¿Cuál era el nombre del personaje que acompañó a Hillary Clinton en 2016 en la papeleta electoral? Su fórmula vicepresidencial era… algo con ‘k’ y rimaba con el nombre de una banda…
Bueno, probablemente en este momento nadie se acuerda de Tim Kaine. De hecho, en 2016 una parte de los estadounidenses (el 46%) tampoco lo reconocían. Y no es porque se tratase de un demócrata. Durante la carrera electoral por la presidencia en 2016, el 41% de los ciudadanos tampoco sabía cómo pronunciar el nombre de Mike Pence, la fórmula de Donald Trump y hoy vicepresidente del país. Desconocer a la fórmula vicepresidencial es un problema de todos los votantes, demócratas y republicanos.
En Estados Unidos, a lo largo de la historia, se le ha restado importancia al papel del vicepresidente durante y después de la campaña, creyendo que solo están ahí esperando a que el presidente muera para hacer algo, pero eso es un grave error. De hecho, como destaca Ilya Somin de The Washington Post, precisamente por esa tarea de esperar la muerte del presidente es que este cargo es tan importante y delicado.
Algunos de ellos (los vicepresidentes) se han convertido en una parte fundamental de la historia del país: Harry Truman, quien tomó las riendas de Estados Unidos cuando el presidente Franklin D. Roosevelt murió en funciones, fue el encargado autorizar el lanzamiento de las bombas atómicas en Japón en agosto de 1945 cambiando el mundo para siempre. Ocho vicepresidentes tuvieron que convertirse en presidentes luego de que su jefe muriera. Casi todos terminaron siendo protagonistas de la historia del país, algunos con un desempeño mejor que el de otros.
Desde la campaña de 2016, la fórmula vicepresidencial comenzó a tomarse con más seriedad por el temor de que el presidente pueda morir por complicaciones en su salud debido a su avanzada edad. Para ese entonces, la candidata Clinton tenía 69 años y Trump tenía 70. De hecho, el republicano se convirtió en la persona de mayor edad en asumir la presidencia en la historia del país.
Para las elecciones actuales existe el mismo temor. Si Trump (74) gana, eso significaría que estaría dejando la oficina a los 78 años. Si Biden (77) vence, no solo se convertiría en la persona más longeva en asumir la oficina más importante del mundo, sino que tendría 81 años al cerrar su primer periodo. Eso podría complicar sus aspiraciones a un segundo mandato. Y aquí viene la segunda razón para tomar en serio la fórmula vicepresidencial: es un cargo que funciona como un trampolín en la política. Muchos de los vicepresidentes han usado su cargo para formalizar su aspiración a la presidencia en un futuro. Ha pasado con George HW Bush y con Richard Nixon.
Sea quien elija Biden será, además de una fuerza política para ayudarlo a vencer este año, la renovación del Partido Demócrata, su nuevo rostro. Por eso se han barajado tantas posibilidades, como mujeres latinas o afroamericanas, con la intención de mostrarle a los votantes de estos sectores que el partido está tomando en cuenta su representación.
Luego viene una tercera razón: con cada gobierno el cargo de vicepresidente va adquiriendo un papel más activo. Dick Cheney, la fórmula de George W. Bush, se convirtió en una pieza fundamental de la política exterior de Estados Unidos desde los ataques del 11 de septiembre de 2001, y sus decisiones encaminaron a las guerras en Irak y en Afganistán. Se dice en Washington, de hecho, que era él quien manejaba los hilos de la Casa Blanca en lugar del presidente Bush.
Después vino la vicepresidencia de Biden y continuó con esa tendencia. Para los analistas políticos del país, como Christian Paz de The Atlantic, él redefinió el cargo. Biden se convirtió en una pieza fundamental para Barack Obama al tomar el papel de conciliador con el Congreso y con los republicanos que ocupaban el Capitolio, lo que le permitió al expresidente demócrata avanzar en actos legislativos trascendentales para su gobierno, como el plan de recuperación económica tras la crisis de 2008 o el programa Obamacare.
Y bueno, Mike Pence, a quien se le ha encargado la importante tarea de liderar el equipo de estrategias contra la pandemia, también ha tenido una importante actividad política. No tanto con el manejo de la crisis por el coronavirus, pero sí en otros campos como el debate por el aborto y el debate por las armas en el país, así como participación en diálogos en el exterior.
Biden ya sabe cómo funciona el gobierno, por lo que está buscando un funcionario, o mejor, una funcionara -pues optó por elegir a una mujer- que siga sus pasos como vicepresidente, siendo políticamente activa, pero sin eclipsarlo. Y aquí también entra en juego la cuarta razón sobre por qué prestarle atención a la fórmula de Biden: el valor electoral.
La fórmula de Biden se convirtió en uno de los grandes debates en el país después de que, con la salida de Bernie Sanders de la carrera, su victoria en la contienda por la nominación del Partido Demócrata estuviera prácticamente sellada.
Se han barajado muchas opciones: Michelle Obama, exprimera dama de Estados Unidos, Elizabeth Warren, candidata a la presidencia originaria de Massachussets, o Susan Rice, exembajadora de Estados Unidos ante la ONU y exasesora de Seguridad Nacional durante el gobierno Obama. Pero ninguna de ellas le otorga a Biden algo que realmente necesita: una ventaja electoral.
En cada proceso electoral predomina la misma idea: la fórmula vicepresidencial puede entregarle al candidato a la presidencia los votos de su estado. Obama y Rice, en este caso, no tienen mucho que aportar, pues no cuentan con experiencia política y una base de votantes. Warren, en cambio, sí la tiene. El problema es que su base de votantes está en Massachusetts, y ese no es un estado en el que Biden necesite mucha ayuda. Los estados en los que el candidato demócrata necesita fijarse son Arizona, Wisconsin, Michigan, Pensilvania y Ohio.
Por esta razón la lista de precandidatas para acompañar a Biden se ha visto cada vez más reducida. Entre las más nombradas en las últimas semanas está Tammy Baldwin, senadora por dos períodos por el estado de Wisconsin, abiertamente gay y con buenas credenciales por su trabajo en el Congreso, quien podría ayudarle a Biden en este estado clave; Gretchen Whitmer: gobernadora de Michigan que cada vez gana más popularidad en su estado y a quien Biden ha llamado “una de las personas más talentosas del país”; Janet Napolitano, exgobernadora de Arizona con experiencia en seguridad nacional, pero un poco desconocida por fuera de su estado.
En resumen, quien sea que elija Biden será importante ahora en campaña por la fuerza que pueda otorgarle al candidato, pero podemos esperar que esa importancia se multiplique si la fórmula vence. La mujer que lo acompañe será el reflejo de lo que el partido quiere para su futuro: será la renovación y, de convertirse en la primera vicepresidenta en la historia del país, podemos esperar que tenga una agenda extensa y un papel muy activo en Washington.