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Joe Biden, el político que tocaba demasiado

El exvicepresidente Joe Biden, quien se perfila como el más firme rival de Donald Trump en las urnas, se ganó la simpatía en Estados Unidos por ser una figura cálida y empática. Los problemas de ser “un político táctil”.

14 de marzo de 2020 - 09:00 p. m.
Joseph Biden se define como un “político táctil”. Sin embargo, su exceso de “confianza” abrió la polémica. / AFP
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Comienzan a circular en redes sociales muchos videos del exvicepresidente Joseph Biden abrazando, besando y tocando a niñas y jovencitas de manera repetitiva en diversos actos públicos. En algunas imágenes, que hoy son virales, las menores lucen incómodas con tantas muestras de confianza del político, quien a pesar del obvio rechazo por parte de ellas, insiste en acariciarlas, masajear sus hombros y hablarles al oído .

¿Qué le pasa a Joe Biden? El vicepresidente de Barack Obama (2009-2016), que hace quince días era dado por muerto en la carrera por la nominación demócrata a la Presidencia, se convirtió en el indiscutible favorito esta semana. Tiene muy buenas opciones para derrotar a Donald Trump el próximo 3 de noviembre, según muestran las encuestas. Además, el pésimo manejo que el actual presidente le ha dado a la crisis del coronavirus, fortalecen la candidatura del demócrata.

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Sin embargo, ser un “político táctil”, como Biden mismo se define, podría tirar a la basura la mejor opción con que cuentan los demócratas para recuperar la Casa Blanca. Lo que hace años era visto como la fortaleza de Joseph Biden, hoy es su principal talón de Aquiles. El Partido Demócrata usó durante años a este veterano político, con 44 años de carrera en Washington, como su principal activo para acercase a la gente, a los votantes. Pero Joe se ha acercado y ha tocado demasiado y la cuenta de cobro está por llegar.

Ya el año pasado, antes de que decidiera lanzarse a la carrera presidencial, Biden tuvo que lidiar con varias denuncias por sus manoseos. Por lo menos tres mujeres lo acusaron de acercarse a ellas inapropiadamente. La primera fue la latina Lucy Flores, quien en una entrevista con The New York Post dijo haberse sentido “mortificada” cuando Biden le dio “un gran lento beso” detrás de su cabeza durante un mitin en Nevada, en 2014.

“De manera inesperada sentí a Joe Biden salir de la nada, poner sus manos sobre mi espalda, aproximarse muy de cerca por detrás, agacharse, sentir mi cabello y besarme suavemente en la parte superior de la cabeza”, relató la política al diario neoyorquino. Y agregó: “Me sentí indefensa por este tipo de intimidad con alguien tan poderoso con quien no tenía una relación”.

Luego Biden explicó: “Durante muchos años de campaña y de vida pública he dado innumerables apretones de manos, abrazos, expresiones de afecto, de apoyo y de consuelo”. Y agregó: “Ni una sola vez, nunca, pensé haber actuado de manera inapropiada”.

Una explicación que, en tiempos del #Metoo, le trajo aún más problemas. Biden fue acusado por Flores de no haber sido sensible con su denuncia y de evitar ofrecer una excusa. Incluso Nancy Pelosi, líder demócrata en el Congreso, le aconsejó al candidato dejar tanta cercanía: “Biden debe comprender que en el mundo de hoy el espacio físico es importante para la gente, y la clave es cómo lo reciben, no tu intención”.

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Quizás por la brecha generacional (Biden tiene 76 años) al candidato se le olvidó que si durante años muchas mujeres soportaron en silencio abrazos, comentarios machistas y coqueteos, la nueva generación decidió evidenciar que esos comportamientos no son aceptados.

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La fama de Biden trasciende el Congreso: en varios foros políticos en Washington lo acusan de tocar torpemente a esposas, madres e hijas de los senadores durante ceremonias. Hay otro video de 2015, en donde masajea los hombros de la esposa del entonces secretario de Defensa, Ash Carter. Amy Lappos, exasistente del Congreso fue años más atrás y dijo que en 2009, rozó la nariz con la suya y aunque aclaró que no fue “acoso sexual”, sí fue una situación incómoda.

