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Asad, el nuevo paria

Damasco está cada vez más aislada y el régimen sirio enfrenta sanciones económicas por parte de Occidente.

18 de agosto de 2011 - 05:40 p. m.
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Barack Obama parece haberse cansado de la represión que el presidente sirio Bashar al Asad ha emprendido en las últimas semanas para controlar a los manifestantes que protestan contra su régimen. En un comunicado, divulgado ayer, Obama exigió la salida del mandatario y condenó los métodos usados por Damasco.

“Explicamos en varias ocasiones que el presidente Asad debía conducir una transición democrática o dimitir. No la condujo. En el interés del pueblo sirio ha llegado el momento de que el presidente Asad se retire”, rezaba ayer la declaración del presidente de Estados Unidos. Su petición se sumó a la de los líderes de Europa: los presidentes Nicolás Sarkozy, de Francia; Ángela Merkel, de Alemania, y David Cameron, de Gran Bretaña, así como Catherine Ashton, jefa de la diplomacia europea, que llamaron a Asad a “abandonar el poder”.

“Es extraño que en lugar de ofrecer su ayuda (a Damasco), para aplicar su programa de reformas, Obama y el mundo occidental traten de atizar la violencia en Siria”, declaró Rim Haddad, directora de Relaciones Exteriores del Ministerio de Información sirio.

Mientras el régimen sirio ha buscado atrincherarse en el poder, ordenando sangrientos operativos policiales conducidos por las fuerzas especiales de seguridad, Estados Unidos ha emprendido una intensa y silenciosa campaña diplomática para ampliar la presión sobre el presidente sirio. Según contó el experto en siria Andrew Tableren, en una entrevista publicada por el think tank norteamericano Council on Foreign Relations, “el presidente Obama habló con David Cameron y el rey Abdullah de Arabia, preocupado por ampliar los mecanismos de presión multilateral”.

Como parte de este esfuerzo conjunto, los líderes de estos países han pedido a la comunidad internacional que cesen la compra de petróleo y gas a este país, y anunciaron nuevas sanciones económicas para el régimen. Éstas, según el analista Islam Qasem, de Open Democracy, “le quitarán el oxígeno político y económico al régimen, pero no lograrán impedir que la máquina de muerte de Asad deje de asesinar a civiles”.

Para muchos conocedores, Asad ha logrado llevar a cabo la represión contra los protestantes gracias a la fidelidad de sus fuerzas especiales y una clase media que teme que la caída del régimen abra la oportunidad para que grupos políticos islamistas suban al poder. Sin embargo, según Robert Malley y Peter Harlging, analistas del International Crisis Group, estas fuerzas están siendo empujadas hasta el borde de lo tolerable y la violencia extrema, sumadas las sanciones económicas, podrían generar que éstas le retiren el apoyo al régimen.

Mientras que Hosni Mubarak es juzgado en Egipto, el expresidente tunecino Ben Ali se refugia en Arabia Saudí y Muamar Gaddafi lucha en Trípoli para no ser depuesto por los rebeldes libios, Asad vive ahora sus peores momentos, arriesgándose a convertirse en el nuevo paria de la comunidad internacional.

Ataque a Israel

Cerca de 14 personas, siete israelíes y siete atacantes, murieron en un triple atentado sincronizado contra un autobús y un vehículo militar israelíes y un tiroteo, cerca de la estación balnearia israelí de Eilat y de las fronteras egipcia y jordana. Según analistas de seguridad israelíes, este atentado estaría ligado con la difícil situación del norte de África, pues desde que el presidente Hosni Mubarak fue obligado a dejar el poder, Egipto ya no contiene a los terroristas, que supuestamente actúan desde la Franja de Gaza. Israel respondió al triple ataque con un bombardeo aéreo sobre Rafah (sur de la Franja de Gaza), matando a seis palestinos, según fuentes médicas.

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