Los cerca de 250.000 mensajes del Departamento de Estado de Estados Unidos, obtenidos por la página digital Wikileaks, en los que se descubren episodios inéditos ocurridos en los puntos más conflictivos del mundo, así como otros muchos sucesos y datos de relevancia que desnudan la política exterior norteamericana, sacan a la luz sus mecanismos y sus fuentes, dejan en evidencia sus debilidades y obsesiones, y en conjunto facilitan la comprensión por parte de los ciudadanos de las circunstancias en las que se desarrolla el lado oscuro de las relaciones internacionales.
Estos documentos recogen comentarios e informes elaborados por funcionarios estadounidenses, con un lenguaje muy franco, sobre personalidades de todo el mundo. Queda en evidencia, por ejemplo, la sospecha norteamericana de que la política rusa está en manos de Vladimir Putin. Del primer ministro italiano se expone la desconfianza profunda que despierta en Washington. Tampoco muestra la diplomacia estadounidense un gran aprecio por el presidente francés, Nicolás Sarkozy, a quien se sigue con gran meticulosidad acerca de cualquier movimiento para obstaculizar la política exterior de Estados Unidos.
Los cables prueban la intensa actividad de ese país para bloquear a Irán, el enorme juego que se desarrolla en torno a China, cuyo predominio en Asia se da casi por aceptado. Las filtraciones muestran a una China dispuesta a aceptar una reunificación de Corea y la ve cada vez más distanciada de su aliado norcoreano.
También hablan sobre los esfuerzos de EE.UU. por cortejar a países de América Latina para aislar al venezolano Hugo Chávez. En ocasiones, las expresiones usadas en los documentos son de tal naturaleza que pueden dinamitar las relaciones de EE.UU. con algunos de sus principales aliados; en otras, pueden ponerse en riesgo proyectos importantes de su política exterior, como el acercamiento a Rusia o el apoyo de ciertos gobiernos árabes.
El alcance de estas revelaciones es de tal calibre que, seguramente, se podrá hablar de un antes y un después en lo que respecta a los hábitos diplomáticos. Esta filtración acabaría con una era de la política exterior: los métodos tradicionales de comunicación y las prácticas empleadas para la consecución de información quedan en entredicho.
Todos los servicios diplomáticos del mundo, y especialmente de EE.UU, donde esta filtración se suma a anteriores de menor trascendencia con papeles relativos a Irak y Afganistán, tendrán que replantearse desde este momento su modo de operar y, probablemente, modificar sus prácticas.
Los documentos —251.287 mensajes que cubren un período hasta febrero de 2010 y, en su mayor parte, afectan a los dos últimos años— fueron facilitados por Wikileaks hace varias semanas, además de a El País, a los diarios The Guardian, del Reino Unido; The New York Times, de Estados Unidos; Le Monde, de Francia, y al semanario Der Spiegel, de Alemania. Cada medio ha trabajado por separado en la valoración y selección del material y publicarán aquellas historias que cada uno considere de mayor interés.
Se recogen los movimientos entre EE.UU. y sus aliados para enfrentar al radicalismo islámico, así como detalles de que las órdenes para el boicot a Google en China provienen del propio Politburó o de los negocios conjuntos de Putin y Berlusconi en el sector del gas. Se descubre el pánico que los planes armamentísticos de Irán, incluido su programa nuclear, despiertan entre los países árabes, hasta el punto de que alguno de sus gobernantes llegan a sugerir que es preferible una guerra convencional hoy que un Irán nuclear mañana.
La primera entrega reveló las instrucciones que el Departamento de Estado dio a sus diplomáticos en la ONU y en algunos países para desarrollar una labor de espionaje sobre el secretario general de ese organismo, sus principales oficinas y sus más delicadas misiones. En cuanto a América Latina, revela juicios de diplomáticos norteamericanos y de muchos de sus interlocutores sobre el carácter, aficiones y pecados de las figuras más controvertidas.
Hoy, El País revelará las sospechas de que la presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, también publicará algunas gestiones que la diplomacia norteamericana ha realizado para repatriar a los presos de Guantánamo, así como la intensa actividad en Asia para frenar el peligro que representa Corea del Norte.
Diálogo Bogotá-Washington
El embajador de EE.UU en Colombia, Michael McKinley, descartó que las relaciones de Bogotá con Washington se vean afectadas a raíz de datos presuntamente confidenciales del Departamento de Estado difundidos por Wikileaks. “Quiero resaltar que en el caso de Colombia tenemos una relación estrechísima, no sólo con el Gobierno, sino con el pueblo, y así seguiremos”, agregó. McKinley contó que habló con el gobierno del presidente Juan M. Santos para tratar el asunto y dijo ignorar el contenido de cerca de 2.400 documentos que tendrían relación con Colombia, aunque se conoció que versaban sobre derechos humanos, terrorismo y apoyo militar. La canciller colombiana, María A. Holguín, aseguró que las filtraciones ponen en aprietos la diplomacia estadounidense, mientras la Casa de Nariño se solidarizó con el presidente Barack Obama y lamentó la filtración.