Lo que para muchos es basura, para los seres más vulnerables puede significarlo todo. Esa es la premisa que ha llevado a ciudadanos y organizaciones a unirse para darle una segunda vida a cientos de vallas, pendones y materiales publicitarios que, tras cumplir sus funciones, suelen terminar en rellenos sanitarios o abandonados en las calles. En lugar de convertirse en residuos, estos elementos están siendo transformados en casitas para perros en condición de calle y en herramientas para promover el bienestar animal.
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Ahora que han finalizado las campañas para las Elecciones legislativas de Colombia, realizadas el pasado 8 de marzo y en las que se eligieron los miembros de ambas cámaras del Congreso para el periodo 2026-2030, muchas ciudades del país han quedado repletas de pancartas y publicidad política. Ese material, que algunos denominan como “basura electoral”, está empezando a tener un destino distinto.
“Una Valla Una Casa”: más de 120 casitas para perros
“Una Valla Una Casa” nació hace alrededor de cuatro años en la ciudad de Tunja, Boyacá, a partir de una inquietud compartida entre amigos que solían ayudar a perros en situación de calle. Catherine Casallas, una de las impulsoras de la iniciativa, recuerda que todo empezó al observar dos realidades que parecían no tener relación: la gran cantidad de vallas electorales y la falta de refugio para los animales que viven en la calle. La reflexión la llevó a utilizar esos pendones y vallas para construir pequeñas casas que protegieran a los animales del frío, la lluvia y el sol.
“Nosotros siempre hemos tratado de cuidar perritos en condición de calle. Nos daba pesar verlos en la calle, expuestos a todas las inclemencias del clima. Entonces dijimos: ¿por qué no aprovechar esos materiales y hacer casitas para ayudar a los perritos en condición de calle?”, cuenta.
Sin embargo, convertir esa idea en realidad implicó un proceso de prueba y error. Al principio, el grupo no tenía experiencia en construcción ni en el manejo de los materiales. “Fue un proceso muy bonito, pero también muy empírico. Hicimos tres intentos diferentes de casitas probando con madera, puntillas y grapadoras hasta encontrar un diseño que realmente funcionara”, recuerda Casallas.
Las primeras casas se fabricaron en el garaje de su casa, con la ayuda de amigos y familiares. Con el tiempo, el proyecto comenzó a crecer y las jornadas de construcción se trasladaron a espacios comunitarios como parques del barrio.
El trabajo, según Casallas, se sostiene principalmente gracias al voluntariado y a pequeñas actividades de financiación. “Nosotros no cobramos por las casitas. Todo se entrega sin ningún costo. Nos financiamos con rifas, venta de plantas o participando en ferias donde contamos el proyecto”, afirma.
Uno de los retos iniciales del proyecto fue conseguir las vallas publicitarias necesarias para fabricar los refugios. En los primeros meses, el equipo recorrió sedes de campañas políticas para pedir que les donaran los materiales una vez terminara el periodo electoral.
Con el tiempo, “Una Valla Una Casa” comenzó a ser conocido en la ciudad y las donaciones llegaron de diferentes sectores. “Ahora muchas personas nos escriben directamente para decirnos que tienen vallas o pendones que ya no necesitan. Incluso algunos colegios y universidades han hecho jornadas académicas donde los estudiantes fabrican pendones y luego nos los donan”.
Además de donaciones de campañas políticas, el proyecto también ha recibido apoyo de restaurantes, comercios y ciudadanos que encuentran materiales publicitarios en desuso.
El proceso para entregar las casitas también ha evolucionado con el tiempo. Al principio, el equipo identificaba directamente a los perros en condición de calle que necesitaban refugio. Actualmente, muchas solicitudes llegan a través de redes sociales. Las personas envían fotografías, direcciones y detalles sobre los animales que necesitan ayuda.
