La anexión de Cisjordania ha sido un tema espinoso desde hace años y mucho se espera sobre el posible anuncio este 1° de julio del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en el que desvelará sus planes de expansión con miras hacia Palestina. Hasta ahora, el mandatario ha sido cauto con sus declaraciones frente a las críticas de la Unión Europea y organismos internacionales que se oponen a cualquier anexión, así como la presión de Estados Unidos para llevarla a cabo cuanto antes.
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La complejidad del tema empieza en la misma definición que hay de la región. Para Naciones Unidas, Cisjordania es un territorio palestino ocupado. Pero Israel no piensa lo mismo y libra una guerra semántica sobre el estatuto de la llamada “Zona C”, que abarca una gran parte de Cisjordania y concentra las tierras que quiere anexar. La división quedó pactada en los Acuerdos de Oslo, en los años 1990, en los que se separó el territorio en tres grandes zonas bautizadas como A, B y C.
Las dos primeras representan el 40 % del territorio y están mayoritariamente bajo control palestino, mientras la zona C (60 %) se encuentra bajo control militar y administrativo israelí, aunque, según los Acuerdos de Oslo, la idea es que se transfiera a los palestinos ese poder al firmar un acuerdo de paz definitivo. Esta cuestión sobre la partición volvió al centro de la actualidad con el anuncio en enero del plan estadounidense para Oriente Medio, que prevé la anexión por Israel del Valle del Jordán y del centenar de colonias israelíes en Cisjordania, así como la creación de un Estado palestino en un territorio reducido.
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En este contexto, el 1° de julio estaba marcada en la agenda como una fecha clave, pues desde hoy Netanyahu puede revelar los detalles sobre la aplicación de este plan, pues así quedó estipulado en el acuerdo suscrito el pasado mayo con Benny Gantz, actual ministro de Defensa y quien asumirá como primer ministro israelí en noviembre 2021.
Eso sí, la crisis sanitaria es un factor tan inesperado como clave en la ecuación, y diferentes analistas aseguran que será determinante porque podría retrasar cualquier movimiento israelí. De hecho, según un sondeo de un canal de televisión local, solo el 5 % de la población cree que la anexión es un tema inminente para el país. “Todo lo que no esté relacionado con la batalla contra el coronavirus esperará hasta después del virus”, dijo el pasado lunes Gantz, quien ha manifestado desacuerdos con el plan de Donald Trump.
Netanyahu parece estar ahora contra la espada y la pared. “El mandatario se pregunta: ‘¿cómo hacer para seguir como primer ministro’”?, asegura Erez Yaacobi, experto en psicología política. “Sabe que la anexión es importante para la derecha, su base electoral. Estratégicamente, si no anexiona, será un problema con sus electores”. Por otro lado, la posibilidad de un conflicto es inminente. Tanto así que en la ciudad de Ramala, la Autoridad Palestina ya ha puesto fin a la cooperación en materia de seguridad con Israel y ha repetido que cualquier anexión anularía los acuerdos con el Estado hebreo.Una de las personas que ha estudiado de cerca el problema es Nimrod Goren, fundador y jefe del Instituto Israelí de Políticas Exteriores Regionales (Mitvim, por su sigla en inglés) y profesor en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Además de completar su doctorado en estudios de Oriente Medio y psicología política de la Universidad Hebrea, participó como consultor en un proceso de resolución de conflictos en Irlanda del Norte. En diálogo con este diario, Goren afirmó que será un proceso largo y lleno de escenarios, entre ellos una escalada del conflicto armado entre Israel y Palestina.
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¿Cuál es el anuncio que se espera desde el Mitvim por parte de Netanyahu?
Lo primero que hay que decir es que no está obligado a anunciar nada en esta fecha. De acuerdo con la coalición, el 1° de julio es la fecha desde la que se puede plantear la anexión. Por lo que pase hoy o cualquier día posterior, puede tardar un tiempo mientras se discute con la Casa Blanca y con la coalición, así que podría tardar hasta agosto o septiembre, nadie lo sabe.
