El Partido Republicano ha publicado muy poca información sobre su Convención Nacional, un evento que comienza este lunes y finalizará el jueves con la nominación oficial de Donald Trump para un segundo período presidencial. Según los medios locales, los republicanos y la campaña Trump han tratado de preservar el elemento sorpresa y por ello han tenido tanta reserva sobre la organización. Sin embargo, lo poco que se ve en la agenda y lo que ha dejado ver el propio presidente revela que no hay muchos elementos preparados para causar asombro. Serán cuatro días de lo que Trump ha hecho desde 2016: ataques incendiarios, verdades a medias y una increíble desconexión con la realidad del país.
A diferencia de los demócratas, que celebraron su Convención Nacional la semana pasada, los republicanos no se concentrarán en los efectos de la pandemia en el país, las más de 180.000 muertes que deja el COVID-19 y los cerca de treinta millones de desempleados. Después de todo, la gestión de Trump frente a este problema es cuestionada por la mayoría de los estadounidenses. Los republicanos hablarán, en cambio, de las amenazas de seguridad que hay para Estados Unidos, enfatizando en que Joe Biden, el candidato demócrata, sería el chofer de un bus que conduciría a la nación hacia el caos y la tragedia, según quieren hacer parecer.
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Han sido invitados oradores de orígenes como Venezuela y Cuba para que testifiquen sobre “los peligros del socialismo” y les sugieran a los espectadores que Donald Trump será el único que puede salvarlos de este escenario. Este es un mensaje que el presidente ha martillado desde 2018 y en sus más recientes discursos, como el que dio en julio desde el Monte Rushmore. Además, también estarán invitados los McCloskey, la pareja de esposos que apuntó con armas a un grupo de manifestantes desde el porche de su casa, para hablar de la inseguridad a escala nacional, y se han rodado anuncios apocalípticos y aterradores que apuntan a que Trump es lo único que se interpone entre “la ley y el orden” y la “anarquía total”.
Por otro lado, en lugar de hablar de la actual recesión económica, los republicanos buscarán exaltar lo que hizo Trump en sus primeros meses como presidente, llevando a la nación a “los mejores indicadores económicos de su historia”, según el mandatario. Logros que, evidentemente, ya se han esfumado. Y acá, desde luego, también habrá un espacio reservado para atacar a Biden por lo que ha hecho en sus más de cuarenta años en la política, argumentando que “no ha contribuido en nada a la nación”, según Trump.
Pero el viejo libro de jugadas de Donald Trump, que bien podría reafirmar la lealtad de su base electoral, puede no ser suficiente para darle un repunte en las encuestas, en las que marcha muy por abajo de su rival. Esa desconexión con los problemas más grandes de la nación podría traerles consecuencias negativas al presidente y al partido en este momento.
“Los republicanos deben darle al pueblo estadounidense alguna esperanza de que tenemos un plan y una estrategia bien pensados para superar esta pandemia y poder comenzar a cambiar nuestra economía y abrir nuestras escuelas. En este momento parece que la pandemia nos está controlando a nosotros en lugar de que nosotros la controlemos a ella, y ese no es un buen lugar para estar cuando eres el partido gobernante”, dice Whit Ayers, encuestadora republicana y consultora política en la revista Time.
Trump ha cometido un error garrafal en su campaña política: subestimar a su rival y dar muchas expectativas sobre él mismo. Ese mensaje esperanzador del que habla Ayers fue la piedra angular de la Convención Nacional Demócrata, la cual fue muy bien acogida por el público estadounidense. Los demócratas tuvieron un efecto arrollador porque mostró más empatía por la tragedia que viven millones de estadounidenses por la pandemia, hablando desde lugares claves como escuelas vacías y con testimonios profundos, como el de una mujer que perdió a su padre por el COVID-19; pero también derrumbaron las críticas de los republicanos a la vez que develaron sus propios defectos.
El presidente ha tratado de mostrar una división entre los demócratas desde el inicio de las elecciones primarias en el país, buscando poner al ala progresista contra Biden. Pero la Convención Demócrata dejó claro que hay una unión muy fuerte en torno a la idea de sacar a Trump de la Casa Blanca, y que el mandatario no será capaz de derrumbar tal unidad. Pero lo más importante es que evidenció que donde hay una gran división es del lado republicano.
Mientras Bill Clinton y Barack Obama, los expresidentes demócratas con vida, asistieron a la convención del partido para darle su total apoyo a Biden, además de otras figuras importantes como la excandidata Hillary Clinton, en el Partido Republicano no se ve ningún respaldo a la vista de las figuras prominentes de las últimas dos décadas.
Ni el expresidente George W. Bush, ni el excandidato Mitt Romney se presentarán para avalar a Trump. Incluso algunas figuras republicanas reconocidas se volcaron la semana pasada para darle su apoyo a Biden, como Cindy McCain, la viuda de John McCain, senador y excandidato republicano a la presidencia; John Kasich, exgobernador de Ohio, y Colin Powell, exsecretario de Estado de George W. Bush, quienes hablaron a favor de Biden y declararon a Trump como una amenaza para el país. Ante la falta de esos testimonios de renombre, el presidente tuvo que rellenar la agenda con casi todos los miembros de su familia y asesores personales o amigos para que apoyaran su reelección, o con figuras tan polémicas como los McCloskey para perseguir su deseo de incendiar y dividir aún más al país.
La reflexión final a la que quiere llevar Trump es que, sin él, Estados Unidos será un completo caos. Su objetivo, como lo tiene planteado, no será atraer votantes con un maravilloso plan de recuperación, sino enfurecerlos contra su adversario, aplicando una estrategia terrorista. Más de lo mismo de su hilo conductor en 2016, solo que ahora los problemas del país pesan sobre su gestión, por lo que estas elecciones, más que verse como la lucha entre dos candidatos, son vistas como un referendo sobre su gestión. Esta era la oportunidad de Trump para explicarse, pero eligió los mismos viejos trucos del pasado.