William Fallon tuvo hasta el martes al Medio Oriente en sus manos. Como cabeza de las Fuerzas Militares norteamericanas apostadas en la región, regía el metódico quehacer estratégico de sus tropas. Como diplomático ‘de facto’, era un canal de diálogo permanente para Estados Unidos, en una zona con tantos focos de tensión bélica, que su mapa parece tendido sobre brasas.
Fallon renunció ayer a su puesto como almirante del Comando Central por tomar una posición de paradójica contrariedad con el gobierno de su Comandante en Jefe, George W. Bush: negarse a declararle la guerra a Irán.
A Fallon sus amigos lo llaman ‘Fox’, ‘el zorro’, alias críptico con el que se identificaba al pilotear un RA-5C Vigilante, con el que recién graduado de la Universidad de Villanova, en 1967, realizó maniobras de combate en la guerra de Vietnam.
Desde ese momento, la carrera de ‘Fox’, que cumplió 40 años en el 2007, ascendió aceleradamente. Su hoja de vida es un completo inventario de los principales movimientos geopolíticos y militares de los Estados Unidos en la post-guerra fría. Comandó dos escuadrones de ataque durante la operación Tormenta del Desierto, en Irak, en 1991 y luego lideró a las fuerzas que por primera vez hicieron presencia en Bosnia tras la crisis en los Balcanes. Finalmente, tras varios años con la OTAN, le fueron asignados los dos puestos de comando más importantes de las fuerzas militares norteamericanas: primero, fue comandante de las Fuerzas del Pacífico y luego, cabeza del Comando Central de los Estados Unidos.
Después de una temporada buscando la estabilidad de las relaciones con China, Fallon fue llamado por Robert Gates, quien remplazó a Donald Rumsfeld como Secretario de Defensa en el 2006, para que el exitoso comandante supervisara las operaciones norteamericanas en Medio Oriente. El almirante tuvo entonces que hacerse cargo de una región cuyo cúmulo de problemas nunca ha podido ser ordenado por prioridades: en Afganistán, la insurgencia Talibán; en Pakistán, la inestabilidad política que condujo al asesinato de Benazir Butto; en Israel, el consabido y sangriento conflicto árabe-israelí; en Irak, los desastrosos resultados de la invasión norteamericana; y en Irán, un anunciado plan de armamento nuclear que tiene a la región y los norteamericanos sin saber cómo proceder.
Pese a la retórica belicista de Bush, quien en los últimos meses no cesa de repetir que el próximo país en guerra con EU será Irán, Fallon se opuso a entrar en directa confrontación con los iraníes. Al contrario, emprendió una campaña mediática, de comentarios reservados, donde insistía en que antes de crear otro foco de tensión bélica en la región, era necesario que Estados Unidos utilizara su fuerza militar como herramienta de disuasión para lograr un diálogo diplomático con Teherán.
Precisamente fue este discurso “blando”, desde el punto de vista neoconservador, lo que precipitó su renuncia, a la vez que los choques entre Fallon y su superior en Washington, entraban en constante contradicción.
La gota que derramó la copa fue un artículo publicado en la revista Esquire, medio aparentemente inofensivo, pero que con su título: “El hombre entre la guerra y la paz”, expuso pública y abiertamente los puntos de choque entre el comandante y su gobierno.
El perfil, escrito por el analista Thomas P.M. Barnette, describe los últimos meses de trabajo de Fallon en la zona. Cuenta cómo solía viajar frecuentemente entre los países del Medio Oriente y se rehusaba a trabajar desde su base, en Tampa. Fallon era el centro norteamericano en cada reunión social, de Egipto a Afganistán, y su papel como generador de diálogo no tenía otro propósito que estabilizar algunos de los focos de tensión que emergían frecuentemente en los países árabes, y garantizar lo que él consideraba la mejor estrategia para los intereses norteamericanos.
Pero aparentemente la guerra puede más. Muchos analistas consultados por Barnette, coinciden en que la salida de Fellon implicaría un ataque inminente a Irán, que podría ser consumado antes de que Bush y su equipo dejen la administración. Sin embargo, el mismo Fellon desmintió esa hipótesis, durante la rueda de prensa en que anunció su dimisión.
No obstante, la duda queda. Bush endureció sus diatribas contra Irán. Su comandante se le opuso sistemáticamente. Ahora que está fuera del camino, no habrá mejor declaración de guerra o de diálogo, que el nombre del nuevo comandante que deberá coordinar las operaciones, en la zona geográfica más crucial para la política internacional de Estados Unidos.