Al amanecer, cuando la ciudad todavía bosteza y el aire se siente más fresco, un grupo de corredores se prepara en silencio. Los arneses tintinean, las correas se tensan y, al frente, los perros jadean con la ansiedad de quien está a punto de lanzarse a lo que más disfruta: correr.
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La señal de salida llega con un grito breve y entonces la escena cobra vida. Humanos y canes avanzan en bloque, unidos por una cuerda que, más que un simple accesorio, es una declaración de confianza. No hay dueño ni mascota, sino un equipo que comparte un mismo impulso. Eso es el canicross.
De los trineos a los senderos
El canicross nació en Europa como una alternativa de entrenamiento para los perros de trineo durante el verano, cuando la nieve desaparecía y era necesario mantenerlos en forma. Con el tiempo, lo que empezó como una práctica de preparación se convirtió en una disciplina independiente que, a principios de los años 2000, comenzó a extenderse rápidamente. Hoy en día hace parte de federaciones deportivas en varias naciones y cuenta con campeonatos mundiales avalados por organismos internacionales.
A Colombia llegó hacia 2012, recuerda Rodrigo López, director de Canicross de Colombia. El inicio fue lento: pocas personas se interesaban en practicarlo y casi no existía información disponible. Con el tiempo, y gracias a entrenadores europeos que compartieron su experiencia, se empezó a trazar un camino. López lo resume con una frase: “Ha sido un proceso de aprendizaje colectivo”.
La entidad adaptó reglamentos de referencia de la International Federation of Sleddog Sports (IFSS) y la International Canicross Federation (ICF) a las condiciones locales, y se vinculó a redes globales de deportes caninos. Sin embargo, el reconocimiento oficial aún no llega. El deporte todavía no está integrado en el sistema deportivo nacional, como Coldeportes o el Comité Olímpico Colombiano y, por tanto, no cuenta con respaldo financiero ni institucional. Esto obliga a que los deportistas asuman por su cuenta los gastos de entrenamientos y viajes a competencias internacionales.
Una comunidad que se forma corriendo
Para Santiago Torres, líder de Hikers, uno de los equipos consolidados en Bogotá que hace parte de la Federación Colombiana de Deportes Caninos, el primer paso fue casi accidental. “Quería cansar a mi perro, que no se quedara estresado en casa. Un día lo llevé a correr y le gustó demasiado. Busqué competencias, nos inscribimos a una gratuita y la ganamos”, recuerda.
Desde entonces han pasado cerca de diez años de entrenamientos, victorias y viajes. Lo que lo mantiene en el deporte no son las medallas, sino la compañía. “Correr solo me aburre, pero hacerlo con él cambia todo. Intento seguirle el paso, él me impulsa al máximo. Aquí no gana uno, ganamos los dos”, concluye.
En su equipo entrenan al menos tres veces por semana: una sesión formal con arnés y línea de tiro; y otras más libres, de juego o carreras sueltas. Esa variedad, explica, mantiene al perro motivado y equilibrado.
Aunque existen razas que, por su contextura física, fuerza o peso, suelen destacar en la práctica, como los greysters o los pointers, el canicross no está limitado a ellas. Cualquier perro puede participar, incluidos los criollos, siempre que cuenten con buena salud y disfruten de la actividad. Lo mismo ocurre con los corredores: no es necesario empezar desde pequeños ni tener un nivel competitivo; cualquier persona puede practicarlo, siempre y cuando se ejercite de forma regular y cuente con la condición física mínima para correr junto a su perro.
El bienestar como punto de partida
Esa cercanía exige responsabilidad. Alejandra Restrepo, médica veterinaria especializada en fisioterapia animal, insiste en que el canicross solo puede practicarse con seguridad si se prioriza la salud del perro. “Es indispensable una revisión veterinaria antes de empezar. Hay enfermedades del sistema osteomuscular, como la displasia de cadera, que pueden no dar síntomas al principio, pero predisponen a lesiones graves”, asegura.
