El rotativo señala en un artículo de portada que la mayoría de las armas proceden de Arizona, Texas y California, donde los compradores las adquieren legalmente para revenderlas a los carteles mexicanos a cambio de drogas y dinero en efectivo.
El periódico menciona que hay más de tres tiendas de ventas de armas por cada 1,6 kilómetros a lo largo de la franja fronteriza de más de 3.000 kilómetros que se extiende desde la Costa del Golfo en Texas hasta San Diego, California.
Las municiones se transportan escondidas en camiones, en los maleteros de vehículos o bajo la ropa de las personas que cruzan a diario la frontera entre ambos países.
Más del 90 por ciento de las armas incautadas en la frontera o tras redadas y tiroteos en México se han identificado como procedentes de EE.UU., según la Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas y Explosivos (ATF) de Estados Unidos.
La citada agencia menciona que tan solo el año pasado se identificó la procedencia de Estados Unidos de cerca de 2.500 armas incautadas, la mayoría de ellas adquiridas en Texas, Arizona y California.
El contrabando de armas coincide con una imparable escalada de violencia en México.
Desde que el ejército mexicano lanzó una campaña contra los carteles del narcotráfico hace 18 meses han fallecido más de 4.000 personas, incluidos 450 policías, soldados, fiscales, transeúntes inocentes, narcotraficantes y funcionarios corruptos, según las autoridades mexicanas.
“Los carteles están equipando a un ejército”, dijo al Times Tom Mangan, un alto funcionario de la ATF.
Las autoridades mexicanas han presionado a EE.UU. para que ayuden a detener el flujo de armas hacia el sur.
El secretario mexicano de Seguridad Pública, Genaro García Luna, señaló en una entrevista radiofónica reciente que si se detiene el tráfico de armas se acabará con el combustible que alimenta los crímenes en su país.
El contrabando de armas atrae a personas como Adán Rodríguez, un instalador de alfombras, de 35 años, del área de Dallas (Texas) y en apuros económicos, según relata el periódico californiano.
Rodríguez compró más de 100 rifles de asalto, así como pistolas y otras armas potentes en distintas tiendas durante varios meses, según documentos judiciales.
El residente de Dallas ganaba entre 30 y 40 dólares por cada arma, ya que a cambio obtenía dinero y marihuana de los carteles mexicanos.
“La tentación fue superior a mí”, dijo Rodríguez ante un juez federal en Dallas, que lo sentenció en el 2006 a cinco años y medio de prisión, según Los Ángeles Times.