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La pesadilla americana

Golpeados por la crisis estadounidense, miles de emigrantes mexicanos retornan a sus pueblos. La mayoría vuelven sin un sólo peso en sus bolsillos. Lo peor es que será difícil encontrar trabajo en México.

12 de diciembre de 2008 - 06:00 p. m.
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Se fueron sin un peso, y regresan peor. Un millón de mexicanos residentes en Estados Unidos están volviendo a su país para visitar a sus familiares en las fiestas navideñas y de paso, quedarse por falta de trabajo. Es la historia de muchos emigrantes que se ven forzados a regresar a su tierra. Al disminuir el empleo, en especial en el campo y la construcción, agarran sus maletas y emprenden el amargo camino del viaje sin retorno.

La visita navideña del familiar que se fue para el norte era una venerada tradición en muchos empobrecidos poblados mexicano. A pesar de la extorsión de los policías —que en el camino pedían dinero para dejar pasar los vehículos cargados con juguetes, electrodomésticos, televisores y bicicletas— miles de mexicanos esperaban esta época para volver. Pero hoy el sueño americano se convirtió en pesadilla.

“Este año traemos sólo cosas usadas. Me siento mal viniendo desde tan lejos con regalos que no valen nada, sentimos que somos nosotros los que ahora necesitamos ayuda”, comentó Luisa Valle. Enrique González, de 38 años, sólo trae unos muebles de un tío que fue deportado. “Nada de regalos, todo por culpa de la recesión”, comentó González, un empleado del hotel de Phoenix, Arizona.

Rosemary Guerrero apenas pudo costearse la visita a su estado de Michoacán a pesar de la caída en el precio de la gasolina. Su esposo, obrero de la construcción en Los Ángeles, sólo consigue trabajo un día a la semana.

La emigración de mexicanos al norte —legal o ilegal— ha disminuido debido a las intensas medidas de seguridad fronteriza en Estados Unidos, a las normas contra la inmigración ilegal y a la crisis económica. Según las autoridades mexicanas, en los últimos dos años la emigración ha bajado 42%. Muchos de los que pensaban irse lo están dudando ante la perspectiva de no encontrar trabajo. Los 500.000 mexicanos que cada año se marchaban como ilegales tienen que esperar tiempos mejores.

El declive económico en E.U. golpea tanto, que en el primer trimestre de 2008 la tasa de desempleo para los hispanos en ese país fue de 6,5%, comparada con 4,7% para el resto de la población. Las remesas que los mexicanos envían a sus familias —segunda fuente de ingresos extranjeros en México— han disminuido 15%. Las consecuencias sociales y económicas ya están a la vista, porque mucha gente vive del dinero que recibe de sus parientes.

Después de más de 20 años en Los Ángeles, Alfredo Chalico retornó a su pueblo al quedarse desempleado. No recuerda una situación tan difícil. “Si la crisis afecta al norteamericano, al inmigrante lo golpea más”. Chalico comenta que al paralizarse la construcción, millones de inmigrantes quedaron sin trabajo. “La situación —subraya— es peor para los latinos. Perdimos la casa al dispararse los intereses y no poder pagar la hipoteca; no teníamos dónde vivir”.

Dos semanas después del retorno a su tierra, Samuel Soto volvió a su antiguo trabajo de albañil. “La amarga diferencia es que aquí gano 6.000 pesos mensuales (US$300), mientras que en tierra de los gringos llegaba a los 24.000 (US$1.600)”.

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Cruz López, secretario general de la Confederación Nacional Campesina, advierte que el retorno de emigrantes “representa un cambio social, pues al no haber dinero ni trabajo, será más fácil que la gente voltee al narcotráfico”.

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