Hasta el momento, la iniciativa ha construido entre 120 y 130 casitas para perros en condición de calle en diferentes sectores de la ciudad.
Reutilizar para proteger, la visión de la Fundación Natufauna
La idea de reutilizar material publicitario para ayudar a los animales también se está desarrollando en el municipio de Sogamoso, en Boyacá, donde la Fundación Natufauna impulsa un proyecto que combina bienestar animal, educación ambiental y economía circular.
Desde la organización explican que la iniciativa nació al observar una contradicción evidente en muchas ciudades del país. “Mientras las calles se llenan de promesas políticas impresas en materiales costosos y resistentes, los animales en condición vulnerable sufren bajo el frío y la lluvia sin un lugar donde resguardarse”, señalan desde la fundación.
El clima de Boyacá, con cambios bruscos entre el sol intenso del día y las lluvias de la tarde, hace que la situación sea aún más difícil para los animales en situación de calle. Muchas veces los animales comunales tienen casitas que ya presentan goteras o están deterioradas y conseguir refugios nuevos suele ser costoso.
Por eso, esta organización sin animo de lucro decidió comenzar a reutilizar los pendones y vallas, materiales que pueden durar más de una década. “Entendimos que esos pendones tienen una vida útil técnica de más de diez años. Decidimos transformar la basura electoral en dignidad animal”, cuentan.
Pero el proyecto de la Fundación Natufauna no se limita a fabricar refugios para animales. La organización también planea reutilizar los pendones y vallas para crear señalización educativa sobre fauna silvestre y bienestar animal en espacios públicos. Entre sus objetivos está, además, reducir los atropellamientos de animales en carreteras, un problema frecuente en varias vías de la región.
Los materiales reciclados también tendrán otros usos dentro del trabajo de rescate animal. Con ellos buscan fabricar herramientas que faciliten las jornadas de adopción y atención de emergencias, como tulas y maletas resistentes para transportar equipos, camillas de rescate y forros protectores para vehículos que trasladan animales heridos.
De acuerdo con la fundación, la iniciativa busca generar un impacto doble, es decir, mejorar las condiciones de vida de los animales vulnerables y promover una mayor conciencia ambiental entre la ciudadanía.
“Queremos repintar las vallas para mostrar mensajes sobre qué hacer si alguien encuentra un animal herido o cómo proteger especies locales. Además, cada casa o valla reciclada envía un mensaje claro sobre la importancia de la economía circular y demuestra que un residuo puede convertirse en una oportunidad para proteger la vida”, explican desde la organización.
Una iniciativa que busca multiplicarse
Catherine Casallas dice que su mayor sueño con el proyecto es que pueda replicarse en otras ciudades del país. “Nos han escrito personas diciendo que quieren hacer las casitas por su cuenta y nosotros felices les explicamos cómo se hacen. La idea no es quedarnos con la iniciativa, sino que crezca”, señala.
Aunque reconoce que no se trata de una solución de fondo al problema de los animales en condición de calle, sí representa una mejora significativa en su bienestar y calidad de vida. “Queremos que los perritos que están en condición de calle tengan al menos un lugar donde dormir tranquilos. Aunque no sea un hogar completo, sí un espacio donde resguardarse”, afirma.
Para las organizaciones que impulsan este tipo de proyectos, el reto ahora es ampliar la participación de la ciudadanía. Las campañas políticas, empresas y particulares pueden donar los materiales publicitarios que ya no utilicen, mientras que los voluntarios pueden sumarse a las jornadas de construcción de refugios o a la creación de señalización educativa sobre bienestar animal.
Quienes deseen unirse a esta iniciativa pueden contactar al proyecto “Una Valla Una Casa” a través de su cuenta de Instagram @unavallaunacasa, o a la Fundación Natufauna en @fundacion_natufauna, donde coordinan la recepción de materiales, jornadas de voluntariado y otras actividades para seguir transformando residuos en oportunidades para los animales más vulnerables.
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