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El regreso de Néstor Kirchner

Se da por descontado que el próximo martes los doce países miembros de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) elijan al ex presidente argentino para dirigir la organización. Así fue la estrategia detrás de su candidatura.

01 de mayo de 2010 - 04:00 p. m.
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Si las cuentas no fallan y la estrategia diplomática emprendida desde hace varios meses por la Cancillería argentina da resultado, el próximo martes el ex mandatario austral Néstor Kirchner volverá a ser presidente, al ser elegido como secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). Su elección se da como un hecho desde el gobierno de su esposa, Cristina Fernández, donde se han enfilado todas las baterías para conseguir aquello que fue esquivo en 2008, cuando Uruguay vetó las intenciones del argentino.

Bajo este marco, la Cumbre de Unasur, prevista para el próximo 4 de mayo en Buenos Aires, podría marcar un antes y un después en el organismo y en el futuro político del ex presidente, según lo contemplan varios analistas consultados por El Espectador.

Fuera del gobierno son pocos los que celebran que Kirchner sea la cabeza de un ente regional. Analistas y opositores concuerdan en afirmar que la ambición de Kirchner excede ampliamente sus conocimientos sobre materia internacional. “Es un hombre que en las relaciones exteriores ha generado conflicto, que ha subordinado la política exterior de nuestro país a las conveniencias políticas personales de él”, advierte el diputado opositor Federico Pinedo. A puerta cerrada, se habla incluso de que esta movida diplomática es una pieza más en el engranaje que busca llevarlo de vuelta al poder. A la verdadera presidencia a la que aspira, con asiento en la Casa Rosada.

Néstor Kirchner, de 60 años, no ha estado lejos de los escándalos en su trasegar político. Fue gobernador de la provincia de Santa Cruz por más de una década, luego de lo cual se le acusó de haber robado las reservas generadas por la exploración de petróleo.

Tras la crisis institucional vivida en Argentina en 2001, fue elegido presidente, cargo que entregó a su esposa en 2007. El poder y el dinero lo obsesionan, sostiene el también ex presidente Ernesto Duhalde, uno de sus principales opositores.

El plan Unasur

Desde antes de dejar la presidencia ideó junto a un equipo de colaboradores el Operativo Clamor, una estrategia que le permitiría volver a la Casa Rosada en 2011 y el cual parece tener un ingrediente internacional. Desde inicios de 2009, el plan para la elección de Kirchner comenzó a gestarse de la mano de dos viejos conocidos: el presidente de Ecuador, Rafael Correa, y el actual coordinador de la Unidad Presidente de la Casa Rosada, Rafael Folonier, quien, casi desde el anonimato, ha sido pieza clave en la relación del matrimonio presidencial con los distintos gobiernos de izquierda en el continente.

En una primera instancia, tal como había ocurrido en 2008, el plan chocó con la resistencia del uruguayo Tabaré Vázquez, en uno de los picos de tensión que lo enfrentó con el gobierno argentino por la instalación de industrias pasteras en el Río de la Plata.

Sin embargo, Kirchner no abandonó su idea de posicionarse a nivel internacional. Siguió aceitando su regreso al poder y en las elecciones legislativas de 2009 fue elegido diputado por la Provincia de Buenos Aires, cargo en el que se posesionó a finales de año. Comenzando 2010, y con nuevos actores en el escenario (los presidentes José Mujica en Uruguay y Sebastián Piñera en Chile), Correa y Folonier volvieron a poner el plan en marcha.

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Correa se encargó de convocar a la reunión en Buenos Aires. Folonier se ocupó de retomar la relación que mantenía desde hace décadas con Mujica. El fantasma de un veto uruguayo se diluyó. Aprovechando la posesión de Mujica en Montevideo, Rafael Correa, a cargo de la jefatura pro témpore del organismo, convocó a un puñado de mandatarios con la excusa de acordar la convocatoria a una cumbre extraordinaria de la Unasur. En la reunión —en la que participaron el venezolano Hugo Chávez, el paraguayo Fernando Lugo, Evo Morales de Bolivia y la argentina Cristina de Kirchner— se terminó de consolidar lo que fuentes de la Cancillería ecuatoriana llamaron el plan “Néstor a la Unasur”.

La estrategia consistió en una avanzada diplomática para garantizar el apoyo del resto de mandatarios sudamericanos. Lula, Mujica y Piñera consintieron su apoyo al matrimonio Kirchner. Asimismo, la presidenta argentina se encargó de limar las relaciones con Perú y logró que el presidente Alan García apoyara la candidatura de su esposo.

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Así, pareciera que todo está dado para que el argentino logre su objetivo. La Secretaría General de la Unasur se vota por unanimidad, y aunque falta asegurar los votos de Guyana y Surinam, desde la Casa Rosada estiman que los representantes de esos países no vetarán al ex presidente. Tampoco lo haría el gobierno colombiano. En una reciente visita a Israel, el canciller colombiano Jaime Bermúdez aseguró que el país apoyaría a Kirchner de existir un consenso, sobre todo con Uruguay.

Sin embargo, en caso de no darse un voto unánime, los Kirchner tienen un as bajo la manga, un plan B que ejecutaría el mandatario ecuatoriano. Como los estatutos de Unasur no están ratificados y el reglamento no está vigente, Correa, como presidente en turno de la organización, pediría tan solo un amplio consenso para decidir la designación.

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Asimismo, por petición del ex presidente argentino, se votaría como nueva sede de la Unasur a Buenos Aires, lo que le permitiría continuar con su carrera política con miras a la presidencia de la nación. Tal es la confianza que tiene Kirchner con su elección, que incluso habría acondicionado ya un edificio que servirá como “sede porteña” del organismo, según confiaron allegados a él.

Tal como menciona el politólogo Fabián Calle, “el ex presidente podrá así pedir una licencia de su cargo como diputado y combinar su activo y minucioso día a día de política interna con reuniones al lado de líderes de la región y el mundo, que le permitan proyectarse como un estadista”.

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