En Bogotá, la protección animal ha dejado de ser una labor aislada para convertirse en una causa colectiva que involucra a ciudadanos, organizaciones independientes y entidades públicas. En este contexto, el voluntariado se consolida como uno de los pilares fundamentales para atender a miles de animales en condición de abandono, maltrato o vulnerabilidad, así como para impulsar un cambio cultural en la forma en que la sociedad se relaciona con otras especies.
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Ser voluntario en el cuidado de perros y gatos implica un compromiso desinteresado con el bienestar de los animales más vulnerables. Se trata de dedicar tiempo, manos y esfuerzo, recursos que suelen ser los más escasos y necesarios en el rescate y la protección animal, para mejorar su calidad de vida. Esta labor incluye tareas como alimentar, pasear, limpiar, socializar y apoyar procesos de adopción, generalmente sin recibir ninguna remuneración.
Por eso, el voluntariado es considerado uno de los pilares más importantes dentro de fundaciones y organizaciones. Representa una entrega real y constante que no siempre puede suplirse con dinero, pero que resulta fundamental para sostener el trabajo diario y dar segundas oportunidades a los animales.
Un ejemplo de este trabajo ciudadano es el colectivo Borrachos al Rescate, una iniciativa que nació durante la pandemia en la localidad de Ciudad Bolívar. Allí, en el barrio Caracolí, zona que limita con el municipio de Soacha, un grupo inicial de cinco personas decidió organizarse para ayudar a animales que vivían en condiciones precarias, en un entorno donde la educación sobre tenencia responsable y el respeto por la vida animal aún son limitados.
Desde entonces, el colectivo ha crecido hasta conformar una red de más de 900 voluntarios que participan activamente en distintas jornadas en Bogotá y otras regiones del país. Su trabajo incluye actividades como alimentación de animales en condición de calle, apoyo a refugios y rescatistas, campañas de esterilización, procesos de adopción responsable y espacios de educación comunitaria.
“El voluntariado es la base de todo lo que hacemos. Nosotros podemos tener la iniciativa o las ideas, pero las personas que se suman como voluntarios son el verdadero motor de esta causa. Sin la participación de la ciudadanía sería imposible realizar rescates, jornadas de alimentación, procesos de adopción o acompañamiento a los animales que lo necesitan. Por eso creemos que el voluntariado es clave para construir una sociedad más consciente y comprometida con la protección animal”, cuenta Edwin Bedoya, uno de los fundadores y coordinadores de Borrachos al Rescate.
El impacto del voluntariado se hace aún más evidente al considerar los retos que enfrentan las organizaciones de protección animal. La falta de recursos es uno de los principales obstáculos. Cada rescate implica gastos en atención veterinaria, medicamentos, alimentación y transporte, costos que, en gran medida, son asumidos por voluntarios y donantes. A esto se suma la magnitud del problema del abandono, que supera la capacidad de respuesta de muchas iniciativas.
Desde el ámbito institucional, el Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal (IDPYBA) ha reconocido la importancia del voluntariado y ha reorientado sus estrategias para potenciar su impacto. Bajo esta visión, la protección animal no se limita al rescate, sino que busca promover un cambio cultural basado en la corresponsabilidad entre ciudadanos y Estado.
Uno de los hallazgos del instituto es que, aunque cuenta con recursos técnicos y profesionales para atender a los animales bajo su cuidado, existen numerosos rescatistas y refugios independientes que enfrentan grandes dificultades. En muchos casos, se trata de personas, principalmente mujeres, que cuidan a decenas o incluso cientos de animales, muchas veces con recursos limitados y sin apoyo constante.
Para atender esta realidad, se creó el programa “Somos una misma manada”, una iniciativa que canaliza el voluntariado ciudadano hacia estos espacios. A través de un proceso de inscripción, las personas interesadas son organizadas según sus habilidades y experiencias para brindar apoyo en áreas específicas, como atención veterinaria, asesoría legal, acompañamiento social o incluso tareas logísticas y de comunicación.
El programa demuestra que el voluntariado no requiere un perfil único. Si bien participan profesionales y estudiantes de distintas disciplinas, cualquier persona puede aportar desde su disposición y compromiso. Esta diversidad permite responder de manera más efectiva a las múltiples necesidades de los animales y de quienes los cuidan.
El voluntariado también tiene un impacto intangible pero profundo, pues contribuye a reconstruir los lazos sociales y a fomentar una cultura de empatía. En una ciudad donde muchas veces predomina la indiferencia, estas iniciativas muestran que es posible construir redes de apoyo y cuidado colectivo.
No obstante, los desafíos persisten. Identificar de manera precisa las necesidades de los refugios, garantizar recursos sostenibles y fortalecer la educación en tenencia responsable son tareas pendientes que requieren el compromiso continuo de la ciudadanía y las instituciones.
En definitiva, la protección animal en Bogotá depende en gran medida de la acción conjunta entre voluntarios, organizaciones y entidades públicas. El voluntariado, más que una ayuda complementaria, se ha convertido en el motor que impulsa esta causa y en una herramienta clave para avanzar hacia una sociedad más consciente, solidaria y respetuosa con todas las formas de vida.
Si desea ser voluntario y ayudar a los animales, puede contactar al colectivo Borrachos al Rescate a través de sus redes sociales @borrachos_alrescate o a su número de WhatsApp 322 822 0482 para conocer las jornadas y sumarse a esta causa que busca dar segundas oportunidades a los seres que más lo necesitan.
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