Fue tanto lo que buscó diferenciarse Barack Obama de su predecesor, George W. Bush, durante su campaña a la Presidencia de los Estados Unidos, que muchos esperaban con gran expectativa la promulgación de su Estrategia Nacional de Seguridad, esa misma que en 2002 legitimó la guerra preventiva de la administración republicana y sentó la doctrina unilateral que condujo a la invasión de Irak.
El jueves, Obama finalmente le presentó al mundo la nueva estrategia. En términos generales, está orientada más hacia la concertación multilateral, pese a que, según algunas interpretaciones, no elimina la posibilidad de que Estados Unidos utilice la fuerza de manera unilateral. “Intentaremos agotar otras opciones antes de (recurrir a) la guerra siempre que podamos…”, asegura el documento.
Para muchos, la estrategia es una versión ‘light’ de la doctrina de Bush. Aunque, entre otras cosas, transforma su visión sobre Latinoamérica. Mientras que la Estrategia de 2002 hablaba de Colombia, de sus amenazas internas y del narcotráfico, la estrategia de Obama excluye estos temas de raíz. Sólo menciona a los países latinoamericanos en dos ocasiones: habla de México como un aliado y reconoce la necesidad de luchar juntos contra el tráfico de drogas.
A Brasil le hace un elogioso reconocimiento, enumerando sus logros económicos y asegurando que, como un “líder en el campo del combustible verde”, será un aliado en la lucha contra el cambio climático. ¿Colombia? Ni un rastro.