Son cerca de las 11:00 a.m. El sol irradia con la fuerza propia del verano que acaba de culminar en los Estados Unidos. Un clima que, aunque agotador, hace más bellos los atractivos turísticos a la vista. Ahí está la Casa Blanca, la sede presidencial en Washington donde cientos de turistas se agolpan para tomarle fotos o simplemente para contemplarla.
Justo al frente está el Parque Lafayette, un lugar adornado con árboles perfectamente cuidados y jardínes vistosos donde se destacan cuatro cañones que rodean la estatua del ex presidente de este país Andrew Jackson, considerado el primer monumento ecuestre erigido en la historia de esta nación.
Dos sitios bañados de belleza a los que los separa la Avenida 1.600 Pennsylvania, una de las más exclusivas de la ciudad cuyo paso vehicular es restringido, una vía perfectamente conservada que siempre está bajo custodia de las autoridades. Y allí, en medio de estas estructuras que rayan con la perfección, algo que no cuadra.
Se aprecia una enramada, hay quienes la denominarán una carpa o un toldo. En realidad es una casa improvisada en plástico, cartones y muchos periódicos llenos de titulares alusivos a las guerras y a programas nucleares, una "vivienda" que no mide más de un metro de alto, tal vez un poco más. A lo ancho hablar de dos metros es mucho. Y dentro de sí, cubriendo su rostro del calor, Concepción Martín de Picciotto.
Conocida también como Conchita o Connie, esta mujer de 75 años de edad oriunda de Santiago de Compostela y criada en Vigo, en España, capta la misma atención que la Casa Blanca. Con una pañoleta en la cabeza, una blusa blanca, pantalón azul claro y unas sandalias color café, esta española de piel trigueña y cabello negro tiene fija su mirada hacia la casa de Barack Obama. "Todos son unos corruptos, han apoyado las armas y no han apoyado la paz. Les gusta la guerra", asegura.
Es una señora de voz pausada, charla cuando quiere y a veces su silencio es largo. Parece que estuviera recordando, permanece sentada, pues las leyes de Estados Unidos le prohíben acostarse. Nunca en estos casi 30 años ha podido hacerlo, y si llegara a atreverse, la justicia de esta nación estaría en su derecho de levantarle su carpa y dar por terminada su protesta. Pero ella no ha errado y a la hora de dormir se recuesta sobre un banco que hace las veces de colchón.
Tampoco puede dejar el sitio solo, de manera que siempre que necesita ir a la cafetería donde la "adoptaron", donde le permiten bañarse, cumplir sus necesidades, comer o navegar por internet, alguien debe quedarse en su casa. "Y siempre hay quien haga el favor", asevera.
Desde hace 29 años vive de la caridad, se ha enfermado, asegura que ha sido detenida varias veces, ha tenido compañeros "de lucha", uno de ellos murió recientemente. Toda una aventura que empezó en Nueva York, cuando sufrió su mayor decepción.
Nueva York
Poco o nada saben en esta ciudad, la denominada capital del mundo, de la historia de Concepción. Sin embargo, hay quienes dan cuenta de una mujer que lleva muchos años viviendo en Washington. Quienes atinan a conocer algo son los guías turísticos, pues es una pregunta obligada de quien, en su recorrido por este país, visita la capital estadounidense.
"Estaba casada con un italiano estadounidense que tenía la vida resuelta. Ellos vivieron aquí por varios años, al punto que a ella le dieron la ciudadanía americana. Por allá en 1975 su matrimonio se acabó y su separación se fue a los tribunales. Aparte de que su esposo la dejó sin un centavo, perdió la custodia de Olga, su hija que para entonces tenía dos años de edad", asegura Luz Botero, una colombiana que lleva cerca de 20 años en los Estados Unidos y que en su condición de guía de turistas conoce parte de esta historia.
Y fue en Manhattan donde su vida se partió en dos. "Mi marido logró convencer al juez de que yo no era una buena madre. Eso fue el 26 de abril de 1975", según una declaración que Concepción le dio a un periódico estadounidense. "Quería ir a España a educar a mi hija, pero mi marido y su familia se opusieron y montaron toda una campaña de acoso hasta que acabaron quitándome la potestad de Olga. Aquí no hay justicia, todo es un negocio. Y yo fui víctima de este sistema corrompido. Fue una injusticia y un acoso del sistema social norteamericano contra el que llevo luchando desde entonces y hasta que Dios quiera".
