Entre los edificios, aulas, corredores y jardines de la Pontificia Universidad Javeriana, en Bogotá, existe una comunidad que, desde hace más de quince años, trabaja por el bienestar de los animales y por una relación más respetuosa entre las personas y su entorno natural.
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Se trata del Grupo Estudiantil de Protección Animal Javeriana, una iniciativa que, desde 2008, ha sembrado dentro del campus una cultura de empatía, educación ambiental y cuidado colectivo.
Una historia de organización y compromiso
Lucía Rojas, psicóloga y exdocente de la Pontificia Universidad Javeriana, es una de las fundadoras del Grupo Estudiantil de Protección Animal. Desde muy joven sintió una profunda afinidad por los animales, algo que, según cuenta, proviene de su crianza. “Crecí en una familia donde siempre hubo un respeto clarísimo por la vida y una defensa de la misma. Desde chiquita eso ya era algo que venía conmigo”, explica.
Al llegar a la universidad, Rojas notó una situación que la interpeló directamente: “Había muchos gatos viviendo en el campus. Los veía en las cafeterías, buscando comida entre las mesas o las canecas, a veces los espantaban y uno escuchaba historias de que alguno había arañado a un estudiante o a un trabajador”.
Así comenzó un proceso de organización colectiva entre estudiantes, docentes y trabajadores que compartían la misma preocupación. “Los estudiantes empezaron a identificar los lugares donde estaban los gatos, a pensar en cómo podrían cuidar de ellos sin interferir en la dinámica natural del campus. Fue entonces cuando, junto con la profesora Silvia Barrientos, comenzamos a acompañar el proceso para darle forma y respaldo institucional”, recuerda Rojas.
La Pontificia Universidad Javeriana, al tener un campus abierto y colindar con el Parque Nacional y los Cerros Orientales, se encuentra en una zona de alta biodiversidad. Su entorno natural facilita que diferentes especies, incluyendo animales en condición de calle, lleguen y se establezcan en algunos sectores. Entre ellos, los gatos se convirtieron en una de las presencias más visibles.
Frente a esta realidad, Rojas y Barrientos promovieron una estrategia de organización y protección que derivó, en 2010, en la creación del Programa Institucional de Manejo Felino. Esta política formal de la universidad garantizó atención veterinaria, alimentación y seguimiento constante a los gatos residentes del campus. Desde entonces, la Javeriana se convirtió en una de las primeras instituciones de educación superior del país en contar con un programa estructurado de bienestar animal universitario.
“Era importante que los cuidados no dependieran solo de la buena voluntad de unos cuantos estudiantes. Queríamos que se integrara a la cultura institucional, como parte del compromiso ético de la universidad con la vida y el entorno”, explica Rojas.
Con el tiempo, el grupo estudiantil consolidó una estructura interna que permitió coordinar sus acciones. Su labor se ha desarrollado principalmente a través de tres comités:
- Comité de Gatos: encargado del seguimiento, salud, alimentación y bienestar de los felinos que habitan el campus.
- Comité de Actividades: responsable de organizar jornadas de donación, limpieza, educación ambiental y campañas de sensibilización.
- Comité de Redes: dedicado a la comunicación con la comunidad universitaria, la difusión de información y la promoción de mensajes sobre adopción y cuidado responsable.
Esta organización ha permitido que el grupo mantenga su trabajo de manera continua y que sus acciones tengan impacto más allá del campus, promoviendo valores de empatía y sostenibilidad entre generaciones de estudiantes.
Un legado que trasciende generaciones
Para muchos de sus integrantes, el paso por el grupo estudiantil ha sido una experiencia profundamente transformadora. “Participar te enseña a trabajar en comunidad, a organizarte, a tener disciplina. Pero también te cambia la forma de mirar el mundo. Entiendes que el cuidado no es un acto aislado, sino una forma de vida compartida”, reflexiona Daniel Dorado, egresado de la carrera de Ingeniería Industrial de la Javeriana y exdirector del grupo.
Dorado subraya que una de las mayores fortalezas de Protección Animal Javeriana ha sido su carácter intergeneracional. Cada semestre llegan nuevos voluntarios que aprenden, aportan y luego dejan su legado a quienes siguen. Esa continuidad ha permitido que el grupo mantenga su espíritu a lo largo de los años, incluso en medio de los cambios institucionales y personales. “No se trata solo de amar a los animales, sino de entender que el bienestar depende de acciones diarias, de responsabilidad y de comunidad”, afirma.
Esa visión la comparte Sofía Vargas, egresada javeriana y exlíder del Comité de Redes del grupo, quien encontró en la universidad la oportunidad de canalizar su amor por los animales. “Siempre me han gustado, pero en mi casa no podía tener. En la Javeriana encontré ese sello de poder brindarles un espacio seguro”, cuenta. Desde su rol, Sofía se dedicó a crear contenido y difundir mensajes que promovían la conciencia y el respeto hacia los animales dentro y fuera del campus.
