Sin avión no hay hipótesis, ni siquiera remota. La desaparición del A-330-200 de Air France cuando sobrevolaba el Atlántico con 228 personas a bordo deja atónitos a los expertos, que no se explican por qué no hubo llamada de alerta (mayday) de los pilotos antes de perderse todo rastro del aparato.
Según el gobierno francés, que descarta en principio un atentado, se trata de un accidente. Con los datos que han trascendido, sólo se sabe que el avión atravesó una zona de fuertes turbulencias (cotidianas en esa zona) y reportó un fallo eléctrico, algo que de por sí no tiene por qué tumbar un avión. Que un rayo o varios hayan impactado en el avión no implica que lo fulminasen. “A mí me han caído rayos en vuelo y en principio no tiene por qué pasar nada”, explica Gustavo Barba, vicedecano del Colegio de Pilotos y experto en seguridad. “Como siempre sucede, tienen que haberse dado un conjunto de factores que se conjuran para que se produzca un accidente”, explica desde Atenas, donde precisamente estos días las autoridades aeronáuticas europea y estadounidense celebran su simposio anual sobre seguridad operacional.
Por un lado, los aviones transoceánicos llevan un rádar meteorológico precisamente para detectar las tormentas fuertes y sortearlas en la medida de lo posible. Las fuertes turbulencias y las tormentas desestabilizan el avión y pueden llegar a causar heridas graves a los pasajeros. Además, la estructura metálica de los aviones hace que se comporten como jaulas de Faraday, es decir, los campos eléctricos exterior e interior se anulan (de otro modo la caída de un rayo freiría a los pasajeros).
Pero en ocasiones impactos de rayos han causado desperfectos en aviones, entre otras razones, porque no toda la superficie del avión es metálica (se utilizan cada vez más composites). Pero lo realmente extraño con lo poco que se conoce es que la tripulación no lanzase ningún mensaje de socorro. Aun con los dos motores averiados los pilotos hubiesen tenido unos 40 minutos para planear en busca de un lugar donde intentar aterrizar y por supuesto para dar la alerta por radio.
Los accidentes aéreos suelen suceder sobre todo en el aterrizaje (casi la mitad) y sólo en un 6% de las ocasiones en la etapa de crucero, a más de 10 kilómetros del suelo. Así que a lo más que se aventuran los expertos consultados es a hablar de que lo más probable es que la causa del supuesto accidente fuese una pérdida de control, una categoría demasiado amplia.
Por otro lado, el modelo A-330 sólo ha sufrido un accidente mortal, en 1994, precisamente cuando se realizaban vuelos de pruebas en el aeropuerto de Toulousse, junto a la fábrica de aviones. Hubo un incidente grave en 2001 cuando un aparato de la canadiense Transat se quedó sin combustible en el océano cuando volaba de Toronto a Lisboa, pero logró llegar a las islas Azores.
Hace nueve meses, un avión de la australiana Qantas sufrió un fallo en un sistema que provocó la desconexión del piloto automático y la pérdida de altitud del A-330. Airbus envió recomendaciones a los operadores para mitigar ese riesgo.
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