Este mes, un grupo de reconocidos líderes políticos, funcionarios y expertos militares africanos visitó Colombia para conocer cómo este país ha golpeado la insurgencia criminal, ha comenzado a enfrentar su legado histórico de desarrollo inequitativo y prosperidad desigual y ha puesto a sus ciudadanos en el camino de la paz.
Al igual que Colombia, muchos países africanos han gozado de crecimiento económico en el siglo XXI, promediando un 5% anual para el continente en general. Las posibilidades de colaboración e inversión son claras: empresas africanas como SAB Miller y Anglo American han estado en Colombia durante años y existe un verdadero potencial de crecimiento.
Sin embargo, también como en el caso de Colombia, muchos países africanos cargan con legados coloniales de desigualdad económica, marginación de minorías étnicas e indígenas y exclusión de los sectores rurales y urbanos más pobres. Motivos de reclamos legítimos, y quienes buscan solucionarlos por medios violentos e ilegítimos, son tan familiares para los africanos, como lo son para los colombianos.
Nuestro grupo ha visitado la mayoría de las principales ciudades y muchos pueblos y aldeas en todo el país. Hemos hablado con oficiales del Ejército y la Policía, alcaldes y representantes comunitarios, líderes indígenas, campesinos, guerrilleros desmovilizados, funcionarios y miembros de la Iglesia y hemos visto personalmente los avances que se están logrando.
Observamos unas elecciones presidenciales pacíficas y democráticas y aplaudimos dos victorias colombianas en la Copa Mundial de Fútbol, viendo los partidos con los más valientes entre los valientes soldados que perdieron brazos y piernas por las minas antipersona instaladas por las Farc mientras luchaban por darle a los colombianos una oportunidad de paz y prosperidad. Nunca olvidaremos a estos hombres ni a este país.
Lo que hemos visto nos convence de que África puede aprender directamente de Colombia en muchas áreas. La mayor lección es quizás la importancia del Derecho Internacional Humanitario, el respeto por los derechos humanos y el imperio de la ley, no como propaganda o falsa vitrina, sino como un elemento crítico para el éxito operativo. Como lo manifestó un oficial del Ejército, «La legitimidad es nuestra mayor arma y hemos aprendido que ésta depende totalmente del respeto por los derechos humanos y el derecho humanitario».
Otra lección se encuentra en la forma como Colombia ha trabajado para mejorar la prestación de servicios a nivel local, mientras enfrenta simultáneamente los desafíos armados. Colombia ha afrontado una situación no muy distinta de la que se vive en el Congo oriental, la violencia de Boko Haram en Nigeria, la insurgencia en las zonas del norte de Mali o, cada vez más, el terrorismo de Al Shabaab en el África Oriental. La reciente racha de ataques en Nigeria y Kenia, así como el atroz asesinato y secuestro de niños por parte de Boko Haram, acentúan la urgente necesidad de aprender estas lecciones.
Como nos lo ha demostrado la experiencia colombiana, una respuesta eficaz a tales amenazas exige una atención equilibrada en tres áreas críticas: seguridad ciudadana a través de operaciones militares y de policía eficientes; compromiso político y gubernamental en todo el país; y un desarrollo socioeconómico incluyente con la meta de lograr la prosperidad y la paz para todos los ciudadanos.
Durante los últimos 15 años, Colombia ha aprendido a llevar el gobierno y la infraestructura a todo un territorio inmenso y difícil, en el cual se encuentran algunas de las ciudades más grandes de América Latina, incluyendo remotas selvas y costas escasamente pobladas. Creemos que los líderes africanos pueden aprender mucho de esta experiencia.
Quedamos muy impresionados con el trabajo que está haciendo Colombia para mejorar la capacidad militar, de policía y de gobierno. Una mayor colaboración podría traer verdaderas mejoras al África en materia de capacitación, inteligencia, equipos y lucha contra el narcotráfico, que se está manifestando cada vez más en África Occidental y el Sahel.
Se ha proyectado que la población del África Subsahariana aumentará de 920 millones, población actual, a 2.000 millones en 2040. Para entonces, la mayoría de las personas estarán viviendo en ciudades, que ya hoy sufren grandes problemas debido a la escasez de servicios. Sin la adecuada planeación, infraestructura y seguridad, estas ciudades no serán fuentes de crecimiento e innovación sino puntos de conflicto y fricción.
Ciudades del tamaño de Buenaventura, con cerca de 500.000 habitantes, pueden moldearse con mayor facilidad a través de una mejor política y un mutuo aprendizaje que las megaciudades, desde ya inmanejables. La colaboración –tanto entre gobiernos como entre entidades del sector privado- podría ayudar a estabilizar las áreas urbanas de alto crecimiento, inclinando estas ciudades en una dirección positiva.
El cambio toma tiempo. El analfabetismo, los bajos niveles de capacitación y las pocas perspectivas de trabajo son una mezcla volátil. Existe un sentimiento de marginación social, desesperanza y ausencia de responsabilidad personal profundamente arraigado entre los elementos más pobres de nuestras sociedades. Al igual que Colombia, los países africanos requerirán un esfuerzo sostenido –durante como mínimo una generación- para enfrentarlos, lo cual sin duda exigirá una sólida presencia de seguridad en áreas históricamente inseguras. Terminar los ciclos de violencia exige enfrentar las desigualdades históricas y esto toma tiempo –el mismo que se requiere para crear un ambiente pacífico para los niños de hoy, hasta que terminen su educación y encuentren un trabajo.
Una última lección clave es la necesidad de combinar un esfuerzo nacional continuado para combatir el crimen y la insurgencia con una búsqueda legítima e incluyente de la paz. Lo que hemos visto nos convence de que el proceso de paz y la contrainsurgencia sostenida no se contradicen, sino que son dos partes de una estrategia integrada. Colombia tiene una oportunidad histórica, una que rara vez se le presenta a un país, para construir sobre sus éxitos de la última década y finalmente acabar con una lucha de muchos años por medio de una auténtica reconciliación, con seguridad y prosperidad para todos.
Nosotros, y los africanos (así como el resto del mundo), estaremos observando muy de cerca para ver cómo se desarrolla esta oportunidad.
*Buyoya y Obasanjo son los anteriores presidentes, de Burundi y Nigeria respectivamente; Mills encabezó la visita a Colombia a nombre de la Fundación Brenthurst.