Mientras el presidente estadounidense, Donald Trump, atacaba a la Universidad de Berkeley por cancelar un evento con un conferencista de ultraderecha, el presidente ruso, Vladimir Putin, amenazaba a Ucrania. Una muestra de lo que es importante para cada uno.
El gobierno de Donald Trump sigue sin pronunciarse respecto a la crisis en Ucrania, mientras fuerzas de ese país y rebeldes prorrusos se enfrentan en Donetsk y Donbás. Putin, en cambio, ha arremetido contra Kiev, acusando al gobierno ucraniano de ser responsable de esta nueva crisis.
Durante una visita a Hungría, uno de sus aliados, Putin dijo que el gobierno ucraniano está tratando de llamar la atención de Estados Unidos y de la Unión Europea (UE) con esta nueva escalada violenta que ya ha cobrado la vida de por lo menos 21 personas.
Por su parte, el presidente ucraniano, Petro Poroshenko, ha anunciado su intención de convocar a un nuevo referendo para que su país decida si se adhiere a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) o no.
“Cuatro años atrás, el 16 % de la población de Ucrania apoyaba el ingreso a la OTAN. Ahora (hay) un 54 % (de apoyo). Como presidente atiendo a la opinión de mi pueblo y celebraré un referendo”, dijo Poroshenko en entrevista con un periódico alemán.
Y ayer dijo que “el mundo debe ser más activo en la presión sobre Rusia para obtener un alto al fuego”. Todos tienen sus alarmas encendidas. Tanto Rusia como la UE. De hecho, Ucrania va a ser uno de los temas claves de la cumbre de ese bloque continental, convocada para hoy en Malta. Todos parecieran a la espera. Excepto Trump.
Pero el presidente estadounidense no puede guardar silencio por mucho tiempo: Ucrania va a ser, quizás, su primera prueba de fuego. Y puede que salga muy mal librado. Tendrá que hacer de equilibrista.
La supuesta amistad entre Putin y Trump fue uno de los temas de la contienda presidencial en la que Trump se impuso a Hillary Clinton.
Y muchos —entre ellos el mismo Senado de los Estados Unidos, de mayoría republicana— se mostraron preocupados sobre si Trump se enfrentaría a Putin ante eventuales excesos de su parte. El temor fue mayor cuando Trump dio a conocer el nombre de su candidato para el Departamento de Estado: Rex Tillerson.
Tillerson, expresidente de Exxon Mobil, fue condecorado en su momento con la Orden de la Amistad por el mismo Vladimir Putin. No parece, por lo tanto, ser el hombre para enfrentarse al presidente ruso.
Las dudas se han acrecentado tras los rumores de que Trump va a levantar, tarde o temprano, las sanciones que el expresidente Barack Obama le impuso a Rusia por su participación en la crisis ucraniana. Y, aunque ha dicho que es muy temprano para hablar de ello, ya ha reducido algunas sanciones.
Ayer, por ejemplo, lo hizo con el Servicio Federal de Seguridad (FSB, por sus siglas en ruso). No se trata de una entidad cualquiera, sino de la antigua KGB, que el mismo Putin dirigió antes de ser presidente y que Obama sancionó. No es un buen panorama.
Pero el problema no es sólo que Trump se haga el de la vista gorda ante los abusos rusos, mientras se ensaña con otros países, como Irán. Es que, de esta forma, pone en riesgo sus relaciones con algunos de sus principales socios y actores claves del sistema internacional, como la UE, que ya ha dicho que no puede seguir dependiendo de Estados Unidos para su seguridad.
A la canciller alemana, Ángela Merkel, no es tan fácil colgarle el teléfono como al primer ministro australiano, Malcolm Turnbull. El problema es que es casi un juego de suma cero para Trump: si apoya abiertamente a Putin se gana la enemistad de la UE (y la OTAN), y viceversa.
Sin embargo, si se queda quieto se puede topar, de repente, con un conflicto de grandes proporciones en Europa oriental, donde comenzaron ambas guerras mundiales. Va a ser una prueba de fuego para un presidente sin experiencia política ni diplomática y con un Putin que, a sabiendas de esto, anda desatado.
Mientras este pulso entre potencias se desenvuelve, mientras el mundo se reorganiza y mientras Trump sigue preocupado por el rating de El aprendiz, en Ucrania, en Siria, en Palestina, en varios países, sigue muriendo gente.