“Estamos evaluando los distintos programas y políticas, pero la inclinación general es de intentar permanecer involucrados en los asuntos que han sido importantes durante siglos, como el desarrollo, (la lucha) antinarcóticos” y las buenas relaciones, dijo Goldberg.
El diplomático formuló estas declaraciones durante un encuentro con periodistas en el Diálogo Interamericano, un centro de análisis político, en Washington.
Se trata de la primera aparición en público de Goldberg en Washington desde que la semana pasada fue declarado “persona no grata” y expulsado por el Gobierno del presidente boliviano, Evo Morales, que lo acusó de instar a la violencia generada por la oposición política.
Goldberg manifestó el deseo de Washington de continuar cooperando con el Gobierno de Morales en la lucha antinarcóticos, pese a la decisión de EE.UU. de retirarle a Bolivia la “certificación” en la lucha global contra el narcotráfico.
No obstante, señaló: “Tenemos que calibrar nuestro proceso de toma decisiones” en respuesta a las acciones de La Paz, porque “se trata de una relación de doble vía”.
Asimismo, Golberg, que presentó sus credenciales en Bolivia el 13 de octubre de 2006, indicó que el Gobierno de EE.UU. está evaluando si recomienda o no la extensión de las preferencias arancelarias andinas, que vencen en diciembre próximo.
Sin embargo, destacó que “las preferencias arancelarias son antes que nada una decisión del Congreso bajo las leyes en vigencia” y que el Legislativo también tendrá que decidir si incluye o no a Bolivia en esa posible extensión.
Se prevé que el Congreso decida sobre el asunto para fines de septiembre y, según Goldberg, el Gobierno de Bolivia ha dejado entrever que desea la continuación de esas preferencias, contenidas en el programa conocido por su sigla en inglés ATPDEA.
Golberg dijo que a Washington le preocupan los lazos que están desarrollando Bolivia e Irán, al indicar que EE.UU. sabe “la naturaleza” de ese país.
El Gobierno iraní, al que Washington acusa de querer desarrollar armas nucleares, ha abierto una embajada en La Paz y Morales, a su regreso de un viaje reciente a Teherán, hizo declaraciones de admiración a esa administración.
Irán también ha anunciado un proyecto de inversión en el sector de gas de Bolivia y los vínculos entre ambos países, lejos de ser meramente económicos -como le aseguraron a Goldberg- han “evolucionado en una relación política”, señaló el diplomático.
También se refirió a la influencia de Venezuela en Bolivia mediante programas de asistencia que marcan, según él, una “diferencia filosófica” respecto a los programas de asistencia y desarrollo de EE.UU.
Por otra parte, Goldberg negó rotundamente las acusaciones y las teorías de conspiración vertidas contra él y EE.UU., aunque dijo comprender las sospechas de Morales.
“Comprendo las sospechas, pero no creo que sean justas, no creo que son correctas o que se apoyan en los hechos”, manifestó.
“Nunca hemos hecho nada más que participar en proyectos de desarrollo, proyectos contra el narcotráfico. Ese fue nuestro deber y sigue siendo nuestro deber en Bolivia”, explicó.
A su juicio, su expulsión de La Paz responde a tres factores: el uso de EE.UU. como pretexto o “distracción” a la crisis interna; factores externos, como la presencia de Venezuela e Irán, y las pugnas entre las fuerzas de autonomía y centralismo.
Consideró que no hay nada malo en que un diplomático estadounidense se reúna con líderes de la oposición, especialmente en un momento tan conflictivo en ese país.
“No hay nada malo en ello, es parte de nuestro trabajo”, sostuvo, al referirse a las reuniones “no muy frecuentes” que sostuvo con líderes opositores en Pando, Cochabamba y Santa Cruz.
Goldberg dijo que el Gobierno de Bolivia ha tomado medidas que dificultan la relación bilateral, como la expulsión de un equipo de la Dirección Estadounidense Antinarcóticos (DEA) y de la Agencia de EE.UU. para el Desarrollo Internacional (USAID) de la región cocalera del Chapare.
“No ayuda a una relación bilateral lanzar acusaciones que son completamente falsas”, concluyó.