Alistar el maquillaje, limpiar las brochas, elegir los colores de las sombras y el labial, poner el trípode y darle a grabar. Esa era la rutina diaria de Laura Sánchez mucho antes de que existieran palabras como “youtuber” o de que ser creador de contenido se considerara una profesión.
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En 2011, cuando las redes sociales apenas comenzaban a perfilar las nuevas formas de contar historias, Sánchez subía videos de maquillaje, peinados y ropa. Lo hacía por diversión, como un pasatiempo que le llenaba los ratos libres, sin imaginar que ese hobby, tiempo después, se convertiría en su trabajo.
Poco a poco, su nombre empezó a sonar en la industria de la belleza. Los tutoriales que grababa en su cuarto comenzaron a tener miles de reproducciones, las marcas empezaron a buscarla, y las invitaciones a eventos se hicieron cada vez más frecuentes. Así, la joven, que un día se sentó frente a una cámara por curiosidad, terminó desfilando por alfombras rojas, maquillando celebridades y creando su propia marca de maquillaje: Laura Makeup Labs.
Sin embargo, entre tantas vistas, seguidores y afanes del mundo digital, empezó a sentir que algo le faltaba. Algo real. Algo que acallara el silencio entre cada grabación. Y fue entonces cuando surgió la pregunta: ¿cuál era su razón?
La respuesta no vino del mundo de la belleza, sino de algo que había estado siempre ahí: el amor por los animales. Desde pequeña, Sánchez sintió una conexión especial con ellos. Pensó en estudiar medicina veterinaria, participó en voluntariados y soñó con tener un refugio. Sin embargo, la vida la había llevado por otro camino. Hasta que una experiencia lo cambió todo. “Apenas volví a Colombia, después de vivir un tiempo en Estados Unidos, quería hacer algo más con los animales”, recuerda. “Entonces hice un voluntariado en La Guajira y de ahí me devolví con tres perritos”.
Ese rescate marcaría un antes y un después. Sánchez conoció de cerca la dureza del abandono, pero también el poder de actuar. Uno de los perros que rescató falleció en sus brazos por el grave estado de desnutrición en el que lo encontró. “Fue muy duro”, cuenta; pero los otros sobrevivieron. “Fue muy lindo ver cómo se recuperaron y consiguieron familia. En ese momento dije: esta es una labor muy dura, muy triste, pero también muy linda. Fue ahí cuando decidí: quiero rescatar yo misma”.
A partir de entonces, Sánchez empezó a involucrarse más activamente en causas de rescate animal. Al principio, lo hacía de forma espontánea, difundiendo casos de maltrato y usando sus redes para buscar nuevos hogares, pero poco a poco su compromiso creció hasta volverse en su nuevo proyecto de vida. Así fundó su refugio Rex en Dos Patas, inspirado en su propia mascota Rex, un perro con discapacidad que rescató de un criadero ilegal de corgis.
Del maquillaje al rescate: un nuevo propósito
Con el refugio ya en marcha, su vida y su rutina cambió por completo. Su casa se fue llenando de camas, juguetes y ladridos, y sus días se convirtieron en un ir y venir constante de seres de cuatro patas: animales que llegaban, se recuperaban y encontraban un hogar; otros que, lamentablemente, no lograban sobrevivir; y algunos que se quedaron con ella para siempre. Pero fue un caso en particular el que la llevó a un punto de quiebre.
El verdadero reto llegó cuando se enfrentó a siete cachorros diagnosticados con moquillo. Al mismo tiempo, cuidaba de una camada de gatitos huérfanos que necesitaban tetero cada dos horas. La rutina de grabar tutoriales fue reemplazada por noches en vela y un miedo constante a la pérdida. El agotamiento físico y mental la llevó al límite. Fue en ese caos de llantos, medicinas y desvelo que se enfrentó a una decisión radical: “Fue un momento en el que yo dije, esto es muy duro y dije: tiro la toalla o sigo rescatando”.
La respuesta llegó cuando, contra todo pronóstico, cuatro de los siete cachorros y cinco de los seis gatitos sobrevivieron. Verlos salir adelante fue el impulso que necesitaba. “Cuando todo salió bien dije: sí se puede. Descubrí que tengo la capacidad de hacerlo, que la gente en verdad quiere ayudar y que rescatar es una labor muy bonita, que da mucha satisfacción y llena el corazón”.
Desde entonces, su vida se ha convertido en un carrusel de historias, cada una con sus propios desafíos. Casos como el de Pomelo, un perro de nueve años que permaneció amarrado afuera de una casa con un tumor, le mostraron la cara más cruel de la negligencia, pero también el poder de la unión comunitaria.
O el de Maripaz, una perrita negra mezcla de pitbull encontrada al borde de la inanición, quien a pesar de estar sana y ser amorosa, encarna la triste realidad de los prejuicios que mantienen a ciertos perros esperando un hogar por meses.
Pero entre tantas historias duras, también hay finales felices. Como el de una pastora alemana usada durante años para cría, a la que quisieron desechar cuando “ya no servía”. Tras un largo proceso de recuperación, encontró una familia que la entendió, la cuidó y la aceptó con todas sus particularidades. O el de decenas de perros y gatos que, gracias al trabajo de Rex en Dos Patas, han pasado de vivir en la calle o el abandono a tener un hogar.
Cuando el impacto pesa más que los “likes”
Inevitablemente, su misión de rescate transformó también su contenido digital. Al principio, la reacción fue mixta: perdió seguidores y varios patrocinios cuando hizo pública su causa animal. Pero Sánchez se negó a separar sus dos mundos. “Trato de no mezclar las cosas porque hay gente a la que no le gusta, pero no me importa, a mí sí me gusta”, dice con naturalidad.
Con el tiempo, lo que parecía una apuesta arriesgada se convirtió en su mayor fortaleza. No solo mantuvo a su comunidad original, sino que atrajo a miles de personas nuevas que llegaron por su labor de rescate y, de paso, descubrieron su talento como maquilladora. “Yo siempre digo que el maquillaje es como mi pasión, pero lo de los animales de verdad que me llena el corazón y me dan ganas de levantarme todos los días a hacerlo”, confiesa.
Hoy, Laura Sánchez ha demostrado que las redes pueden ir más allá de las vistas y las tendencias: pueden ser una herramienta poderosa para generar un cambio real. Su vida ya no se mide en “me gusta” o contratos con marcas, sino en las vidas que logra transformar. Aunque el maquillaje sigue siendo parte de su esencia, su verdadero impacto se construye día a día en su refugio.
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