También es fundamental respetar la edad: los perros jóvenes deben esperar a completar su desarrollo óseo, alrededor del año y medio, para evitar daños. Mientras tanto, recomienda trote suave, caminatas y juegos controlados.
El entrenamiento debe ser progresivo: empezar con sesiones cortas en superficies planas e ir aumentando de forma gradual. Las señales de disfrute del perro son claras: mantiene el ritmo, se muestra animado y con energía. Por el contrario, si se detiene, se niega a avanzar o cojea, es momento de parar.
El cuidado incluye hidratación y alimentación: agua hasta veinte minutos antes del ejercicio y comida al menos dos horas previas. Después de correr, lo recomendable es esperar a que el perro recupere la calma. Restrepo advierte sobre las señales de alarma: lengua morada, jadeo excesivo u ojos rojos, síntomas de un golpe de calor que puede poner en riesgo la vida. “Si uno no correría lesionado o enfermo, ellos tampoco deberían hacerlo”.
Entre la pasión y los retos
En el nivel más competitivo del canicross se encuentra Esleyder Hortua, campeón latinoamericano en Argentina 2024 y ya clasificado al Mundial de Estados Unidos 2025. Su historia comenzó junto a Molly, una pomerania de apenas cinco kilos. Lo que en un principio fue la búsqueda de compañía terminó convirtiéndose en una pasión. “La primera carrera que corrí con ella me marcó. Ver su emoción y concentración me mostró el vínculo tan grande que se puede crear”, recuerda.
Con Apolo, su perro actual, decidió dar el salto a la competencia profesional. Entrenamientos constantes y disciplina lo llevaron a representar a Colombia en distintos escenarios. Una de sus carreras favoritas fue en Fusagasugá, donde vio cómo el deporte transformó a su perra: de mascota hogareña a atleta concentrada.
El camino no ha sido fácil. “Durante ocho años hemos trabajado con recursos propios: rifas, sorteos, campañas. Todo cuesta el doble, porque son dos atletas: el humano y el canino”. La indumentaria, la suplementación, la alimentación y los viajes suman gastos difíciles de cubrir sin respaldo oficial. Aunque hoy cuenta con un patrocinio privado en indumentaria, el apoyo estatal sigue sin aparecer.
El Mundial de Estados Unidos representa para él tanto un sueño como una motivación. “Tenemos todo para dejar en alto la bandera, pero necesitamos acompañamiento. Es un deporte que está creciendo y merece reconocimiento”, afirma.
Junto a un compañero, lidera una escuela comunitaria en la vereda La Trinidad, en Fusagasugá, donde busca dar a niños campesinos una nueva oportunidad a través del canicross: acercarlos al deporte, al cuidado de los animales y al trabajo en equipo. Su mayor ilusión es que, en unos años, ellos también puedan representar a Colombia, pero con más oportunidades de las que él ha tenido.
No solo Rodrigo López, director de Canicross Colombia, sino también entrenadores y deportistas coinciden en que este deporte atraviesa en el país una etapa crucial. Ya tiene presencia en escenarios como Expopet y el Festival de Verano de Bogotá, pero aún falta la estructura para consolidarlo.
La meta es llegar a un campeonato nacional con clasificatorias regionales y finales en Bogotá u otra ciudad sede. Para lograrlo se requieren patrocinios, formación y compromiso sostenido. De lo contrario, el canicross corre el riesgo de quedarse en moda recreativa y perder su esencia: la cooperación y el bienestar del perro.
Más que una carrera, este deporte es un pacto silencioso: el humano confía en que el perro lo guiará y el perro confía en que su compañero lo cuidará. Juntos trazan una coreografía que va más allá del cronómetro. La verdadera victoria ocurre cada vez que un perro salta de emoción al ver su arnés y un corredor sonríe al sentir el tirón de la cuerda. En ese gesto simple se resume lo esencial: correr juntos y cuidar siempre al otro.
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