Después de la crisis política en Honduras, provocada por la cercanía del presidente depuesto Manuel Zelaya con Hugo Chávez, los mandatarios centroamericanos están tomando distancia del líder venezolano. La semana pasada, el vicepresidente y ministro de Educación de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén, afirmó en La Habana que la integración de su país a la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba), promovida por Chávez, era un hecho natural.
Sin embargo, cuando todos daban como un hecho la incorporación de El Salvador al grupo ideológico y político al que pertenecen Antigua y Barbuda, Bolivia, Cuba, Dominica, Ecuador, Honduras, Nicaragua, San Vicente y las Granadinas y obviamente Venezuela, el presidente salvadoreño, Mauricio Funes, lo descartó. “Este es un punto definitivo en nuestro gobierno: no vamos a ingresar al Alba y ni siquiera lo estamos considerando”, declaró en la Convención Internacional de Salvadoreños en el mundo, celebrada en San Salvador.
Según Funes, ex guerrillero del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), su política no incluye alineamientos ideológicos. “Tenemos una alianza estratégica con EE.UU. porque la inmensa mayoría de nuestros compatriotas en el exterior vive y trabaja allí y también porque es un gran mercado y con él debemos ampliar nuestro intercambio para beneficio del país”, dijo Funes.