En El Salvador nunca ha gobernado la izquierda. Por eso la posesión de este lunes de Mauricio Funes, del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), tiene trascendencia histórica. En el país centroamericano rondan todavía los fantasmas de una cruel guerra civil que duró 12 años y que les costó la vida a más de 75.000 personas. El FMLN dejó la lucha armada en 1992 con la firma de unos acuerdos de paz y se convirtió en el principal partido político de oposición en un país gobernado durante dos décadas por la Alianza Republicana Nacionalista (Arena), la derecha dura.
El periodista Mauricio Funes, de 49 años, no combatió en el conflicto entre 1980 y 1992, pero sí fue corresponsal de guerra y luego se convirtió en una de las voces más críticas de los gobiernos de turno. Desde sus programas de televisión, Funes denunció toda clase de anomalías e irregularidades en El Salvador. De tan crítico que fue con Arena, el ex corresponsal de la CNN terminó convertido en el candidato de la izquierda.
Y aunque Funes se presente como un intelectual moderado, lo cierto es que detrás de él está una serie de viejos comandantes guerrilleros, que hoy en día siguen teniendo mando en la plaza y que desde que bajaron de la montaña vieron esquivo el poder. Su vicepresidente, Salvador Sánchez, un antiguo guerrillero de la línea dura del FMLN, tendrá, según analistas salvadoreños, una gran influencia en el nuevo presidente. “Funes deberá tener mano de hierro para no caer en las manos de la extrema izquierda que lo rodea”, explicó Darío Mendoza, un politólogo costarricense. “Pero el FMLN sabe que el poder es esquivo y esta será la prueba de fuego para mejorar un país destrozado por el conflicto”, agregó.
Funes ha tratado de mantener distancia con las tendencias políticas de la región. Aunque se empeñen en identificarlo con Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa, el periodista hábilmente ha tomado distancia. En reciente visita que hizo a Venezuela, el presidente salvadoreño aseguró que aunque sentía gran admiración por Hugo Chávez, se identificaba más con el mandatario brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva. “Soy admirador de la moderación política y económica del presidente Lula y eso es lo que le quiero dar a mi país”, aseguró. También se comprometió a estrechar lazos con la administración de Barack Obama para poder combatir el tráfico de drogas, uno de los dolores de cabeza más grandes de El Salvador.
El otro gran reto del nuevo mandatario será acabar con la violencia de las pandillas que han disparado los asesinatos en el país. Se calcula que en El Salvador hay 13.500 pandilleros, de los cuales unos 5.700 están en prisión. Funes comienza su mandato con el viento a su favor. Las pandillas “Mara Salvatrucha” (MS) y “Mara 18” , las más grandes que operan en el país centroamericano, le plantearon la posibilidad de abrir un diálogo. La Iglesia y otros sectores del país también le expresaron su disposición para trabajar con él. El obispo auxiliar de San Salvador, monseñor Gregorio Rosa, lo resume así: “El mayor capital de Funes es la credibilidad y sé que no la va a despilfarrar”.
Todo listo para la transmisión de mando
El príncipe Felipe de Asturias y su esposa Letizia; la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, y al menos 17 mandatarios, entre ellos Álvaro Uribe, Luiz Inácio Lula da Silva de Brasil y Hugo Chávez (Venzuela), asistirán al histórico evento de hoy. También participarán delegaciones de Cuba, China, Vietnam, Libia, Laos y de 25 organismos internacionales.
Una fuerza pública de 1.200 uniformados vigilan el aeropuerto internacional, carreteras, hoteles y el Centro de Ferias y Convenciones, sede de la ceremonia de posesión. 800 periodistas cubrirán el evento.