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Bailando con el miedo

Hoy, Chile elige a su próxima presidenta en una segunda vuelta que, según analistas, ya está definida: la expresidenta ganaría sin problema.

14 de diciembre de 2013 - 04:00 p. m.
La candidata presidencial de la Nueva Mayoría, Michelle Bachelet (der.), baila durante el evento de cierre de su campaña electoral en la capital chilena. / EFE
Foto: EFE - ARIEL MARINKOVIC
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A pesar de la “campaña de terror” presente en los discursos de su adversaria, la derechista Evelyn Matthei, y políticos de ese entorno que buscan presentar a Michelle Bachelet, socialista y candidata de la centroizquierda, como una reeditora de la Unidad Popular de Allende y el estereotipo de escasez de productos básicos, estatizaciones, alzas de impuestos, o con la Venezuela de Chávez o el Brasil de Dilma Rousseff —a la que se asocia con corrupción y baja en el crecimiento—, las probabilidades indican que hoy domingo, durante la segunda vuelta presidencial, Bachelet se impondrá en las urnas. El pasado 17 de noviembre, en la primera vuelta, la expresidenta obtuvo el 46,74% de los votos emitidos y Matthei el 25,12%.

Sin embargo, el espacio de incertidumbre lo otorga la gran mayoría de electores que se abstuvieron de votar. En la primera vuelta hubo una participación del 49,3% y una abstención del 50,7%. Los politólogos creen que la abstención se mantendrá e inclusive podría ser mayor hoy.

Matthei, en su campaña para la segunda vuelta, ha apelado al miedo de la clase media invitando a todos quienes votaron por ella en noviembre a volver a hacerlo, pero trayendo cada uno a alguien que se haya abstenido para así duplicar su porcentaje. Pero ello no parece factible. La citada “campaña del terror” anuncia, si gana Bachelet, un “clima de incertidumbre económica y polarización política” con consecuencias como caídas de la inversión, del empleo y del crecimiento. Ello, producto del alza de los impuestos a las empresas, aumentos “desmedidos” del salario mínimo, aumento del gasto en programas sociales, debilitamiento del derecho de propiedad, caída de la confianza de los inversionistas y aumento de la corrupción.

Un importante paño de agua fría a la campaña de miedo lo puso el comandante en jefe del Ejército, general Juan Miguel Fuente-Alba Poblete, quien en una columna de opinión publicada en El Mercurio dejó claro el carácter constitucionalista e independiente del Ejército. Una sugestiva e importante columna, porque a 48 horas de la elección, el comandante en jefe del Ejército reitera con claridad meridiana el carácter constitucionalista de su institución. ¿Es que alguien lo había puesto en duda, o se anticipó a eventuales maniobras subterráneas de la derecha ante la inminencia de la victoria de Bachelet?

Dice el general Fuente-Alba en su columna: “(…) Creo que siempre se debe mantener posicionado el Ejército como una institución de todos, que respeta la institucionalidad y protege a los chilenos en sus necesidades”. El general Fuente-Alba deja muy clara la posición institucional ante las variables claves que inciden en un proceso político.

Tales variables —según disciplinas como la politología y la prospectiva— pueden ser identificadas como el carácter constitucionalista de los altos mandos y de la doctrina institucional predominante respecto de la Constitución de la República; el carácter no deliberante y por lo tanto de no injerencia política sino de subordinación a la autoridad civil constitucional; una formación ética, teórica y metodológica con fuerte énfasis en el conocimiento y cumplimiento de tratados internacionales suscritos (en este caso por Chile) respecto de derechos humanos, democracia, pueblos originarios, justicia social, respeto a la diversidad, medio ambiente, etc.; y mandos vigilantes para evitar infiltraciones de agencias extranjeras o asociaciones ilícitas en las instituciones.

Fue precisamente la valoración negativa de estas variables la que desató en 1970 y en 1973 el quiebre entre constitucionalistas y golpistas, que concluyó con el asesinato de los generales René Schneider y Carlos Prats, y la dictadura de Augusto Pinochet. Hoy, el estado de estas variables auguraría un futuro estable.

El gran desafío de Bachelet será cumplir su programa (pues ya tiene el respaldo parlamentario para gran parte del mismo) y mantener el equilibrio de la gobernabilidad democrática. Porque por un lado habrá mucha presión sectorial de los movimientos sociales por los temas de educación y salud gratuitas y de calidad; pensiones y salarios dignos, y por otro, el riesgo de boicot empresarial porque ello supone reforma tributaria afectando utilidades de las empresas y segmentos de mayores ingresos.

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Al cierre de su campaña, Bachelet dijo que los resultados de las elecciones parlamentarias que se realizaron junto con la primera vuelta le otorgan “el piso para comenzar las transformaciones que Chile espera”. Precisó: “Aquí hay una diferencia de fondo entre una opción que piensa que no hay que hacer cambios y la otra alternativa, de quienes creemos que las cosas así como están no pueden seguir, que es necesario hacer los cambios que permitan enfrentar la desigualdad y que el desarrollo llegue a todos y no a unos pocos (…) Tenemos las ideas, la fuerza en el Parlamento y en los consejos regionales, y ahora necesitamos de ustedes, de su familia y de sus amigos, para que este 15 de diciembre vayan a votar y nos den su apoyo”.

 

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