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Los balseros intrépidos

Un grupo de más de 30 cubanos llegó a la central eléctrica de Turkey Point, en Florida.

01 de diciembre de 2009 - 04:39 p. m.
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No sólo el matrimonio Salahi se coló el martes en la Casa Blanca, durante la cena de gala que dio Barack Obama en honor del primer ministro indio, Manmohan Singh. El jueves, el día de Acción de Gracias, este tipo de acciones tuvieron un variado matiz humano en Florida. Unas horas antes de que Tiger Woods se estrellara extrañamente contra una boca de riego y un árbol, cerca de Orlando, 300 kilómetros más al sur un nuevo grupo de cubanos huidos de la isla bajaban de una lancha de traficantes, en un punto de la costa, al sur de Miami Beach y Key Biscayne.

La noticia no tendría más trascendencia que otra peripecia en las aguas del estrecho de Florida si no fuera porque los protagonistas, al tocar suelo estadounidense y tras unos trámites burocráticos de identificación, fueron puestos en libertad y, gracias a la ley de pies secos-pies mojados —la del ajuste cubano— dentro de un año tendrán derecho a la residencia.

Si llegar a la costa de EE.UU. ya es un mérito, teniendo en cuenta las viles servidumbres impuestas por los traficantes, hacerlo sin ser detectados en Turkey Point, apenas 40 kilómetros al sur de Miami, donde está la central eléctrica más importante de Florida, Power Light (FPL), que funciona con cuatro reactores nucleares, la cuestión alcanza tintes de hazaña.

La FPL tiene supuestamente servicios de seguridad reforzados desde los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. Los dos lancheros entraron en uno de los canales de los manglares que se usan para enfriamiento del agua de la central y dejaron a los cubanos hacia las 6 de la mañana. Pero, según el informe que la FPL debió enviar a la Comisión de Regulación Nuclear (NRC), sólo hacia la 1:30 p.m. se recibió la llamada de uno de los balseros en la planta. Los agentes de inmigración llegaron una hora más tarde.

Un portavoz de la FPL dijo: “Esas personas estaban a seis millas de la planta y nunca representaron un peligro”. Y añadió: “La FPL mantiene un programa de seguridad muy estricto”.

A principio de año, la compañía, que continuamente pugna por subir las cuotas a sus usuarios en aras de un mejor servicio —su máximo ejecutivo justifica sus viajes en avión privado por razones operativas—, debió pagar una multa de US$130.000 a la NRC al descubrirse que seis de sus vigilantes dormían durante las guardias o encubrían a sus compañeros.

En los años ochenta, según contó Rafael del Pino, famoso general desertor del Ejército del Aire cubano, la planta nuclear de Turkey Point fue objetivo de Fidel Castro, que planeó un ataque con Mig soviéticos en caso de confrontación con EE.UU.

Ahora, Raúl Castro acaba de decir: “El objetivo es no rendirse nunca; no dejar de luchar aunque no tengamos información”. El presidente de Cuba justificó así por enésima vez las maniobras militares realizadas la semana pasada, ante una supuesta amenaza de invasión por parte de Estados Unidos, a pesar de que Obama haya declarado que su gobierno no tiene intención alguna de usar su fuerza militar contra la isla.

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Las operaciones militares comenzaron precisamente el jueves. Pero, en su transcurso, ni Raúl Castro, ni sus policías guardafronteras, ni sus militares se enteraron del viaje a Turkey Point. O no quisieron enterarse, como todos los indicios apuntan en las salidas de balseros, que denuncian la connivencia de las autoridades con los traficantes. Así, mientras se preparaban para una guerra inexistente, una treintena de cubanos y cuatro niños eran recogidos en un punto al este de La Habana, en la costa norte de la isla, y emprendían el periplo en una potente lancha de tres motores y 10 metros de eslora.

La ruta directa hacia Florida, en baja en los últimos años por la mayor vigilancia de los guardacostas y servicios de satélite estadounidenses, vuelve a revivir, aunque poco a poco. No importan las duras condenas a los traficantes detenidos, que rondan los 20 años de cárcel, ni el peligro de perder la vida. Los balseros, ahora ya nada artesanales, continúan siendo imparables.

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