Siempre se ha dicho que las personas son los guardianes de los animales, pero poco se habla de cuando ellos se convierten en los “ángeles” o “salvavidas” de algunos seres humanos.
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En La Red Zoocial le contamos la historia de Angélica Acevedo y cómo gracias a Lulu, su perrita criolla, superó la etapa más difícil de su vida y obtuvo una segunda oportunidad en este mundo.
Lulu llegó a la vida de Angélica por cosas del destino. La santandereana estaba cursando su bachillerato cuando una de sus mejores amigas de la época le contó que tenía unas perritas en su casa y no sabía qué hacer con ellas. “Sin pedirle permiso a nadie, yo fui a la casa. Quería adoptar a las dos hermanitas, pero mi hermano Néstor se enamoró de Lulu. Ellos tienen una conexión fuerte también”, dice a La Red Zoocial.
La joven, de 25 años, siempre se ha caracterizado por ser una fiel defensora y protectora de los animales. Por su casa han pasado varios peludos, pero, hoy en día, solo están: Lulu y otras tres gatitas que también fueron adoptadas: Juana María, Mabel y Milu.
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Según Angélica, ellas la han ayudado a superar y lidiar con sus problemas mentales con solo su presencia y compañía. “Desde siempre he sido una persona depresiva, con mis problemas mentales y psicológicos, y Lulu ha sido de las cosas que me ha mantenido en pie. Sin Lulu, yo no estaría aquí”, afirma.
Sus episodios comenzaron en el colegio, eran graves y, en ese entonces, tenía miedo de hablar con algún adulto, familiar o amigo. Ahí empezó a refugiarse en Lulu, era su manera de distraerse del mundo que la rodeaba y agobiaba al mismo tiempo.
La perrita, que hoy en día tiene 11 años, ayudó a que Angélica tuviera una razón para pararse la cama todos los días. “Era como esa obligación de que me tengo que parar de la cama, no puedo hacerle el mal a la perrita de que si yo estoy sintiéndome horrible, pues ella también. No, yo necesito afrontar el día y ya después de levantarme miro qué hago”.
Sin embargo, había temporadas en las que su mente, como ella misma lo dice, le jugaba en contra y la hacía sentir peor. De hecho, llegó a pensar en acabar con su vida, pero no lo hizo por Lulu. “Siempre ha salvado mi vida de cierta forma. Yo, por ella, hago ciertas cosas, si no trabajo, ¿quién le va a comprar la comida? ¿quién va a gastarse la plata que yo me gasto?”, fueron las preguntas que cruzaron por su cabeza en ese momento.
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Angélica asegura que Lulu siente todo, incluso sus estados de ánimo. Cuando ella lloraba, la perra se estresaba e iba a buscar a alguien más para que viniera a verla. Lo mismo sucede con su gata Juana María, a quien rescató de un caño en el norte de Bucaramanga.
“Cuando yo estaba tan deprimida, que lloraba sin hacer ruido, Juana María empezaba a maullar y como que me consolaba, esa gata es muy especial. Y cuando me enfermo del periodo, porque me da muy fuerte, entonces Lulu sabe y mientras yo esté en la cama, ella está con la carita en mi barriga y se turnan entre Lulu y Juana para ponerse en mi barriga. Son mis bolsitas de calor cuando estoy con el periodo”, cuenta.
Y también es la misma situación con sus otras dos gatitas: Mabel y Milu. La primera, dice la joven, se “adoptó solita”. Ella alimentaba a muchos gatos de la calle y un día, aún no sabe cómo, la gatita entró a la casa como si fuera de ella. Más tarde se dieron cuenta de que estaba embarazada y, en su propio instinto, vio en Angélica un refugio. “A Mabel no le gusta que uno la consciente, ni consentir, ella no maúlla, amasa, no hace nada”.
Mientras que Milu, que es una de las hijas de Mabel, es la gata “más intenta”. La minina cuando alguien extraño llega al hogar, “se restriega, amasa, maúlla y busca atención”.
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Angélica es consciente de que ellas llegaron como un regalo con fecha pronta de caducidad. “Lulu está viviendo tiempo extra, pero igual ella tampoco está en sus mejores años, ya camina despacio y cuando yo la veo caminar desde lejos, me cae el agua fría de que en cualquier momento se me va a enfermar de algo y le voy a tener que decir chao y uno no se prepara para eso”.
Asegura que no está lista para esta situación y que incluso cree que será un retroceso bastante grande en cuestión de su salud mental. “De solo pensarlo, se me hace un nudo en la garganta, quisiera estar con ella siempre. No me imagino un mundo sin Lulu”.
Lulu, Juana María, Mabel, Milu, entre otros animales, llegaron para enseñarle a Angélica Acevedo el valor de la vida y, sobre todo, de vivirla. También, “a tenerle amor al hecho de estar vida y disfrutar de ella”. Estos seres son su definición de las palabras amor y fuerza.
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