Después del resultado de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, estamos optimistas pensando que soplan nuevos aires en América. Se suceden hechos destacables: muerte popular de una Constitución impuesta por una dictadura en Chile; triunfo mayoritario del movimiento político del presidente Evo Morales en Bolivia demostrando el fraude montado por el secretario de la OEA un año antes y por último la elección de Joe Biden en las polémicas elecciones en EEUU.
Los pueblos al sur del río Bravo, nos guste o no nos guste, supeditamos nuestro futuro a lo que ocurre en el país del norte. En lo económico, en lo político y hasta en lo cultural.
Después de la segunda guerra mundial, Estados Unidos se ha erguido como la primera potencia mundial sobre dos premisas: libre competencia y sometimiento económico a los países dependientes.
Que se espera de Biden en USA: reforma migratoria, refugiados, ayuda a los sectores pobres, enfrentar el racismo y empoderarse con seriedad en el tema del cambio climático.
Que esperamos del nuevo presidente en América Latina: revisión o eliminación de algunos TLC, claridad frente a la supuesta política anti drogas.
Si lo anterior prospera, estaremos verdaderamente frente a un cambio fundamental y positivo en el pensamiento de Biden. Recordemos que fue él quien impulsó los TLC en América y en lo particular para Colombia, se dice que propició el llamado “plan Colombia” en la década de los 80.
En cuanto a política internacional, Biden aprobó la invasión de Afganistán, resultado de lo cual ese conflicto regional se ha prolongado hasta el día de hoy, detrás de lo cual solo están los intereses norteamericanos en el control del comercio sobre el petróleo.
Con optimismo pensemos que la longevidad de Biden, le permita situarse en forma verdaderamente liberal frente a nuestra realidad. Analicemos las estrategias pretéritas de Estados Unidos frente a Colombia en estos aspectos:
Política antidrogas. Con ese disfraz hemos tenido y seguimos soportando presencia de militares norteamericanos en el país. Esto, dentro un aparente marco de legalidad que sectores en el Congreso Nacional han debatido. Sumado a lo anterior, se mantiene la presencia desde hace varios años, de los llamados “contratistas”, que no son sino mercenarios de entidades privadas norteamericanas, desplazadas hacia nuestro país sin que tengamos claridad de su labor específica. Esto lo denunció con claridad de lenguaje y después de investigación seria y profunda, el periodista German Castro Caicedo en su libro “Nuestra Guerra Ajena”.
Sobre los TLC. El mejor ejemplo de lo negativo que estos programas comerciales han sido para nuestro país, lo tuvimos hace algunos días con el “conflicto de los paperos”. Estos campesinos deben regalar el producto de su esforzado trabajo, debido a que la papa nos llega desde el extranjero a menor precio. Sobran comentarios.
En relación con estos dos aspectos, deben ser nuestros gobernantes quienes, en diálogo constructivo con el nuevo presidente, le hagan las peticiones pertinentes.
El anuncio sobre el nombramiento de Antony Blinken como Secretario de Estado por el presidente electo, es positivo en lo relacionado con política internacional. Blinken reemplazará al tristemente recordado Mike Pompeo, quien más que un pacificador de los conflictos internacionales se dedicó a exacerbarlos, especialmente los conflictos de Siria y Venezuela.
En fin, bienvenido el cambio. Como se repite en el lenguaje cotidiano, entre Trump y Biden, el pueblo norteamericano ha elegido al menos malo.
* Director del Consultorio Jurídico de la Fundación Universitaria San Martín