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Inmigración en la era Biden: ¿promesa desbordada?

Se prevé que el “tsunami” de personas que intentan cruzar de manera ilegal la frontera sur desencadenará en la primera gran crisis política para la nueva administración. Biden envía un desesperado llamado: intento ayudarlos, pero “dejen de venir”.

23 de marzo de 2021 - 08:04 p. m.
Hay consenso en que la cifra de inmigrantes ilegales que hoy intentan ingresar a Estados Unidos por la frontera mexicana es más alta que en las pasadas dos décadas.
Foto: JOHN MOORE
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La llegada de Joe Biden a la Casa Blanca y su intrépida decisión de echar para atrás varias de las políticas antiinmigratorias de Donald Trump colmó de esperanzas a los millones de ilegales que habitan la nación más poderosa del planeta, al tiempo que desató un frenesí entre decenas de miles más que hoy siguen llegando a la línea fronteriza con México en espera de cruzar. Esta situación amenaza con desbordar la acción humanitaria de las autoridades, está a punto de generar la primera crisis política al nuevo inquilino de la Casa Blanca y, de paso, poner fin a la luna de miel entre Biden y sus electores.

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Hay consenso en que la cifra de inmigrantes ilegales que hoy intentan ingresar a Estados Unidos por la frontera mexicana es más alta que en las pasadas dos décadas. También en que los llamados “Coyotes”, bandas delincuenciales que cobran en promedio US$12 mil a cada indocumentado por llevarlo a territorio estadounidense, siguen operando a toda marcha.

Los arrestos de ilegales se multiplican, al tiempo que los centros de atención humanitaria en la frontera ya desbordaron su capacidad ante la llegada en las últimas semanas de alrededor de 16.000 niños migrantes no acompañados, debido a que, según los abogados de inmigración, sus padres creen que así es “más fácil que Estados Unidos los reciba”, a diferencia de la administración Trump.

El tema ya es centro de preocupación en el Congreso, donde la semana pasada fue citado el nuevo secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas, para que explicara la dimensión de la problemática. Este admitió que la situación es “extremadamente difícil”, al tiempo que la vocera de la Casa Blanca, Jen Psaky, repetía con mayor frecuencia en los encuentros con la prensa que si bien el presidente Biden apoya la inmigración, este ha enviado un claro mensaje a todo aquel que intenta cruzar la frontera en este momento: “No vengan”.

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Las críticas no se han hecho esperar. Donald Trump y sus principales aliados republicanos acusan a Biden de alentar una “invasión” de ilegales a su país y de permitir que los carteles y traficantes de personas ganen más dinero y se fortalezcan, primero con sus promesas de campaña y una vez en el poder, con la derogación de las iniciativas con que Trump quiso frenar la inmigración ilegal. “Esta crisis es el resultado de las políticas blandas del presidente Biden, quien promueve la inmigración ilegal y está creando una crisis humanitaria para Texas”, lamentó a comienzos de mes Greg Abbott, gobernador de ese estado fronterizo.

Frente a las cada vez más frecuentes críticas, Biden ha reconocido que si bien se presenta una emergencia en la frontera sur, la situación está siendo atendida y está lejos de desencadenar en una crisis. Según un reciente informe de la agencia de inmigración ICE, 13.529 personas indocumentadas están bajo su custodia en la frontera, mientras que la Patrulla Fronteriza anunció que el arresto de personas aumentó de 3.024 a 4.696 en el pasado mes de febrero. Las estadísticas no incluyen a los más de 16.000 menores de edad que son atendidos en albergues del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS).

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“El presidente Biden tiene que hacer mucho más que enviar inocentes mensajes a los ilegales pidiéndoles que no vengan. Claramente llegó al cargo en buena parte gracias a su promesa de que va a recibir a todo aquel que quiera venir. Ahora tendrá que tomar acciones para blindar la frontera del delito y de la inmigración no deseada, y eso le va a costar tanto en popularidad como en presupuesto, y así es como en este país comienzan las crisis políticas para los presidentes”, aseguró a El Espectador un asesor del líder de la minoría republicana en la Cámara de Representantes, Steve Scalise.

Para mitigar las críticas, funcionarios de prensa de la Casa Blanca hacen llegar informes a los medios de comunicación y realizan encuentros off the record con funcionarios con los que intentan demostrar que la migración ilegal ha registrado en el pasado situaciones como la que se vive en la actualidad. Dichos informes hablan de aumentos repentinos en el flujo de inmigrantes irregulares, especialmente durante temporadas de los años 2014 y 2019. “Desde abril de 2020, el número de encuentros en la frontera suroeste ha aumentado constantemente”, señala uno de dichos informes.

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Grupos y organizaciones de apoyo a los inmigrantes también hacen presión desde territorio estadounidense para que Biden lleve a la práctica sus promesas de facilitar la inmigración y dar mejores condiciones de vida a los indocumentados que ya están en su país. La semana pasada, tan solo en Washington, se congregaron integrantes de varias de estas organizaciones bajo la campaña “We are home” (“Estamos en casa”) para impulsar la agenda migratoria que hace curso en el Congreso.

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“Vinimos para exigirles al presidente Biden y a la mayoría demócrata del Congreso que cumplan con su promesa de adoptar leyes que permitan la ciudadanía para los once millones de inmigrantes indocumentados, independientemente de su edad, país de origen o antecedentes de encarcelamiento”, dijo Roland LaFuerte, activista salvadoreño.

“Es innegable que la llegada del presidente Biden al poder trajo consigo un nuevo aire esperanzador y un mejor ambiente de distensión a los Estados Unidos. Lo bueno es que prometió y ha venido cumpliendo con parte de sus promesas. Lo malo es que sus promesas desbordaron las expectativas de 11 millones de indocumentados que creyeron que el cambio de gobierno sería la llave directa hacia su nacionalización y eso, aunque suene duro y desalentador, no se va a dar”, opinó Renato Figueiredo, analista del Instituto de Política Pública de California.

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En el mismo sentido, la senadora demócrata por Nueva York Kirsten Gillibrand admite que la política migratoria que presentó la administración al Legislativo sufrirá reformas por este que seguramente estarán muy por debajo de las expectativas que tienen los indocumentados. “Creo que podríamos enfocarnos más en aspectos puntuales como una solución al tema de los dreamers (personas que llegaron a Estados Unidos en la infancia y a quienes no se les ha otorgado su nacionalidad). Es más fácil sacar adelante temas puntuales que cumplir todas las expectativas de las personas ilegales”, concluyó.

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Con todo, Biden enfrenta un enorme desafío y deberá tomar acciones para hacerle frente a una situación sensible para el ciudadano estadounidense. Si sus decisiones de hoy frente a la inmigración ilegal son acertadas, no solo le darán maniobrabilidad política y a su partido la posibilidad de continuar otro período en el poder. También tiene en sus manos la posibilidad de cambiarles por siempre la vida a más de 11 millones de personas.

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