El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Moneda al aire

Tras dos décadas, la derecha chilena con Sebastián Piñera está a punto de llevar a un sector del pinochetismo de regreso al poder.

16 de enero de 2010 - 04:58 p. m.
PUBLICIDAD

Iba achicharrado en un taxi abriéndome paso por entre los 34 grados de calor que se sentían aún más intensos rebotando en el cemento, el acero y el sudor de los transeúntes del centro de Santiago. Era la una y diez de la tarde del martes. De pronto, el radio cesa la música y anuncia que el ex candidato Marco Enríquez-Ominami ha decidido dar su voto al demócrata cristiano ex presidente Eduardo Frei (1994-2000). Es un noticionón.

Hace un mes, el domingo 13 de diciembre, en la primera vuelta, Enríquez-Ominami, un joven cineasta que ha tenido éxito formando una alternativa de centro-izquierda que aglutina a los descontentos de la Concertación por la Democracia (que viene sucediéndose en el gobierno desde el término de la dictadura de Pinochet en 1990), había logrado acumular un 20% de los votos. El oficialista Eduardo Frei, apenas había podido conservar un 29% de los electores y el magnate derechista Sebastián Piñera, del partido Renovación Nacional (RN), a quien apoya el empresariado y la pinochetista Unión Demócrata Independiente (UDI) exhibió un orgulloso y soberbio 44%.

Que Marco Enríquez-Ominami haya dicho (un poco a regañadientes y sin mencionarlo por su nombre, a decir verdad) no implica que mecánicamente su 20% se sume al 29% de Frei, quien ya cuenta con un 7% que le aportó el Partido Comunista y sus socios del Juntos Podemos. Según los analistas y las encuestas, de esos 20 puntos de Marco, nueve serán para Frei, cuatro para Piñera, otros cuatro serán nulos y tres están indecisos.

Entre los gritos de vendedores ambulantes, la mano de algún mendigo, y el presuroso ir y venir de profesionales, oficinistas y empleados del comercio en la hora de la colación, calculo que si esto es así, en las últimas horas de hoy domingo Frei alcanzará un 45% y Piñera un 48%, derrotando por dos puntos de ventaja (en torno a los cien mil votos) al candidato oficialista. Es la primera vez en 20 años que el pinochetismo está a punto de volver al poder, y ahora por la vía electoral. Por cierto, vestido con la piel de oveja de Sebastián Piñera, quien reitera que siempre en el pasado se opuso a Pinochet y que “lo más probable” es que no coloque en su gabinete a ningún ex ministro del dictador, aunque todo el pinochetismo, concentrado en la UDI y parte en RN, apoya a este hombre de negocios, dueño entre otras empresas de la aerolínea LAN Chile y sus filiales, del canal de televisión Chilevisión, militante del partido Renovación Nacional (RN), miembro de la derechista Coalición por el Cambio y, según Fortune, con una riqueza personal de US$1.900 millones el 2007, con lo que fue clasificado entre los 800 hombres más ricos del mundo.

“Va a estar peleada la elección el domingo”, comenta el taxista, y en ese mismo instante la radio del taxi me sorprende con los resultados de la última y prestigiada encuesta Mori aplicada el pasado 9 de enero: empate técnico. Sebastián Piñera sacaría un 50,9%, Eduardo Frei un 49,1%, pero con un margen de error del 3%. Es decir: cualquiera de los dos puede ganar o perder. La diferencia en este caso es de un poco menos de dos puntos. Lo que otorga a los tres puntos representados por los indecisos del lote de Enríquez-Ominami a la categoría de factores clave.

Frente a La Moneda (el palacio de gobierno en Chile) me bajo del taxi y enfilo hacia mi destino por la Plaza de la Constitución. De pronto caigo en la cuenta de que voy tarareando mentalmente “¡Brilla el sol, de nuestras juventudes, la noche queda en el ayer!…”, el himno de la Patria Joven que se popularizó en 1964 durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva, padre del actual candidato, y asesinado por la dictadura de Pinochet según un proceso judicial que adelanta la justicia treinta años después, y en el que son imputados como autores y cómplices algunos médicos que colaboraron con la Central Nacional de Informaciones (CNI), policía secreta de la dictadura, y el “antiguo y leal” chofer personal de Frei padre, quien también resultó ser agente de la CNI. ¿Qué diría Jung?, pienso. ¿Simple y obvia asociación? ¿Sincronización? ¿Mi inconsciente individual bebió en el inconsciente colectivo y se asomó al futuro? ¿Sólo expresión de un deseo intenso de que el pinochetismo no se entronice de nuevo?

Entonces, al filo del despacho de este artículo, se lo pregunto al Tarot… Y me da la carta del triunfo, el XXI, El Mundo, ¡para ambos en lo inmediato! ¿Empatarán también en las urnas? Luego, una crisis para Frei y éxito para Piñera (¿será tan estrecho el resultado que ambos se proclamarán ganadores y finalmente Piñera será impuesto por la fuerza? Sería irresponsable asegurarlo: se supone que el Ejército se ha democratizado en estos años, los empresarios están contentos con la Concertación, Frei no es Allende, pero Piñera se siente tan seguro…) Indago en el oráculo chino, y el I Ching me dice que “el principio oscuro irrumpe de nuevo furtiva e inesperadamente desde adentro y desde abajo después de haber sido eliminado”.

Coincidentemente con el porcentaje de Piñera en la primera vuelta, el hexagrama que sale es el 44 (¿sincronismo otra vez?). Busco en la astrología mundana (que trata de los asuntos políticos), aplico los principios del francés André Barbault, y me muestra una crisis en proceso (Saturno Plutón en cuadratura) que hasta podría desencadenar en conflicto bélico y (conjunción Júpiter Urano) renovación de los ideales colectivos, oportunidad para el idealismo, el humanismo, la izquierda. Ambos ciclos no obstante, corren para nuestra época, para todo el planeta, y no sólo para Chile. Conclusión: no queda sino esperar los resultados de esta noche. Pero que Chile está dividido en dos mitades, no cabe duda.

Conoce más
Ver todas las noticias