El secretario de Estado de EE. UU., Antony Blinken, siempre ha tenido la imagen de ser un “buen tipo” y alguien con un talento innato para la diplomacia. Cuando era niño, y luego del divorcio de sus padres, recibió a su madrastra, Vera, con un enorme mensaje de gratitud por “hacer feliz a su padre”.
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“Fue el mejor regalo de bodas”, dijo Vera Blinken.
El pequeño Blinken no dejó que el divorcio de sus padres le impidiera darle la mejor bienvenida a la nueva integrante de la familia. Siempre mostraba amabilidad en cualquier situación y, sobre todo, mucha reflexión. En esto influyó su madre, Judith, quien le cultivó la importancia de construir puentes con todo el mundo, y lo hizo a través de la cultura. Es por eso que hoy no sorprende que, de vez en cuando, Blinken tome su guitarra y deleite al público con tributos a The Beatles.
“La música es un estribillo constante en nuestro discurso diplomático”, dijo el secretario de Estado tras una visita a su homólogo japonés, Yishimasa Hayashi, quien resulta ser un hábil pianista y fanático de The Beatles también.
Es un hombre tranquilo, audaz y con un interés enorme por evadir los reflectores. Pero hoy toda la extrema amabilidad que caracteriza a Blinken, así como esa iniciativa por adoptar la música como un canal diplomático —que volvió a ser una postura oficial del Gobierno en 2023—, está siendo fuertemente cuestionada en Estados Unidos. Nahal Toosi, corresponsal de asuntos exteriores de Politco, fue la última en una larga lista de analistas y políticos en preguntarse si el secretario de Estado es “demasiado agradable” para el cargo.
“En este momento parece débil”, escribió Toosi.
La razón de las actuales críticas es la hasta ahora “ineficaz” estrategia del secretario de Estado y la administración de Joe Biden para aplacar totalmente la crisis en Medio Oriente. El pasado fin de semana, Blinken emprendió su quinta gira por la región, con visitas a Arabia Saudí, Egipto y Catar, en la que espera lograr avances para una tregua. Sin embargo, sus llamados hasta el momento han sido poco fructíferos. Al menos en la escena pública.
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De manera reiterativa, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha rechazado las peticiones hechas por el secretario de Estado para desescalar la guerra. La última propuesta que fue desestimada fue un acuerdo para que Arabia Saudita normalizara relaciones con Israel, si a cambio Tel Aviv abría un camino para que Palestina recibiera la condición de Estado.
“Blinken también ha dicho repetidamente que eventualmente debe existir un Estado palestino junto a Israel, y que una Autoridad Palestina reformada debe tomar las riendas en Gaza después de que Hamás sea desarraigado. Pero Netanyahu ha rechazado en múltiples ocasiones estas ideas: claros desaires tanto a Blinken como a Biden”, destaca Toosi.
Según la analista de Politico, esto es culpa del comportamiento blando de Blinken, a quien pide “enojarse más”. No es que Blinken no se enoje, explica Toosi, pero su molestia y frustración queda expresada en privado. Él no es alguien que explote en público, como su antecesor, Mike Pompeo, quien iba en línea con la política de su jefe, Donald Trump, de detonar titulares con un tuit.
“No se le puede pedir peras al olmo”, resume Rafael Piñeros, profesor de la Universidad Externado y experto en temas de diplomacia.
El sello de Blinken es la tranquilidad. “Es una persona que refleja los intereses de una administración demócrata luego de un período tormentoso como el de Trump. Para este gobierno, es a través del diálogo, la mediación, la cautela, que se hacen las cosas. Él refleja todo lo que de un secretario de Estado se espera”, agrega Piñeros.
Los referentes con los que se compara a Blinken, y por los que se le exige ser más estruendoso, van desde Henry Kissinger hasta James Baker, quien en la administración de George H. W. Bush jugó un rol crucial en los Acuerdos de Oslo.
“Siempre tratamos de buscar una figura de comparación en el pasado y tal vez, por la cercanía de su muerte, es Kissinger, quien fue hábil y astuto desde el punto de vista diplomático, pero hubo otros más importantes que contribuyeron a avances como Baker”, dice Piñeros.
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Aquí el experto ofrece tres claves para entender que el trabajo de Blinken puede ir por buen camino, a pesar de las críticas. La primera es que no es su trabajo ser combativo, sino todo lo contrario. Esa no es su característica.
“Si eventualmente EE. UU. debería tener un tono más fuerte, más beligerante, este podría ser el secretario de Defensa, pero Lloyd Austin tuvo una recaída de una operación de próstata por lo que ha estado distante de la situación. En teoría, no es función del secretario de Estado sacar los dientes o mostrar una posición fuerte. El secretario de Estado negocia, disuade, se reúne, convoca… pero él no tiene por qué plantear puntos más gruesos”, dice Piñeros.
La segunda clave está en el trabajo de Baker. Cuando era secretario de Estado, él tenía un consejero, Denis Rose, quien le hablaba al oído. “A veces así, con más personas que hablen por ti, el secretario de Estado puede desenvolverse mejor en su trabajo”, explica el profesor.
Blinken lo ha hecho así: trabajando en equipo. El director de la CIA, William Burns, es quien aborda las conversaciones para la liberación de rehenes, mientras que los enviados especiales Amos Hoschstein y David Sattersfield intentan calmar la tensión con Hezbolá en Líbano y la situación humanitaria en Gaza, respectivamente. Sin embargo, los críticos no ven acá un trabajo en equipo, sino un secretario de Estado que “carece de objetivo”, mientras otros cumplen funciones por él. Es todo lo contrario.
¿Cuál es el objetivo? Esta es la tercera clave. No es otro que “disminuir la espuma” en esta situación, según Piñeros. “Ahorita le pueden estar dando algo de zapato, pero también él cumple su función que es convocar desde el punto de vista diplomático”, agrega el profesor. Sobre si ha cumplido con este, hay evidencia para ambas cosas. Los últimos ataques de grupos cercanos a Irán, que llevaron a la muerte de soldados estadounidenses, es algo criticable que lleva a decir que no se están alcanzando las metas, y el público lo puede notar más. Pero en la pintura completa, hay otros elementos en escena.
“Sus visitas y todo el trabajo que se hace detrás de bambalinas no permite generar una trazabilidad de éxito, pero en medio de todo, frente a los ataques que ha sufrido Israel en la historia, no ha ocurrido una guerra abierta entre Israel y sus vecinos. Eso quiere decir que tal vez se han desarrollado con el tiempo una serie de mecanismos que tal vez no sean tan visibles por la retórica, y que han contribuido a mantener la paz… ahorita no es que tenga la capacidad de negociar, pero disminuye la espuma”, explica Piñeros.
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