“No creo que Trump pueda llamarme amigo (…) Nunca nos hemos visto en persona”, dijo hace una semana Vladimir Putin cuando lo cuestionaron por su supuesta amistad con el presidente de Estados Unidos, a quien va a conocer hoy en Hamburgo (Alemania).
Sin embargo, le volvió a declarar su admiración: “No se le puede poner en la misma categoría que a los políticos tradicionales. Le veo grandes ventajas porque tiene una mirada fresca”.
Ya antes le había lanzado otros piropos: “Es brillante, muy pintoresco, tiene mucho talento. Un líder absoluto”, dijo el presidente ruso cuando el magnate era candidato presidencial. “Es un gran honor ser halagado de esa forma por un hombre tan respetado dentro de su país y más allá”, le devolvió Trump.
De hecho, la primera llamada de Trump como presidente desde el Despacho Oval de la Casa Blanca fue al Kremlin. Habló durante 45 minutos con el líder ruso y acordaron cooperar en Siria, en seguridad y otros aspectos. Hasta ahí, la amistad “virtual” comenzaba a crecer.
Pero como Trump se desdice cada cinco minutos, en promedio, y reacciona inesperadamente ante las críticas, pues algo así ha hecho con Rusia. Acosado por las revelaciones sobre la supuesta intervención rusa en las elecciones presidenciales de 2016 (claro, a su favor), el republicano ha intentado tomar distancia de su proyecto de “mejor amigo”. No sólo le ha impuesto más sanciones al régimen ruso por temas como Ucrania, sino que ahora asegura que Rusia no es confiable.
(Lea también: La larga mano de Vladimir Putin)
Unas horas antes del encuentro de hoy en Alemania, Putin dijo desde Polonia, donde hizo una escala: “Estados Unidos trabaja con sus aliados para oponerse a las acciones de Rusia y a su comportamiento desestabilizador”
Cuando le preguntaron sobre la supuesta interferencia rusa en las urnas agregó: “Creo que perfectamente pudo ser Rusia. Pienso que también pudo haber otros países. No seré específico. Pero creo que mucha gente interfirió”.
Michael Flynn, consejero de Seguridad Nacional, fue despedido por sus contactos con funcionarios rusos durante las elecciones; James Comey, exdirector del FBI y quien investigaba la trama rusa, también fue despedido; el fiscal general y secretario de Justicia, Jeff Sessions, también tuvo contactos con funcionarios rusos y, dicen, se distancia cada vez más de Trump.
Sólo una pequeña muestra de lo grande que es el tema en Washington. Por eso el fiscal especial e independiente, Robert Mueller, de quien el entorno de Trump ya ha dicho que no le gusta y lo podría despedir, avanza en las pesquisas.
Putin guarda silencio e incluso se burla de este tema. Explicaba el historiador y analista Miguel Benito, en El Espectador, que “Putin sólo está encantado ante el espectáculo. Encantado de que se hable de él y de su Rusia. Encantado porque parezca que, de nuevo, el mundo se divide entre Estados Unidos y Rusia. Encantado de que se hable de algo como una nueva Guerra Fría”.
(Le puede interesar: Putin se reunirá con Trump durante la cumbre del G20 en Alemania)
La prensa europea recuerda por estos días cuando Donald Trump hizo una visita a Moscú. Fue en 2013, y hasta ahora no se han encontrado evidencias de que se haya reunido con Putin o algún asesor. Dicen medios estadounidenses que el jefe del Kremlin tiene información valiosa de aquel viaje y chantajea a Trump con publicarla. Pero Moscú responde: “Cuando Trump vino a Rusia no era un político, nosotros no sabíamos ni siquiera de sus ambiciones políticas (…) Era sólo un hombre de negocios, uno de los hombres más ricos de EE. UU. ¿Acaso alguien cree que los servicios de seguridad persiguen a cada multimillonario estadounidense? Por supuesto que no, es sólo un completo absurdo”.
Putin comparte con el presidente estadounidense la categoría de líder imprevisible. ¿La cita de la improvisación?