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El heredero de Pancho Villa

Con un estilo que mezcla la mano dura y la pedagogía, el general Carlos Villa ha logrado, poco a poco, revolucionar la Policía Municipal de Torreón en México.

08 de enero de 2011 - 04:58 p. m.
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En la historia de la Revolución Mexicana, la ciudad de Torreón (en el estado norteño de Coahuila) siempre será recordada por las batallas que sostuvo el general Francisco Villa contra el ejército de los federales, alienados al gobierno regente, en la segunda década del siglo XX. Ahora, a casi cien años de esos episodios, un familiar del legendario revolucionario lucha en la misma región.

Se trata del general Carlos Bibiano Villa Castillo —nieto de Jesús Arango, alias El Visco, primo hermano de Doroteo Arango, mejor conocido como Francisco Villa—, que actualmente es el director general de Seguridad Pública Municipal de Torreón.

“Soy de Francisco y Madero, Durango, o sea a 20 km de La Coyotada, municipio de San Juan del Río, de donde también es Francisco Villa. Soy el penúltimo de 38 hermanos, aunque sólo cinco son carnales (de padre y madre). Soy militar 100%, nací en el ejército a los 16 años con tres meses. Salí del servicio activo del ejército después de 43 años. Llevo ahorita dos años fuera del ejército por haber cumplido la edad límite del ejercicio”, dice Villa Castillo con su voz gruesa, su acento marcado y su ritmo pausado al entablar la conversación con El Espectador.

Desde que asumió el cargo el 1° de enero de 2010, el heredero de Pancho Villa inició una guerra frontal contra los dos problemas más grandes de la seguridad local: el narco y la corrupción que corroía el seno de la Policía Municipal. Es por eso que desde su primer día en el cargo emprendió una lucha contra los policías corrompidos que encontró, con la intención de desajustar el andamiaje montado por la delincuencia.

“Cuando recibí la policía no necesitábamos delincuentes, ¿por qué? Porque los teníamos aquí en la misma dirección. En esa época tenía una fuerza de 1.500 policías entre los operativos, los viales y los demás administrativos. Pero de los 1.100 operativos, mil estaban con el narco y cobraban por dos partes. Se imagina usted llegar y dormir con el enemigo, pues como que no se vale”, afirma el comandante con tono de indignación.

A pesar de tener el mismo apellido, el Villa moderno dista mucho de los métodos sanguinarios aplicados por su ancestro a comienzos del siglo XX. Detrás de su formación castrense, este ex general del ejército de 63 años tiene algo de pedagogo. Y es por eso que tomó la decisión de empezar de cero y reformar toda la institución. La idea: contratar nuevos uniformados para adiestrarlos y concientizarlos de que deben estar comprometidos, para así crear una cultura de la legalidad.

Sin embargo, en un principio estuvo a punto de perder la batalla cuando todo el cuerpo policial se subordinó en su contra y llamó a la huelga. “Por suerte para mí el presidente municipal, Eduardo Olmos Castro, me respaldó y gracias al apoyo limpiamos la institución. A la fecha tenemos lo mínimo que se requiere, que son 700 elementos. Que quede claro que aquí lo más difícil es tener policías comprometidos con los torreonenses para que la misma población se sienta segura de su policía y no pase lo que sucedía anteriormente, cuando encontrarse con un policía daba miedo”, dice.

Pero el general Villa Castillo es consciente de que crear una policía incorruptible no es gratis. Es por eso que, así como su pariente lo hizo en el siglo pasado, emprendió una batalla de índole social para mejorar las condiciones salariales, de cobertura de salud y de vivienda de sus “elementos”.

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Gracias a esa lucha constante, luego de un año en el cargo, puede ufanarse de haber logrado que los salarios de los policías hayan aumentado 20% (lo cual ha llevado a las fuerzas de policía de Torreón a estar entre las cinco mejor remuneradas de México), de haber conseguido que el seguro médico de los oficiales cubra gastos clínicos mayores (como la pérdida de un órgano) y de que ahora tengan seguro de vida (con lo cual si un oficial muere en servicio, su familia recibiría US$40.000).

De igual manera, gracias a su labor, la municipalidad creó un programa para que cada policía tenga su propia casa. “Se van a comprar 700 casas para darle una a cada policía operativo. A cambio, lo único que se les pide es que estén operativos 15 años, con eso no van a pagar un peso, ni un centavo”, afirma el jefe policial.

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Al igual que el Centauro del Norte, Villa Castillo despierta sentimientos encontrados entre la población. Algunos lo ven con admiración, mientras otros ni siquiera se atreven a mirarlo por temor. Sin embargo no le importa, porque él solo quiere “que quede claro que es un funcionario incorruptible” que 100 años después de las andadas de su ancestro, revolucionó la Policía Municipal de Torreón.

‘El Centauro del Norte’

Su verdadero nombre fue José Doroteo Arango Arámbula, sin embargo, la historia lo bautizó como Francisco Villa. Una combinación de admiración, repulsión y fascinación rodeó a este hombre de bigote prominente y sombrero de mariachi que lideró, junto con Emiliano Zapata, Venustiano Carranza y Álvaro Obregón la Revolución Mexicana, que tuvo como objetivo fomentar una reforma agraria que beneficiara al campesinado del país, en detrimento de los hacendados.

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Analfabeto, mujeriego, bandolero y asesino, Pancho Villa siempre estuvo muy lejos de los estándares del prohombre libertario. No obstante, su espíritu socialista y combativo hizo de este caudillo uno los héroes nacionales de la República Federal de los Estados Unidos Mexicanos.

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