconocen.
Los peces son los más ignorados, ellos también tienen capacidad de sufrir. Muchos son desollados vivos o mueren sofocados al aire libre. No hay consideración de su sufrimiento. Todas estas cosas son efectos del especismo.
¿El especismo está ligado a otras formas de discriminación?
Algo que nosotros reconocemos desde Sinergia Animal es la interseccionalidad en todas las formas de opresión, es decir, así como hay racismo, misoginia, homofobia, transfobia, etcétera, así mismo se fundamenta el especismo. Lo humano es lo superior y, ¿qué es lo humano? El hombre blanco, europeo y hetenormativo. Todo lo que se aleje de esto empieza a ser marginado y oprimido.
Cuando estudiamos el especismo nos damos cuenta de que los seres humanos somos más empáticos con las especies que se parecen más a nosotros. En ese sentido, nos identificamos más con los mamíferos, mientras que nos alejamos de otras especies como las aves o los peces. Tenemos un sesgo cognitivo en el cual valoramos más e incluso consideramos más adorables a las especies que se nos parecen.
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¿Qué hace Sinergia Animal para combatir esto?
A partir del antiespecismo se genera un movimiento que es el veganismo, este principio ético de no utilizar a los animales en contextos de explotación, promover el respeto hacia todas las especies y terminar con esta filosofía antropocéntrica de que el ser humano es el centro de todo y es superior a los demás.
Hay varios caminos dentro del veganismo, uno es el abolicionismo, que es esta idea de que todas estas industrias sencillamente deberían abolirse, dejar de existir y plantear sistemas alternativos, por ejemplo, alimentación vegetal y otras formas de entretenimiento que no utilicen animales. Sinergia Animal es una organización que está de acuerdo con estos principios, pero que considera que se necesita una transición y un activismo más efectivo y pragmático. Nosotros tenemos dos vías de activismo que están enfocadas exclusivamente en las especies de consumo que son las más afectadas por la industria alimentaria.
¿Cuáles son estas dos vías de activismo?
La primera vía es la eliminación de las prácticas más crueles, con esto buscamos reducir el sufrimiento de los animales que inevitablemente van a ser explotados. En ese sentido tenemos campañas para eliminar el confinamiento en jaulas y concientizar específicamente sobre veganismo y cambios de hábitos.
También hacemos parte de una coalición que busca el fin de la financiación de la ganadería industrial. Nos dirigimos al sector financiero y, sobre todo, a los bancos mundiales de desarrollo para que dejen de financiar las prácticas más industriales e intensivas de la ganadería. Tenemos esta visión más pragmática de generar transiciones graduales y promover la sustitución con otras alternativas. Desde mi perspectiva personal, considero que todas las formas de activismo deberían darse porque desmantelar el especismo es muy difícil, es una estructura cultural, económica, social y política.
¿Se puede imaginar a la humanidad viviendo desde un paradigma antiespecista?
Hace poco escuchaba a unos activistas de una organización en Argentina y ellos decían que el veganismo es una utopía porque siempre va a haber un margen de error. Por ejemplo, cuando una persona lleva una alimentación 100 % vegetal le dicen “bueno, no estás comiendo vacas, pero tu cultivo mató a un montón de insectos con pesticidas”. Y es cierto, pero ¿cuál es la diferencia? La diferencia es de intención, que nosotros no elegimos matar a esos insectos. Esto no se trata de perfección, ni de generar una pureza moral donde seamos infalibles. Un mundo 100 % vegano donde ningún animal se vea impactado puede sentirse muy utópico. Lo que sí se puede tener es un mundo cada vez más antiespecista, un mundo donde haya una reflexión constante sobre el rol de nuestra especie humana y sobre el efecto, el impacto y la relación que puede establecer con otras especies que no son humanas.
En ese sentido, sí creo que es viable y creo que es un camino que se tiene que estar construyendo todo el tiempo. Para mí lo más urgente es empezar el dialogo, la reflexión, que empecemos a hacernos la pregunta: ¿por qué nos comemos a la vaca, al cerdo, pero al perro y al gato los amamos?, ¿por qué avalamos que ciertas formas de maltrato sean penalizadas, pero otras las normalizamos? Debemos empezar a debatirlo, a cuestionarnos e ir viendo qué modelos sirven para reducir el sufrimiento de los animales en el presente y para que sean libres en el futuro.
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