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“Es peor ser negro que terrorista”

La muerte de Terence Crutcher, de 40 años, a manos de la Policía, ha encendido de nuevo el debate por la violencia racial que azota a EE.UU.

21 de septiembre de 2016 - 10:00 p. m.
En Charlotte, la muerte de otro afroamericano produjo varias protestas. / AFP
Foto: AFP - Sean Rayford
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“Díganme una cosa, ¿cómo a un hombre negro, desarmado, cuyo coche se ha averiado y necesita ayuda, le disparan y es asesinado por la Policía y el sospechoso de poner una bomba en Nueva York es detenido y está vivo? Supongo que ser negro es más peligroso que ser un terrorista. Incluso desarmado, con las manos levantadas y pidiendo ayuda, es un crimen ser negro”.

Estas palabras del jugador de la NBA Rajon Rondo, hacen referencia a lo ocurrido con Terence Crutcher y con Khan Rahami, dos hombres con destinos muy distintos: Crutcher muerto y Rahami vivo. A Crutcher, afroamericano de 40 años de edad, una agente de la Policía de Tulsa, Oklahoma, le disparó porque creía que estaba armado. O por lo menos eso dice Betty Shelby, la agente.

Su abogado, Scott Wood, dijo que este no era un caso de violencia racial. Pero, como en otros casos similares, en este hay un video, de la misma Policía de Tulsa, que deja serias dudas sobre la actuación de esta entidad. En la grabación, hecha desde un helicóptero, se escucha a otro agente de la Policía decir que Crutcher parecía un hombre peligroso. En tierra, Crutcher sigue las instrucciones de Shelby.

Y entonces se escucha un disparo y se ve al hombre caer. Como ha ocurrido muy pocas veces, lo sucedido en Tulsa ha puesto de acuerdo a Hillary Clinton y Donald Trump.

“Vi una parte del tiroteo en Tulsa y ese hombre tenía las manos en alto. Fue al automóvil con las manos en alto, las puso sobre el auto. En mi opinión, hizo todo lo que tenía que hacer y parecía un buen hombre” , dijo al respecto Donald Trump.

“No sé qué estaba pensando esa agente, pero estoy muy, muy afligido por lo ocurrido. Debemos tener mucho cuidado, fue una terrible situación” . Por su parte, Clinton sostuvo que esto es intolerable, que “nos queda mucho trabajo por hacer”.

Como si no fuera suficiente, a las pocas horas de lo ocurrido en Tulsa, la muerte de otro afroamericano, Keith Lamont Scott, a manos de un agente negro, produjo fuertes protestas en Charlotte, Carolina del Norte, que dejaron decenas de heridos. Las autoridades aseguran que Lamont se encontraba armado; sus familiares, que leía un libro mientras esperaba a su hija.

De acuerdo con un recuento hecho por el Washington Post, en lo que va de 2016 van 172 afroamericanos muertos en operativos policiales. Ha sido un año de una violencia racial incontrolable. Hace menos de tres meses, Estados Unidos lloraba, por igual, la muerte de tres afroamericanos, a manos de agentes, y la masacre de cinco uniformados en Dallas. Pero la violencia sigue.

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Sin embargo, mientras Crutcher y Lamont no sobrevivieron al operativo policial en el que fueron detenidos, Khan Rahami, sospechoso de ser el responsable de dos explosiones en Nueva York y Nueva Jersey la semana pasada, sí lo hizo. No es que haya debido morir, valga la aclaración, sino que con Crutcher y Lamont debió haber ocurrido lo mismo: que hayan salidos sanos y salvos.

Rahami, estadounidense de origen afgano, de 28 años de edad, fue detenido en Linden, Nueva Jersey, tras un tiroteo con la Policía, el pasado 20 de septiembre, acusado de haber instalado los artefactos explosivos que estallaron en Nueva York, causándoles heridas a 29 personas. Horas antes, las autoridades habían difundido un aviso en el que alertaban a la población de que Rahami era peligroso y estaba armado.

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Hasta que la Policía dio con su paradero. Hubo un tiroteo y Rahami salió herido. Luego, fue llevado por las autoridades a un hospital donde fue atendido. Y entonces se supo que, desde 2014, las autoridades sabían de los presuntos nexos de Rahami con organizaciones yihadistas, debido a una denuncia hecha por su padre; aunque luego se retractó.

Si a un hombre sospechoso de terrorismo las autoridades le respetaron la vida, como es debido ¿por qué no fue igual con Crutcher y Lamont, que no representaban una amenaza ni siquiera semejante? Esta pregunta ronda en la mente de miles de norteamericanos

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