Ciudad Juárez, México. En esta ciudad fronteriza de 1.3 millones de habitantes, atormentada por las matanzas, se han registrado más de 80 asesinatos en las últimas tres semanas, y los secuestros, extorsiones, robos y violaciones plagan aún más a una población de por sí nerviosa.
Hasta ahora, parece que el año nuevo traerá tantos estragos, si no es que más, que el anterior. "Caminar por las calles de Juárez es un deporte extremo", comentó el politólogo Tony Payan, un experto en violencia fronteriza, repitiendo un chiste sombrío que se ha transmitido de boca en boca.
Aun cuando poco más de uno por ciento de los 105 millones de habitantes de México vive en Juárez, esta ciudad representó casi una tercera parte de los casi 5,400 asesinatos del hampa el año pasado, según el Gobierno federal. Y dado que es poco probable que disminuya la guerra del presidente Felipe Calderón contra las poderosas organizaciones de narcotraficantes del país, esta Ciudad, que limita con El Paso, parece que seguirá siendo un importante campo de batalla.
Algunos expertos estadounidenses en seguridad advierten que México se tambalea en la situación desastrosa de llegar a ser un "Estado fallido". Líderes mexicanos hacen caso omiso de esa idea, pero el caos delictivo en Juárez aúlla como una sirena antes de una tormenta que se avecina.
"Quienes estamos en la frontera somos la evidencia de cuán rudas se pueden poner las cosas", dijo Lucinda Vargas, ex funcionaria del Banco Mundial que dirige al Plan Estratégico Juárez, un centro de investigación y análisis de políticas públicas. "No hay un rincón de la ciudad que se escape de los efectos del crimen organizado".
Otrora restringido en gran medida sólo a los propios gánsteres, se ha generalizado el caos. Tan sólo hay que considerar el martes de la semana pasada:
Las autoridades recuperaron la cabeza decapitada de un jefe policial de una ciudad río abajo. Dejaron otras tres cabezas en una hielera en los escalones del ayuntamiento de un pueblo vecino. Mataron a balazos a dos policías estales cuando estaban en su camioneta de patrullaje en un estacionamiento del centro de Juárez. Asaltantes desconocidos secuestraron a un comandante de tránsito de Juárez.
Y, también hay que considerar que el miércoles 14 de enero mataron a 10 personas, incluido un estudiante de derecho de 19 años y lanzador de un equipo universitario de béisbol. Lo habían secuestrado 30 horas antes de la casa de su familia cercana a la frontera.
Los padres de Jaime Irigoyen, el estudiante, dijeron que los secuestradores de su hijo llevaban uniformes del Ejército y hablaban con acento del sur de México, al igual que muchos de los tres mil soldados que patrullan las calles de la ciudad.
En una declaración, el Ejército mexicano negó la participación de soldados. "El que quienesquiera que lo hayan privado de la libertad estuvieran vestidos con uniformes tipo militar no quiere decir de ninguna forma que fueran soldados", dijo el Ejército. "Hacemos un llamado a la población en general a no dejarse engañar por las bandas criminales".
Sin embargo, miembros de la población dijeron que vieron hombres uniformados cometer los delitos. Testigos dijeron que ocho pistoleros que irrumpieron durante un servicio de oración en un centro de rehabilitación para drogadictos en agosto
pasado y asesinaron a ocho personas también iban ataviados con ropa militar. "Vestían como soldados", dijo a los reporteros Socorro García, la pastora de Asambleas de Dios que conducía el servicio.
Como en la mayoría de los más de 1,600 homicidios en la ciudad el año pasado, no se ha detenido a nadie por el ataque contra la clínica ni por el asesinato del estudiante. "Nadie se puede refugiar en un verdadero imperio de la ley, porque no existe aquí", dijo Vargas, originaria de Juárez y reformista que no obstante regresa a El Paso cada noche.
El ex secretario de Seguridad Interna Michael Chertoff dijo que Washington ha diseñado planes de contingencia para reforzar las defensas fronterizas de Estados Unidos si los gánsteres se hacen con el control de una ciudad como Juárez. Y el ex zar estadounidense de las drogas Barry McCaffrey advirtió recientemente que México se enfrenta a convertirse en un "narco Estado". Los planificadores militares estadounidenses han establecido la hipótesis de que México y Pakistán representan el mayor riesgo de un colapso repentino.
Funcionarios mexicanos han descartado tales rumores por considerarlos exagerados. "Estamos arreglando la casa", dijo Calderón en un discurso reciente. "México tiene estabilidad política". Quizás es cierto. La gente aún hace fila para pagar sus impuestos y para votar en las elecciones. Los servicios públicos funcionan la mayor parte del tiempo. La policía dirige el tránsito y patrulla los barrios.
La mayor parte de México, e incluso de Juárez, funciona pacíficamente. Sin embargo, es peligroso que algunas cosas fundamentales no hayan salido bien. El comercio internacional ha construido las nuevas carreteras, las torres de oficinas y el enrejado de los suburbios de Juárez.
Sin embargo, son demasiadas las personas en la ciudad que observan ese progreso con la nariz pegada a los vidrios de las ventanas. Los salarios en las fábricas empiezan con menos de 50 dólares a la semana y el empleo está disminuyendo en medio de la recesión mundial. Las empresas delictivas de venta de narcóticos en los barrios o del contrabando para consumidores estadounidenses pagan muchísimo más.
Miles de jóvenes pertenecen a las 500 bandas callejeras que, según estima la policía, operan en Juárez. Las pandillas se alían con carteles de narcotraficantes más grandes, y combaten unas con otras por el territorio. "Los jóvenes no tienen planes a largo plazo", explicó la socióloga Julia Monarrez, quien investiga los factores de género en la violencia en Juárez, que también ha reclamado la vida de casi 600 mujeres desde principios de los 1990. "Son desechables".
Sin embargo, en medio de la violencia en Ciudad Juárez, muchos de sus habitantes con dinero y visas estadounidenses se han ido al otro lado del río Bravo, a El Paso. En cuanto a quienes se quedaron, se encierran después de la puesta del sol. "En un sentido micro, Juárez es un Estado fallido", comentó Vargas.