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Colombia los desvió del tema

Obama no perdió la seriedad y la seguridad, mientras que McCain recayó de nuevo en su ya usual indiferencia.Tras semanas de insultos, ambos tuvieron la oportunidad de sostenerlo cara a cara.

15 de octubre de 2008 - 05:22 p. m.
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Lo que no pasó en el segundo debate, sucedió en la noche de este miércoles: el candidato republicano, John McCain, y el demócrata, Barack Obama, se batieron en una discusión de muchos tonos y colores, alimentada por preguntas inteligentes del moderador Bob Schieffer y en las que sus políticas fiscales, el TLC con Colombia y la guerra sucia entre los dos candidatos calentaron el debate en varias ocasiones.

Como ya se había vaticinado, la preocupación por la salud de la economía se robó buena parte del comienzo y el final de la jornada. Ambos candidatos continuaron en la búsqueda de los votantes de a pie, la clase media norteamericana, que en el debate incluso tomó rostro en el nombre de Joe, El Plomero. Fue McCain quien lo trajo a colación, contando que era un microempresario que no alcanzaría el umbral de exención tributaria que propone Obama. “Hey, Joe —dijo varias veces McCain mirando a la cámara—, te van a subir los impuestos”.

Obama hizo lo suyo, habló a la cámara, miró a los ojos a ese 95% de la clase media que, como afirma, recibirán los beneficios de la reducción de impuestos. Así, la primera parte fue un despliegue de artillería en defensa de sus programas y cuyo mensaje parecía repetirse: Obama quiere defender a la clase media y generar bienestar, y McCain piensa que arremeter contra las corporaciones las empujaría hacia otras tierras, creando más desempleo.

En medio de estas discusiones, el moderador le preguntó a un Obama tranquilo y seguro, y a un McCain confiado y, como es usual, ácido y algo agresivo, qué planes tenían para garantizar independencia energética.

Obama no se dio cuenta, pero a mitad de la respuesta se vio atacado por McCain, quien le reprochaba con ahínco que no respaldara el TLC con Colombia, “nuestro mayor aliado en Suramérica”, dijo el republicano. “Tal vez se debe a que nunca has pasado de la frontera sur. Deberías ir a visitarlos, tal vez así los entenderías”.

Obama sonrió perplejo. “Claro que los entiendo. Sé que allá hay violaciones a los derechos humanos y nosotros tenemos que defender los derechos de los sindicalistas en Colombia”.

“Obama no quiere apoyar a nuestros aliados, pero se quiere reunir con Chávez, sin precondiciones, cuando éste ha apoyado a las Farc”, arremetió McCain, y de nuevo esbozó su sonrisa torcida.

Del aborto pasaron a la seguridad social, y entre lo uno y lo otro, se reprocharon los insultos y las calumnias de las últimas semanas. “No podemos caracterizar al otro como una mala persona”, reflexionó Obama. McCain, insistió en pedirle cuentas por sus nexos con el terrorista Bill Ayers.

Tras dos debates algo planos y predecibles, la despedida estuvo movida.

El último round de McCain fue un debate divertido.

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