La policía mexicana está en la mira. Este cuerpo de seguridad, que el gobierno de ese país ha presentado como una fuerza “profesional, bien entrenada y moderna”, ha sido acusada de corrupción, cometer abusos y otros delitos. Las acusaciones en contra de los uniformados son de vieja data. En el año 2006 la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) recibió 146 quejas de violaciones a los derechos humanos por parte de la Policía Federal; en 2012, ese número había aumentado a 802. En 2013 la CNDH emitió 14 recomendaciones sobre violaciones a los derechos humanos cometidas por agentes de la Policía Federal.
La impunidad reinaba. Sin embargo, una reciente investigación comprobó lo que antes se quedaba en meras denuncias. La CNDH reveló una cadena de violaciones de los derechos humanos durante una operación realizada el 6 de enero de 2014 para recuperar la alcaldía de Apatzingán (Michoacán), que había sido tomada por un grupo armado. De acuerdo con la versión oficial, un civil murió durante la retoma de la alcaldía y ocho más fallecieron en un choque posterior con los agentes federales. Esta seguiría siendo la versión más creíble si no fuera porque, un día después del incidente, un diario local publicó lo que vio un testigo, que afirmó que al menos tres de las víctimas fueron asesinadas por los policías después de haberse rendido. El testigo provocó que la CNDH iniciara una investigación, cuyos resultados dejan muy mal parado al cuerpo estrella de la seguridad en México, que hasta hace poco defendía la “pulcritud” de la operación.
De acuerdo con Luis Raúl González, el titular de la CNDH, durante la recuperación de la alcaldía, en la que participaron 44 policías federales y 287 miembros del Ejército mexicano, se cometieron “graves violaciones”, entre ellas del derecho a la vida, por la muerte de una persona atropellada; de la legalidad y seguridad jurídica, por la detención arbitraria de cinco personas no identificadas, y de la integridad personal, por el trato cruel a ocho arrestados. De acuerdo con la CNDH, además del atropellado, nueve personas más murieron en el enfrentamiento entre policías federales y miembros de las autodefensas (siete en el lugar de los hechos, uno cuando era trasladado en ambulancia y uno que apareció fuera del hospital de Apatzingán).
Los agentes también violaron el derecho a la vida por el uso excesivo de fuerza que derivó en la muerte de cinco personas, así como en la ejecución extrajudicial de una más. También se violó el derecho a la integridad personal, por la dilación en la solicitud de auxilio para la atención médica prehospitalaria a cuatro personas, atribuible a personal paramédico de la Policía Federal.
Para golpear a los Caballeros Templarios, que sembraran el terror en Michoacán, y desmontar el movimiento de las autodefensas que surgieron para enfrentar a los narcos, el gobierno de Enrique Peña Nieto decidió enviar 10.000 policías y soldados. En pocos meses el cartel perdió a sus líderes y sus fuentes de financiación sufrieron varios golpes. A su ocaso lo siguió el de las autodefensas. Pero, de acuerdo con la CNDH, el entusiasmo inicial ya pasó y muchas zonas de la región siguen bajo el dominio de los delincuentes. Con un problema adicional, la mira se posa sobre el papel de los policías, una institución que pasó de tener 6.500 agentes en 2006 a 37.000 en 2012.
Un informe hecho en 2014 por WOLA (Washington Office on Latin America), un centro de análisis, ya denunciaba la caótica situación de los uniformados y advertía que, a pesar de los esfuerzos, la policía en México seguía siendo abusiva y corrupta.
El informe argumentó que, si bien se ha hecho mucho para reformar a la policía en México, establecer fuertes controles internos y externos sobre sus acciones no ha sido una prioridad para el gobierno mexicano. “Los agentes policiales acusados de irregularidades no cambian porque saben que es poco probable que sean investigados y sancionados. Algo que perpetuará un patrón de abusos por parte de la policía, y fortalecerá un clima de desconfianza entre la policía y la población”. La CNDH le acaba de dar la razón.