El gobierno de Costa Rica anunció este martes que abrirá las puertas como refugio de paso a los centroamericanos de El Salvador, Guatemala y Honduras que buscan llegar a Estados Unidos. Tras un convenio firmado con Acnur, y en el que también se incluye el gobierno de Barack Obama, Costa Rica servirá como país de paso mientras los migrantes tramitan su llegada al país norteamericano. (Lea aquí sobre la lucha para emplear a los refugiados en Costa Rica)
Las autoridades costarricenses recibirán en su territorio a aquellos cuya situación ya ha sido evaluada por las oficinas migrantes en EE.UU. Los nacionales de estos países huyen a causa de la violencia entre pandillas, las extorsiones y los asesinatos, que ha aumentado hasta el punto de que se llenaron 110.000 solicitudes de asilo en 2015, cinco veces más que en 2012. El representante de Acnur en Centroamérica, Carlos Maldonado, dijo: “Estas personas estarán un máximo de seis meses en Costa Rica con una visa humanitaria y saldrán posteriormente a un tercer país”. Costa Rica recibirá grupos de máximo 200 personas en cada período de refugio.
El principal receptor de estos migrantes será EE.UU. (durante el anuncio, al que asistió AFP, no se precisó el número de beneficiarios), aunque algunos de ellos irán también hacia Canadá —un país con una tradición extensa de refugio— y Suecia. En Costa Rica serán instalados en refugios dentro del Área Metropolitana y recibirán cursos de inglés y de integración cultural, para que su asentamiento sea más sencillo y efectivo.
Costa Rica ha sido noticia en los últimos meses pues numerosos africanos y cubanos se encuentran varados en su frontera, luego de que Nicaragua se negara a recibirlos en su tránsito hacia EE.UU. Panamá también cerró su frontera y cientos de migrantes se quedaron esperando una respuesta oficial a su situación. Este programa estará dirigido sólo para los centroamericanos cuyos casos son estudiados por EE.UU. Sin embargo, el flujo de cubanos y africanos continúa: más de 2.000 se encuentran en las puertas fronterizas para seguir su camino hacia el norte.
Al mismo tiempo, el gobierno estadounidense —aliado esencial en este programa de refugio— afirmó que desde esta semana amplía el programa de refugiados para la población vulnerable de Centroamérica. El programa, como había sido determinado hasta esta semana, permitía que un padre centroamericano con residencia legal en EE.UU. pidiera el refugio para sus hijos menores de 21 años.
En cambio, la ampliación del programa permite que los hijos mayores de 21 años, una cuidadora con vínculos familiares y el otro padre pueden acceder al programa de refugio de manera directa, según el estudio de su vulnerabilidad. El Departamento de Seguridad Interior, según cifras entregadas esta semana, ha recibido más de 9.500 solicitudes de refugio (han llegado hasta ahora 267 jóvenes y niños, la mayoría de El Salvador). En ocasiones, los menores de edad realizan solos el viaje para encontrarse con sus padres. La idea de esta ampliación es reducir el número de niños que se embarcan en esa travesía.
Entrevistado por el diario The Guardian, Greg Chen, miembro de la Asociación de Abogados para la Migración en Estados Unidos (AILA, por sus siglas en inglés), dijo que una de las preocupaciones de este nuevo programa es que parece dejar por fuera a grupos vulnerables que están en situación ilegal en Estados Unidos y que también requieren protección (el programa es sólo para los residentes legales). “La política de la fuerza agresiva, la detención agresiva y la supresión de estos solicitantes de asilo de Centroamérica está en contradicción con los esfuerzos para proveerles una protección real”.