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Bloquear a Le Pen

El próximo duelo será entre Emmanuel Macron y Marine Le Pen. Hasta François Fillon pidió votar por el primero para detener a la ultraderechista.

23 de abril de 2017 - 09:13 p. m.
Foto: AFP - PATRICK KOVARIK
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Esta vez los pronósticos no fallaron. Como lo anticiparon estudios estadísticos en Francia, la segunda vuelta presidencial se la disputarán la ultraderechista Marine Le Pen y el centrista proeuropeo Emmanuel Macron. Un claro rechazo a la clase política que ha regido el país desde hace décadas.

Las próximas dos semanas se anticipan intensas y complejas, como relataba en este diario Ricardo Abdahllah, corresponsal en París, “son dos visiones de país, de Europa y el mundo”.

Macron, de 39 años, un exbanquero hasta hace poco desconocido, el único proeuropeísta de los candidatos, favorable a la globalización y la migración, resultó el más votado. Tiene, además, apoyo de buena parte del establishment. Le Pen, de 48, propone salir del euro, limitar la inmigración y reforzar el proteccionismo económico. Se declara de la derecha más radical. Y actúa en consecuencia.

¿Les suena parecido? Este pulso recuerda las más recientes elecciones en Estados Unidos: Hillary Clinton, liberal y promigrantes, contra Donald Trump, conservador y xenófobo. Ojalá éste tenga otro desenlace.

“Hemos superado una etapa”, declaró la líder del Frente Nacional (FN), urgiendo a los franceses a “aprovechar esta oportunidad única para liberar al pueblo francés de las élites arrogantes (…) Está en juego la supervivencia de Francia”.

Discurso que ya había hecho saltar las alarmas ante la ola ultraderechista que se pasea por Europa. Para bloquear el extremismo de Le Pen, los candidatos perdedores ya invitaron a votar por Macron. El más inesperado, su contradictor político número uno, François Fillon. “El extremismo sólo aporta infelicidad y ruina”, aseguró el conservador.

Lo siguió el candidato socialista, Benoît Hamon, golpeado por la derrota más grande de su partido en los últimos años. “Distingo entre un adversario político (Macron) y una enemiga de la República (Le Pen). El momento es serio”, añadió Hamon.

Lucha voto a voto

Lo que queda claro, como ha pasado en los procesos electorales más mediáticos del año pasado y que sacudieron los cimientos de la tradición política (Brexit, plebiscito, EE. UU.) es que los partidos tradicionales se quedaron cortos. Ya no representan a los ciudadanos y generan un amplio rechazo.

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Macron y Le Pen siempre se desmarcaron de las etiquetas de izquierda y derecha. Aunque Macron haya nacido políticamente en el gabinete del saliente François Hollande, no se identifica con ningún partido tradicional.

“Francia no puede responder a los desafíos del siglo XXI con los mismos hombres y las mismas ideas”, dijo al lanzar su candidatura, presentándose como una alternativa a los políticos que han gobernado el país desde hace décadas.

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Macron, cuyas ideas liberales irritaban a sus pares socialistas, cuestiona los fundamentos de una izquierda francesa aún influenciada por una visión marxista de la economía, que ve con recelo al mundo empresarial.

Su discurso, inspirado en el modelo escandinavo, seduce sobre todo a los jóvenes urbanos y al mundo de los negocios en un país en el que la mayoría de la población ya no confía en los partidos políticos tradicionales. Ver más en: (Francia: con pronóstico incierto)

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Le Pen, criada en la derecha más extrema, busca ampliar su base de votantes. La presidenta del Frente Nacional (FN) se ubicó a lo largo de la campaña como la protectora de los intereses de Francia, prometiendo que si gana sacará al país de la Unión Europea (UE), frenará la inmigración y despojará de la nacionalidad a los binacionales condenados por “terrorismo”.

“En el fondo, si tuviera que definirme, creo que contestaría simplemente que soy intensa, orgullosa, fiel, evidentemente francesa. Tomo los insultos a Francia como si fueran contra mí directamente”, dijo durante la campaña.

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Ha abandonado, además, el tradicional discurso nacionalista pero económicamente liberal de su partido, y ahora se presenta como la defensora de los trabajadores perjudicados por la globalización, el “libre comercio desleal” y la “dictadura de Europa”.

Fueron unas elecciones con fuerte vigilancia policial (7.000 gendarmes vigilaron la jornada), pues se celebraron bajo el estado de emergencia decretado a raíz de los atentados de noviembre de 2015 y tres días después de un atentado en París. Pero aun así la participación fue alta: 69,42 %, según datos oficiales.

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“En Francia, como se sospechaba, se pone de manifiesto que la democracia no está en crisis, sino los partidos tradicionales (…) En Francia, como se esperaba, puede comenzar la recuperación de una Europa que crea en su futuro”, escribía José Ignacio Torreblanca en El País.

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