¿Qué implicaciones políticas y sociales puede tener una posible anexión?
Depende de qué tipo de anexión se haga y qué tan grande sea la propuesta, porque hay muchos escenarios. Inicialmente Netanyahu empezó hablando de la anexión del Valle del Jordán y todos los asentamientos que están allí. Eso es un vasto territorio. Hay otra opción, que es que busque anexar un bloque o dos bloques, movimiento que es considerado por los palestinos como un primer movimiento por su parte para seguir en el futuro. Cada tipo de anexión tenderá a una intensidad diferente. Sin embargo, cada una puede ser considerada una violación a la ley internacional, porque en cualquier caso una anexión cruzará la frontera de los parámetros tradicionales de la solución de conflictos, la guía de principios de negociaciones. Todo esto para decir que cualquier decisión, grande o pequeña, será mal vista. Ahora, todo esto son cuestiones políticas, y Netanyahu está acostumbrado a calcular cómo reaccionará la gente o la Casa Blanca.
¿Netanyahu tiene consenso en el interior del gobierno?
Creo que dentro del gobierno no hay tanto consenso, todo lo contrario. Los términos de Benny Gantz y su círculo no querían incluir a Palestina en su proyecto de anexión. Incluso llegaron a decir que no querían afectar el Valle del Jordán. Sin embargo, lo cierto es que ya no tiene poder de acción, por lo que Netanyahu, con su coalición en el Parlamento, tiene la mayoría suficiente para su plan de anexión. No necesita el apoyo de la oposición.
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¿Qué tanto riesgo hay de que estalle un conflicto?
Pienso que hay riesgo de un conflicto, tanto en el medio como en el largo plazo, porque una vez ocurra la posibilidad de que haya una escalada de violencia con los palestinos, es muy alta. No sabemos cómo reaccionarán, pero Hamás ya lo ha dicho, es una declaración de guerra; a largo plazo habrá riesgos para la seguridad, limitará el nivel de maniobra de nuestro país en cuanto a la cooperación sobre este tema.
¿Cómo lo viven los israelíes? ¿Apoyan la decisión?
Durante las últimas semanas hubo un pulso con la opinión pública, no obstante, la anexión ha dejado de ser una prioridad, la gente está preocupada por el nuevo coronavirus, la situación económica, las amenazas internacionales, como lo es el conflicto con Irán. Ya no hay mucha presión pública sobre Netanyahu para que no lo haga, por más de que haya algunas organizaciones civiles en su contra haciendo campañas. El mandatario cree que tiene el poder de decidir lo que quiera y que la gente lo apoyará.
¿Cuáles piensa que serán las reacciones de la comunidad internacional?
Europa está atenta por la cercana relación que hay con Israel y los muchos programas con financiamiento. Muchos de estos quedarían en peligro donde haya una anexión. Se está hablando sobre los programas de desarrollo cultural, otros importantes para la academia y la investigación tecnológica. También hay otros países fuera de la Unión Europea que seguramente limitarán su cooperación y solo queda esperar lo que ocurrirá con Estados Unidos. Es nuestro aliado más importante, donde los liberales y demócratas están claramente en contra de una anexión, pero seguramente habrá consenso y mayoría en el Senado. Por donde se mire hay complicaciones y opciones negativas sobre una anexión.
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¿Qué tanto piensa Netanyahu en las reacciones del mundo árabe?
Por ahora está pensando en que no habrá una reacción muy fuerte por parte del mundo árabe. Por ahora está comportándose como un líder cauteloso, no se está apresurando, pues sabe que puede caer en crisis y conflictos. Creo que sabe que si decide anexar una mayor cantidad de territorio, las consecuencias serán mayores, por lo que puede que decida ir por una anexión más pequeña, pues hay mayores posibilidades de absorber el territorio.