Lanzar una lluvia de misiles sobre Siria durante un tiempo limitado, sin tropas en tierra y sin la intención de derrocar a Bashar al Asad, tal como lo plantea Estados Unidos, intensificaría la guerra civil que vive el país desde hace 29 meses y complicaría los conflictos que hoy vive Oriente Medio. Esas, advierte el centro de análisis International Crisis Group, serían las primeras consecuencias de una intervención militar, cuyo futuro hoy es incierto.
A pesar de los esfuerzos de la administración de Barack Obama por convencer a los legisladores estadounidenses y a la comunidad internacional de que es necesario lanzar un ataque para enviar el mensaje de que “un ataque con armas químicas no será tolerado”, lo cierto es que el mandatario se está quedando cada vez más solo en esta empresa bélica.
Las primeras grietas para que el Congreso dé luz verde al ataque el próximo 12 de septiembre, según la agenda legislativa, aparecen dentro del Partido Republicano, llamado por muchos el “partido de la guerra”, porque cuenta entre sus filas con “halcones” guerreristas. Aunque dos de sus líderes, John Boehner (presidente de la Cámara de Representantes) y John McCain (veterano de guerra y excandidato presidencial), pidieron apoyar la resolución que autoriza el ataque, trascendió que un buen número de miembros de ese partido estarían pensando en dar un paso al lado y no votar por la intervención.
Sin embargo, el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, conformado por 17 senadores, aprobó por mayoría una resolución conjunta que autoriza un ataque militar en Siria, por un plazo de 60 días. Con 10 votos a favor y 7 en contra, el comité aprobó una medida bipartidista que limita un ataque militar a dos meses, sin que haya tropas en el terreno. Sin embargo, este es apenas una pequeña victoria, pues el pleno del Senado someterá la medida a votación la próxima semana y quedará todavía pendiente el voto en la Cámara de Representantes, quizás el más difícil y de donde surgen más dudas sobre la intención del ataque.
“Las preguntas que se hacen muchos políticos estadounidenses es que a lo largo del conflicto sirio se ha visto que los rebeldes están conformados por una diversidad de grupos que no tienen una identidad clara, ni objetivos comunes. De hecho, tienen entre sus filas a miembros del grupo pro Al Qaeda llamado Al Nusra, que actuaba en la frontera entre Siria e Irak, lo que despierta preocupación”, explica el analista en Washington James Jeffrey.
Una encuesta de la firma Ipsos publicada por la agencia Reuters señala que sólo el 25% de los estadounidenses aprueba una intervención militar en Siria, en caso de que se demuestre que se usaron armas químicas, algo que la ONU dice será difícil de probar. “Teniendo en cuenta los falsos pretextos que informaron a la invasión de EE.UU. a Irak en 2003 y, desde entonces, la polarización, regional e internacional, junto con la dinámica del propio conflicto sirio, las pruebas presentadas por la administración estadounidense sobre el uso de armas químicas no serán suficientes para convencer a los incrédulos y el escepticismo será generalizado”, explica Kimberly Abbott, analista del ICG.
Francia, el único país dispuesto a apoyar a EE.UU. en el ataque, también comienza a mostrar divisiones. “La primera cuestión que hay que plantearse no es si debe o no haber voto, sino si se usaron armas químicas o no, y si el responsable fue o no Bashar al Asad”, dijo hoy el primer ministro Jean-Marc Ayrault, quien recalcó que es necesario estar unidos “para que la voz de Francia sea oída”.
“No es mi credibilidad la que está en juego, es la de la comunidad internacional y la del Congreso”, afirmó Obama, para quien el mundo no puede permanecer “en silencio”. “Después de todo esto, ¿vamos a buscar ahora una razón para no actuar?