Era preciso servir otro whisky. Durante casi dos horas, los visitantes no dejaron de hablar sobre proyecciones electorales, intenciones de voto y citas a concertar con el Superintendente de Bancos de Panamá. Entre los números y las promesas, David Murcia Guzmán desviaba la vista para observar las luces nocturnas de la capital panameña; después volvía a los negocios.
Su socio de origen brasileño no perdía detalle alguno de lo que allí se decía. Y cuando el candidato a alcalde Roberto Velásquez Abood, más conocido como Bobby, tocó el tema del dinero, Murcia bebió un trago largo. Puso el vaso en la mesa de centro y se acomodó en el sillón color ocre. Los hielos, a medio consumir por el alcohol, crujieron contra la superficie de vidrio.
—Ahí está lo que falta para completar el pago. Llévenselo —les dijo a sus invitados y señaló un maletín—. Bobby y su padre, ex alcalde y con quien comparte el mismo nombre, se despidieron de Murcia y su socio, recogieron el maletín y salieron de la suite presidencial del hotel Sheraton.
Es la historia que una y otra vez ha repetido Alexandre Ventura Nogueira ante los medios y la justicia del istmo. Este empresario de origen brasileño es el principal testigo en el caso que la Procuraduría panameña sigue contra Bobby Velásquez por la presunta financiación de David Murcia Guzmán a su campaña para la Alcaldía de Ciudad de Panamá.
“La maleta la agarró Roberto Velásquez padre. Cuando salieron, le pregunté a Murcia qué había ahí y me dijo que eran 2 millones de dólares, y que la inversión completa era de 3 millones”, aseguró Ventura en entrevista con el diario panameño La Prensa, además de denunciar amenazas contra su vida por colaborar en el caso. Según su versión, los invitados se comprometieron a exponer el caso de DMG ante la Superintendencia Bancaria. “Murcia quería estar con las cosas en orden en Panamá”, comentó.
Sus declaraciones pusieron en apuros a los Velásquez. A pesar de que Bobby, candidato del oficialista Partido Revolucionario Democrático (PRD), ha negado una y otra vez ante la Procuraduría el encuentro con Murcia, no ha podido evitar el bajón que sufre en las encuestas: en enero su popularidad sobrepasaba el 50%; hoy está en empate técnico con su contrincante, Bosco Vallarino. “Perdió credibilidad y el voto más blando que lo acompañaba se trasladó a la opción opositora”, explica Jaime Purcell, investigador de mercados panameño.
Ventura, quien ha admitido públicamente su intención de comprarle a Murcia la franquicia de DMG en el istmo, no es el único que ha declarado contra el candidato oficialista a la Alcaldía. Tres antiguos escoltas del polémico empresario colombiano ratificaron ante el Ministerio Público que los Velásquez sí asistieron a la reunión y que salieron del hotel Sheraton con un maletín de color oscuro.
Los acusados también han expuesto su versión de los hechos. “Todo es una campaña de desprestigio que se ha montado en contra de mi hijo. Vallarino está detrás de este plan, porque está desesperado”, afirmó Roberto Velásquez padre al diario La Prensa.
Presidencia: en la mira
El rumbo de las elecciones panameñas cambió el 11 de marzo pasado con la publicación de una entrevista. “Después de analizar las opciones que había, me fui con el PRD. Les di seis millones de dólares”, le aseguró David Murcia Guzmán, desde una cárcel colombiana, al diario panameño La Estrella.
El propietario de la comercializadora DMG, al que las autoridades acusan de estafa y lavado de activos y quien ha desatado una serie de escándalos en la política colombiana, reservó en sus acusaciones un capítulo para el istmo. “Yo aprobé seis millones, tres para la campaña de Bobby y tres para la campaña de Balbina. Estas cosas se hacen en efectivo. Todo se manejaba a través de los Velásquez, que venían en nombre del PRD, no en nombre propio”, reiteró.
Sus palabras causaron conmoción inmediata entre los políticos panameños. Balbina Herrera, aspirante del PRD a la Presidencia, defendió su nombre ante las cámaras de televisión. “Es triste que en Panamá se defina una campaña política a través de un narcotraficante, lavador de dinero, que llegó a este país diciendo que era un gran empresario”, le dijo al Canal 2.
Pero la suerte estaba echada. Su opositor, el empresario Roberto Martinelli, aprovechó todo el episodio para ampliar aún más la ventaja que tenía en las encuestas. De un momento a otro se hicieron comunes en sus actos públicos frases como: “Entran limpios y salen millonarios”.
“Este fue el último clavo en el ataúd”, dice el editor de un prestigioso periódico panameño. De acuerdo con una encuesta de la firma Ditcher & Neira, publicada hace dos semanas, cuando entró en vigor la ley electoral que prohíbe difundir más sondeos, Martinelli goza de una intención de voto del 55% y por Herrera votaría el 41% de los electores.
El empresario, de tendencia derechista y dueño de la cadena de supermercados más grande del país, ha centrado su campaña en el gasto público. Entre sus promesas sobresalen programas de becas para educación básica, pensiones vitalicias para los desempleados mayores de 70 años y la construcción de un tren ligero para el centro de la capital, un proyecto que costaría entre 800 y 1.400 millones de dólares; sin embargo, en los corrillos políticos de Panamá se rumora que también tuvo vínculos con Murcia Guzmán a través de las tarjetas prepago que el colombiano ofrecía.
Las filas oficialistas aún no pierden la esperanza. Grandes figuras del partido, como el mismo presidente Martín Torrijos y el cantautor Rubén Blades, a nombre de una coalición independiente, respaldaron públicamente a Herrera durante el cierre de la campaña.
Para el periodista panameño Dustin Guerra, la victoria de Martinelli está en duda. “El PRD es el partido más organizado. Tiene unas 600.000 personas inscritas, es la fuerza política más grande del país”, advierte.
En el mismo sentido se pronuncia el investigador Purcell: “Una elección es igual a un partido de fútbol: termina en el momento en que se cuenta el último voto”.
Panamá: segunda patria de DMG
Hacia noviembre de 2005 aterrizó David Murcia en Panamá, con la intención de quedarse. En un año proyectó la estructura de su multimillonario negocio y comenzó a vivir como tal: alquiló un exclusivo apartamento por el que pagaba al mes unos 8.000 dólares, compró carros y yates de lujo y se relacionó con la clase alta panameña.
A finales de 2006, Murcia abrió en el istmo las puertas de DMG, su comercializadora, ofreciendo bonos de compra que se hacían efectivos en gimnasios, supermercados o droguerías. Por si fuera poco, en seis meses los clientes llegaban a recuperar entre el 50% y el 70% de su inversión.
Su estrategia rindió grandes utilidades por dos años, hasta que las autoridades panameñas lo capturaron mientras intentaba huir a Costa Rica.
Desde entonces, en Panamá se canceló la licencia comercial a las cinco sucursales de DMG, al igual que a 218 sociedades anónimas. Actualmente es investigado en el vecino país por blanqueo de capitales y por estafar a alrededor de 20.000 personas.