Uno de los momentos que más la marcó fue cuando el grupo unió esfuerzos para atender una situación con los perros de vigilancia, luego de que se difundiera una noticia sobre sus condiciones. “Fue una experiencia muy significativa en todos los sentidos. Logramos mejorar su bienestar y al mismo tiempo fortalecer la colaboración entre estudiantes, personal de seguridad y la universidad”, recuerda.
Para Sofía, el trabajo del grupo va más allá del cuidado directo: implica educar y sensibilizar. “Es muy bonito ver cómo los estudiantes quieren y consienten a los gatos del campus, pero también es importante concientizar a toda la comunidad, incluso a las personas externas, sobre el respeto a los animales”, concluye.
Los gatos del campus: parte de la identidad Javeriana
Entre los primeros gatos que habitaron el campus javeriano hubo varios que marcaron el inicio de una historia de convivencia y aprendizaje. Con el paso de los años, algunos de ellos, como Alhelí y Lola, lograron superar el miedo y la desconfianza que los hacía parecer ferales. “Durante mucho tiempo pensamos que eran gatos ferales, pero resultó que no lo eran. Con los años empezaron a dejarse acariciar, aunque solo por ciertas personas, y este año incluso se dieron algunos en adopción”, cuenta Lucía.
Otros, como Kiwi y Timoteo, se convirtieron en verdaderos símbolos del campus. “Timoteo fue un ícono en la Facultad de Arquitectura y Diseño. Era un gato doméstico, amoroso, muy querido por los estudiantes. Dormía sobre las maquetas con letreros que decían: ‘Favor no tocar, está Timoteo encima’”. recuerda Rojas. Vivió muchos años en la universidad y falleció durante la pandemia “después de haber tenido una vida hermosa”.
Kiwi, por su parte, era conocido por toda la comunidad: “La gente del túnel, del Oxxo, todos sabían quién era. Tenía su territorio, incluso, hasta el Parque Nacional”. Estos gatos, dice Lucía, le dieron vida al programa, inspirando las primeras acciones de cuidado, vacunación y esterilización que luego se institucionalizaron como parte del manejo felino de la Javeriana.
Gracias al programa institucional, los gatos residentes actuales del campus, Nacho, Sarita, Lola, Miel y Blanquita, cuentan con atención veterinaria, alimento diario y espacios seguros. Algunos son sociables y se acercan a los estudiantes, otros son más reservados y prefieren observar desde la distancia. Todos, sin embargo, son parte de la identidad del campus.
En los pasillos, no es raro ver a Nacho descansando bajo un árbol o a Lola recorriendo los jardines. “A lo largo de los años han pasado muchas generaciones, pero el espíritu sigue intacto. Hay algo profundamente javeriano es eso, el compromiso con la vida, con el otro, con el entorno”, dice Rojas.
Reestructurar para crecer
Actualmente, el grupo vive un proceso de reestructuración interna, con el objetivo de adaptarse a las nuevas dinámicas universitarias y fortalecer su capacidad de acción. “Estamos revisando la manera en que nos organizamos, los roles y los objetivos. La idea es mantener la esencia, pero también abrirnos a nuevas formas de participación”, explica María José Montagut, actual coordinadora del grupo.
El propósito de esta renovación es ampliar el alcance educativo y ambiental, fortalecer su articulación con facultades y dependencias y crear nuevos materiales pedagógicos que promuevan una relación más armónica con el entorno natural.
“Cuando hablamos del grupo, no solo hablamos de gatos. Nuestro trabajo tiene que ver con todo el ecosistema de la universidad. Los jardines, los árboles, las especies que encontramos aquí: todo forma parte de una misma red de vida que debemos proteger y comprender”, dice Montagut.
Esa mirada integral ha llevado al grupo a involucrarse en procesos de identificación de especies, talleres de sensibilización ambiental y actividades pedagógicas que buscan fortalecer la conciencia ecológica entre estudiantes y trabajadores.
El grupo también funciona como puente entre la comunidad javeriana y fundaciones externas dedicadas al rescate animal. Aunque no gestionan adopciones directamente, difunden casos de animales que requieren ayuda o buscan hogar, fortaleciendo así una red de solidaridad que trasciende los límites de la universidad.
Tras dieciséis años de historia, el Grupo Estudiantil de Protección Animal Javeriana ha articulado los esfuerzos de estudiantes, docentes, personal administrativo y de servicios, consolidándose como una de las experiencias universitarias más significativas en temas de bienestar animal y conciencia ambiental.
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