Ahora bien, ¿por qué no preguntarle a ella sobre su separación? No quiso responder. Para ella, hablar de la pérdida de su hija, a quien no ha vuelto a ver desde entonces, le duele. Pero fue por ese caso específico, tras ese ir y venir de tocar puertas, que optó, luego de seis años, por protestar al frente de la Casa Blanca, desde el 1° de agosto de 1981.
"¿De dónde viene?" pregunta Concepción. Y basta con decirle que Colombia para quedar perplejo y poner en duda la supuesta locura de la que muchos la señalan. "Obama es otro guerrerista, al igual que el señor Uribe. Y ese convenio militar no debieron firmarlo. No más tropas, de ninguna manera, es apoyar el sistema de vida de aquí y ver morir a gente inocente", asegura mientras muestra decenas de fotos de periódicos que dan cuenta de masacres, afiches con fotos de víctimas, además de unos carteles amarillos que dicen: En la Casa Blanca 24 horas al día. En vigilia antinuclear por la paz desde 1981, mantenida por Concepción y Thomas.
De repente dos preguntas inevitables. ¿Cómo es que tiene tanta actualidad y quién es Thomas? Su respuesta ante la primera inquietud resulta igual de sorprendente: "Porque tengo una página muy buena en la internet". En efecto, desde hace varios años se dio a la tarea de contar su historia a través de la red y, luego de conocer a varias personas que la ayudaron, montó http://prop1.org/conchita. Tiene correo electrónico y cuando puede consulta los diarios de su España natal y otros de Estados Unidos. Habla con bastante fluidez, en español e inglés, del envío de tropas de José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del gobierno español, a países como Afganistán e Irak. Además, suele recopilar los periódicos que la acompañan en su "casa" y de ahí se nutre del día a día mundial. De Colombia no es experta, pero sabe que es un aliado militar de Estados Unidos, razón por la cual no tiene en mejor concepto al ex presidente Álvaro Uribe.
Su segunda respuesta resume su razón de ser al frente de la Casa Blanca y un relato que, aunque conmovedor, no apagó su protesta.
William Thomas Doubting
Poco antes de que Concepción llegara a la Casa Blanca, William Thomas Doubting ya lo había hecho, el 3 de junio de 1981. Oriundo de Tarrytown, una villa ubicada en el condado de Westchester, en el estado de Nueva York, este hombre de entonces 34 años de edad había llegado allí a protestar por la carrera nuclear que, a su juicio, había emprendido Estados Unidos.
Amante de las joyas y consumidor confeso de heroína en su juventud, William llegó a Washington a sentar su voz de protesta cuando hacía parte del grupo ‘Comunidad para la No violencia Creativa’, integrado por activistas de este país. Su lema era "queremos sabiduría y honestidad", una frase con la que fue justificando su estadía al frente de la sede presidencial de Estados Unidos. No obstante, poco a poco sus compañeros de lucha lo fueron dejando solo, al punto que su única compañía fue Concepción.
"Cuando él estaba yo tenía más tiempo para ir a internet o a comer, él cuidada nuestro lugar", recuerda esta española con cierto tono de nostalgia. Desde entonces, la razón de ser de la protesta de esta española cambió sin que ella se diera cuenta. Ambos luchaban contra la proliferación de armas nucleares. "Él tenía a Ellen, su mujer, y muchas veces no se quedaba aquí sino que dormía donde ella y luego regresaba. Él era mi mejor amigo, sin duda lo echo de menos, aunque Dios me ha dado la fuerza para no desesperar y seguir adelante", asevera.
William falleció el 23 de enero de 2009 producto de una enfermedad pulmonar. Y más allá de que se lo haya llevado el vicio o el aguante de climas en medio de un cambuche, fue otro golpe severo para esta mujer. "A veces me acompañan activistas o diferentes grupos de Derechos Humanos y vuelvo a quedar sola. No niego que extraño mi vida de clase alta, pero aquí seguiré", dice con vehemencia.
Finalmente la señora Concepción agradece por esta charla, por estar pendiente de ella y por las voces de aliento que recibe en medio de la mirada de muchas personas. "El peligro más grande está allá, esa es la verdadera amenaza", enfatiza señalando la Casa Blanca.