No parece que estuviéramos refiriéndonos a la historia de Venezuela. A esa historia que naufragó durante poco más de un siglo, 1830-1935, entre los asedios y avatares de caudillos, déspotas o de los "gendarmes necesarios", bañada por sangre tercamente derramada. Esta es la conclusión que en la distancia de medio siglo, podemos inscribir como el mejor de los frutos de la democracia representativa y pluralista instaurada en Venezuela después de la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, el 23 de enero de 1958. Ya son 50 años de libertad.
Al dictador de entonces se le metió en la cabeza que era un enviado de la Providencia. Así tuvo el tupé de proclamarlo ante el Congreso espurio (producto del fraude de 1952), en noviembre de 1957, cuando propuso que en vez de elecciones generales se celebrara un plebiscito con un solo candidato que sería él, el gran ductor de la patria, porque dejarla "en manos de los políticos sería una desgracia nacional". Con la boleta azul (contra la roja) se elegirían presidente, diputados y senadores, diputados regionales y los concejales de todo el país.
Nunca se había vejado tanto a un pueblo como lo vejaron Pérez Jiménez y su consejero Vallenilla Planchart. La respuesta de los venezolanos fue unánime, como en 1952. No obstante, las boletas rojas desaparecieron de las urnas por arte de magia. Pérez Jiménez fue proclamado por el organismo electoral de entonces presidente reelegido para el período 1958-1963, y en igual sentido la cohorte de diputados y senadores.
Mientras el dictador trataba de persuadir a las Fuerzas Armadas que le prolongaran su respaldo, durante el año 57 los venezolanos dentro y fuera del país, en las cárceles, en la clandestinidad o en el exilio, en las universidades y en las calles, dieron lo mejor de sí mismos en un momento crucial de nuestro país. Era el momento de las grandes decisiones. O se tomaban todos los riesgos, o la dictadura se prolongaba en el tiempo para desgracia de todos. Las cárceles sin término, las torturas sin término, la censura sin término, el exilio sin término.
Frente a estas perspectivas, predominaba el manejo discrecional y delictuoso de los recursos petroleros y de los ingresos por las nuevas concesiones otorgadas a las transnacionales de manera ilegítima, como lo denunció desde el destierro Juan Pablo Pérez Alfonzo. Una dictadura que navegaba en los petrodólares, mientras la gente naufragaba en la pobreza y el desempleo. 1957 fue, en una palabra, el año de la claridad y de la lucidez, de la unidad y de la pérdida del miedo. Todos a una, como en Fuenteovejuna, le dijeron No a la dictadura. 1958 fue el gran año de la unidad. Pero no menos significativo fue el año de la civilización del debate político y de la concertación. Como el propósito de enmienda de quienes reconocían que las discordias artificiales le abrían el camino a los "gendarmes necesarios", el caudillaje siempre al acecho.
De ahí nació el Pacto de Puntofijo suscrito por tres partidos, AD (Acción Democrática), URD (Unión Republicana Democrática) y la Democracia Cristiana (Copei) el 31 de octubre del 58. No fue un pacto para repartirse el poder como pretende degradarse con una versión tan mediocre como falsa. Conviene repasar la historia que arrancó en 1959 para comprender que el pacto fue algo muy diferente, que sólo durante un período fueron al gobierno los partidos signatarios, que el segundo gobierno no incluyó a la Democracia Cristiana, y que el tercero, fue unipartidista, y a partir de allí no hubo más gobiernos de coalición.
Las jornadas del 23 de enero y el proceso que se inició entonces ratificaron la voluntad de los venezolanos de rechazar a los "gendarmes necesarios", a los presidentes vitalicios, a todos aquellos iluminados que pretendieron suplantar la soberanía popular. Al cabo de 50 años de libertad, resulta tragicómico que un teniente coronel pretenda meternos otra vez en cintura.
Quién era el dictador
Marcos Pérez Jiménez nació en el estado Táchira, Andes venezolanos que vieron nacer a buena parte de los gobernantes de este país suramericano en el siglo XVIII y parte del XIX. Estudió primaria en su tierra natal y cursó sus estudios secundarios en la vecina Cúcuta (Colombia). Ingresó a la Academia Militar de Venezuela, donde se graduó como subteniente.
En 1948 fue nombrado Ministro de la Defensa y junto a otros venezolanos lideró el golpe de estado contra el presidente Rómulo Gallegos (socialdemócrata). El 30 de noviembre de 1952 se realizaron las elecciones para elegir la Asamblea Constituyente. Pérez Jiménez desconoció los resultados electorales y el 2 de diciembre de 1952 asumió la Presidencia. La política de grandes obras suntuarias, costosas importaciones, despilfarro y peculado terminó por llevar al gobierno a la quiebra fiscal.
El 23 de enero de 1958, en horas de la madrugada, Pérez Jiménez no pudo resistir más el enfrentamiento del ejército y huyó junto con su familia a Santo Domingo en un avión denominado "La Vaca Sagrada". Al salir en libertad se exilió en España y murió el 20 de septiembre de 2001. Esa fue la última dictadura ejercida en Venezuela.
* Ex Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela y columnista de El Nacional