Un miedo que quizá tiene más de historia que de lógica se cierne hoy sobre buena parte de los argentinos. Muerto Néstor Kirchner, los buitres acechan a una presidenta, tal como lo hicieran hace más de 30 años con Isabel, tras la muerte de su marido y presidente Juan Domingo Perón. La presidenta Cristina Fernández se enfrenta con un enemigo interno: el hombre de mayor poder en la Argentina de hoy es Hugo Moyano, del Sindicato de Camioneros.
Muchos medios sostienen que Moyano discutió acaloradamente con Kirchner por teléfono la noche anterior a su muerte. Sin embargo, luego de la fatídica noticia, declaró: “Confiamos en la fortaleza de Cristina”. Apoyándose en la frágil historia clínica de altibajos emocionales de la presidenta argentina, en boca de Moyano, esas palabras son una amenaza de claros códigos mafiosos. Este hombre apoya a otros capos sindicales marcados como los responsables del asesinato de un estudiante de 23 años la semana pasada en una marcha pacífica a favor de trabajadores ferroviarios que fueron despedidos sin argumento.
Ese es el mismo Moyano que fue creciendo bajo el ala protectora del matrimonio Kirchner durante las dos presidencias. El mismo Moyano que lidera a otros caudillos del gran Buenos Aires. Juntos movilizaban multitudes a los actos partidarios; sus representantes parlamentarios votaban en bloque todas las leyes oficialistas, sin chistar, sin leerlas muchas veces y a los que el matrimonio presidencial premiaba con prebendas como contratos millonarios y subsidios. ¿Qué recibían los obreros a cambio? El tentador combo de dos clásicos argentinos: choripán y fútbol gratis.
La oposición endeble y desarticulada le teme tanto a Moyano como la misma Cristina Fernández de Kirchner. Quizá sea uno de los factores que más diferencian estas circunstancias de las de 1976, cuando todos los partidos políticos y la mayoría de los argentinos clamaban por un golpe de Estado. Aquella vez fueron los militares. Hoy, además de las conocidas, hay otras armas, igualmente letales; la principal víctima: las instituciones democráticas. Empobrecidas y vapuleadas por los Kirchner, hoy, su supervivencia depende de la madurez de los argentinos. No consiste ya en apoyar o no a una mujer debilitada, sino al Estado de Derecho que ella representa.
Curiosamente, los únicos enemigos declarados y reconocidos por los K han sido los medios de comunicación. Tal como lo señala el dueño y columnista del diario Perfil, Jorge Fontevecchia: “Los operadores de la bolsa de Londres que hicieron subir las acciones de Clarín el 50% tras la muerte de Néstor Kirchner no están haciendo una correcta lectura de la realidad política argentina (ni la han hecho antes cuando hicieron bajar la cotización de esas acciones como los bonos argentinos que también hoy se recuperaron). No sería la primera vez que los analistas de bolsa exhiben su escasa capacidad de pronóstico político”.
El desafío hoy para los argentinos es aprender a vivir sin el demiurgo, apoyar el manoseado, pero único modelo democrático sustentable y reconocer al verdadero enemigo. Ojalá nos acompañe la presidenta.
* Escritora argentina