El candidato dice que ya aprendió la lección. “Lo entiendo y he escuchado a estas mujeres. La política para mí siempre ha sido cuestión de conectar, pero seré más consciente de respetar el espacio personal en el futuro”, aseguró en otro video.

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El pasado no perdona  

Pero los videos de sus “excesos de cariño” se han hecho virales y sus críticos los han aprovechado para recordar otros momentos polémicos del más seguro rival de Trump. Aunque Biden, un viejo zorro de la política estadounidense, no ha dejado mucho escondido. Es hijo de una familia irlandesa de clase pobre, que llegó a la Cámara de Representantes por Delaware cuando apenas tenía 30 años. Sus tragedias han sido de conocimiento público: su primera esposa, Neila Biden, murió en un accidente automovilístico con su hija menor de 12 meses, en 1972; Biden quedó viudo con tres hijos más, uno de los cuales murió en 2015 por un tumor cerebral. Tenía 46 años y también era político.

“No hay una figura más empática en el Partido Demócrata que Joe Biden, cuya historia de pérdida y dolor atrae a otros que también han vivido experiencias dolorosas. Y en esa línea, Biden es presionado por abrazos y palabras de consuelo, y nunca deja de entregarlos”, escribe Dan Balz, jefe de corresponsales del Washington Post.

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En 1987, el político contó que le descubrieron un aneurisma cerebral que tuvo que ser operado de urgencia. Su hijo menor, Hunter, le ha dado varios dolores de cabeza por su adicción a las drogas y el alcohol, algo que el propio Biden contó. Incluso Hunter, para evitarle problemas a su padre en la campaña que se avecina contra Trump, decidió hablar abiertamente de sus problemas: confesó que tuvo una relación con la viuda de su hermano mayor y que estuvo en Alcohólicos Anónimos.

El alcoholismo es un viejo conocido de la familia de Biden: su padre tuvo problemas graves con el licor al igual que su hermano menor. Recientemente, debido a críticas por los problemas que ha evidenciado en algunos discursos, el candidato contó otra triste historia: cuando era niño tenía un tartamudeo, que le valió acoso escolar y contra el que hoy todavía lucha.

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Pero al lado de esta historia, que lo hace tan humano, hay datos controvertidos: su postura sobre el aborto, su papel durante la confirmación del juez Clarence Thomas en 1991, en medio de acusaciones de acoso sexual. Biden hizo parte de un interrogatorio agresivo contra Anita Hill, la denunciante, que se quejó por el machismo del que fue víctima durante la audiencia. El año pasado el exvicepresidente llamó a esta mujer y le ofreció una disculpa por lo que había pasado en ese interrogatorio, pero este fantasma lo persigue. Su apoyo a la guerra en Irak y a varias leyes a favor de Wall Street planean sobre su candidatura.

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Salud mental  

Y como Donald Trump (acosador empedernido) tiene rabo de paja y no puede atacar a Biden por su flanco más débil, decidió preparar una batería de ataques para debilitarlo por cuenta de la salud mental. Los siguientes días de campaña (si el coronavirus lo permite) se anticipan agresivos y llenos de golpes bajos. Ha dicho que el exvicepresidente tiene demencia senil y que por eso no está capacitado para ser presidente.

“El dormilón Joe”, como lo apodó hace varios años, suele dar discursos fuera de contexto, importantes contradicciones, errores de lenguaje, de lugar y tiempo y, además, con un leve tartamudeo.

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Cuando comenzó a repuntar en las primaras demócratas, Biden prometió la cura para el sida, el cáncer y hasta el alzheimer. También dijo que las armas habían matado a 150 millones de estadounidenses (casi la mitad del país) y para rematar confundió a su hermana con su esposa. Analistas hablan de sus frases incoherentes. Trump recopiló esos errores y tuiteó: “Sleepy Joe no sabe dónde está o lo que hace”. Incluso Rudolf Giuliani, abogado personal de Trump, dictaminó que “son obvios sus signos de demencia”.

Biden responde con una frase que le enseñó su papá y que lo ha convertido en una leyenda: “No importa cuántas veces te tumben, sino lo rápido que te pones de pie”. ¿Se levantará de estos golpes?

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