Una sesión conjunta del Congreso estadounidense es un foro inusual, incluso para el presidente de Estados Unidos, mismo que ciertamente exige mayor dignidad que descorteses interrupciones.
Se puede esperar que un presidente que usa esa distinguida avenida durante la segunda semana de septiembre — días antes del octavo aniversario de los atentados del 11 de septiembre — se dirija a la nación en tonos sombríos con respecto a la seguridad, amenazas y enemigos. Eso hizo el Presidente Barack Obama, por la noche del miércoles. Pero, no de la forma que muchos estadounidenses habrían anticipado.
Agosto fue el mes más letal para las fuerzas estadounidenses en Afganistán en ocho años de guerra. Al otro lado de la frontera, Pakistán sigue siendo un polvorín de radicalismo islámico, un santuario para Osama bin Laden y un refugio para el "proliferador" de armas nucleares A.Q. Khan. En una entrevista por televisión de la semana pasada, Khan hizo alarde de la crucial ayuda que él y otros oficiales paquistaníes de alto rango suministraron al programa de armas nucleares de Irán.
Nuevos informes de los servicios de inteligencia de EU concluyeron que Irán ahora cuenta con suficiente combustible nuclear para producir rápidamente un arma. A medida que los mulás ponen a girar sus máquinas centrifugadoras, han reforzado su alianza con el hombre fuerte de Venezuela, Hugo Chávez, al tiempo que sus representantes terroristas — Hizbulá — ya se armaron de nuevo en Líbano y están expandiendo sus tentáculos en América Latina.
Sin embargo, el Presidente Obama fue al Capitolio por la noche de este miércoles para pronunciar un aterrador discurso sobre seguridad de la salud, la amenaza republicana a la reforma del seguro de salud y los enemigos del progreso; manifestantes en el ayuntamiento y empresas aseguradoras. Lo anterior no equivale a insinuar que no existen problemas reales con los seguros de salud y el sistema de servicios de cuidado de salud. Los hay.
Sin embargo, un presidente tiene que carecer particularmente de buen oído para usar una sesión conjunta del Congreso dos días antes del aniversario del 11 de septiembre, en la que salió a la ofensiva en contra de ciudadanos estadounidenses que critican sus políticas, y ni siquiera mencionar a los terroristas y sus patrocinadores de estado que siguen estando a la ofensiva en contra de efectivos militares de Estados Unidos, así como de sus civiles e intereses a lo largo del mundo.
¿Cómo que mal oído? Organización de Estados Unidos, la organización oficial de la campaña de Obama, emitió una petición exhortando a los partidarios a que actúen como " verdaderos patriotas" el Día del Patriota, 11 de septiembre, comunicándose con sus senadores y exhortándolos a que "derroten fuerzas antidemocráticas de odio al tiempo que la opinión popular languidece bajo la pesada carga de nuestro presente sistema de cuidado de salud".
El llamado a las armas, que desde esos días ya fue eliminado del sitio del presidente estadounidense en Internet, Barack Obama.com, pero sigue siendo visible con Google caché, exhortaba a sus seguidores a "reclamar nuestra tierra de los herederos de, sí, bin Laden". "La totalidad de los 50 estados se están coordinando con respecto a esto; a medida que nosotros devolvemos el ataque en contra de nuestros propios terroristas internos de corte ultraconservador, quienes están subvirtiendo el proceso democrático de EU".
¿Cómo pudo haber llegado algo como esto al sitio en Internet de la campaña del Presidente? De la misma forma que la Casa Blanca hizo un llamamiento para que los ciudadanos reportaran críticas "sospechosas" a la reforma del cuidado de salud. De la misma forma que la Casa Blanca aprobó a Van Jones, autodeclarado revolucionario marxista y proponente de teorías de conspiración sobre el 11 de septiembre, para convertirlo en "zar" de empleos verdes o ecológicos. De la misma forma que Obama dilapidó una sesión conjunta del Congreso para hacer un refrito de una agenda partidista a la cual se opone la mayoría de los estadounidenses.
El genio de la campaña de Obama fue su capacidad para conectarse con los sentimientos e inquietudes de muchísimos estadounidenses de antecedentes muy diferentes. Ese genio ha dado paso a una vil maquinaria política que está más interesada en catalogar a detractores como terroristas internos que reconocer las trágicas pérdidas infligidas por terroristas el 11 de septiembre, así como la verdadera amenaza que siguen representando para el país.
(*) Colaborador externo de The New York Times.